#juventudperdida

La generación del rock

La generación del rock, la que ahora ronda los 60 años, guarda como paradigma de felicidad a la adolescencia, la edad de la rebelión. Nuestra generación, que ahora tiene 30 y que creció con padres más blandos, no añora la angustiante rebelión, sino la cómoda infancia.

El paradigma de felicidad es el niño que juega. La prueba está en las marcas que apuntan a sus conceptos, aún cuando le hablan a adultos, al ocio, la alegría y la despreocupada felicidad. La comida, las agencias de viajes, la tecnología, todo está pintado como si fuera un pelotero de McDonald’s. Incluso las tapas de los libros están diseñadas con colores brillantes y alto contraste que atraen humanos-niños. Nuestra última contienda política se dirimió entre amarillo chillón y naranja también chillón.

Todas las generaciones anteriores tenían como paradigma a la adultez, la edad de la potencia, la acción y el ejercicio del poder. Nuestro paradigma es de diversión, juego y el tiempo libre. Soñamos con vivir en un parque de diversiones para adultos. Nuestro ideal de sabio es una criatura que no puede valerse por sí misma, ni proveer para nadie. Añoramos la dependencia, la comodidad y el egoísmo de la infancia. Nuestro más profundo deseo es convertirnos en mascotas.

Esto explica la crisis de natalidad de las clases medias y altas. Los humanos-niños no pueden, ni quieren, criar a otros niños. Y si por alguna razón se reproducen, entran en crisis, porque su lugar y su tiempo de recreación infantil se ve amenazado. En el Día del Niño celebran a su niño interior o al niño que fueron. Los humanos-infantes no pueden enfrentar el sacrificio de cuidar a otros humanos. Ser padres los transforma, o los destruye.

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Juan Sklar
@juansklar
Autor del Libro: "Los catorce cuadernos" y Director del taller literario: "El Cuaderno Azul". Ha sido Guionista en Televisión Pública Argentina, TELEFE OFICIAL y Pol-ka Producciones. Ha estudiado en Facultad de Filosofía y Letras (U.B.A). Vive en Buenos Aires.