Influencia del amor en nuestro comportamiento

Dice la sabiduría popular que cuando alguien se ha enamorado se ve más lindo, más alegre, más distendido, con un brillo especial en los ojos.

En realidad, eso no es más que una parte de la inmensa revolución de felicidad que tenemos por dentro. Nos sentimos distintos, cambia nuestra mirada hacia todo y hacia todos, lo que sucede a diario ya no tiene peso, todo se ha vuelto sutil y liviano.

Pero eso que sentimos y manifestamos y los demás ven, ¿es real o solamente es una ilusión personal que se contagia a nuestro entorno? Los científicos se adentraron en esto para explicar que en realidad el amor es, biológicamente, una explosión de sustancias químicas. Sí, así como se lee: “química” que se produce a partir de nuestro cerebro y se esparce por todo el cuerpo, rejuveneciendo la piel, mejorando el estrés y hasta evitando enfermedades.  

Cuando vemos a alguien que nos atrae físicamente, esa imagen que va hacia el cerebro, dispara luego las denominadas hormonas sexuales: en el hombre la testosterona y en la mujer, los estrógenos. También se pueden mencionar a las feromonas, sustancias de  atracción que se liberan para atraer a individuos de una misma especie, aunque todavía se encuentra en discusión con respecto al ser humano (http://www.salud180.com/sexualidad/feromonas-humanasmito-o-realidad).

Una vez que se ha conocido a esa persona comienzan a manifestarse sustancias conocidas como monoaminas que son neurotransmisores que provocan la pérdida de apetito, los cambios de humor, el insomnio, entre otras manifestaciones. Inclusive la metafórica descripción de “mariposas en el estómago” es en realidad un grupo de biomoléculas que viajan a kilómetros por hora por el organismo.

Entre esas monoaminas se encuentran la dopamina que actúa sobre el sistema nervioso simpático, produciendo placer. La norepinefrina encargada de que el corazón lata más rápido y aumente la circulación sanguínea. La vasopresina que es un estimulante que hace que se piense constantemente en la pareja, en sus besos, abrazos, rostro, olor. Y la que se denomina la “droga del amor”: la oxitocina que se encarga de alterar la presión arterial y de provocar placer cuando se está cerca del ser amada o cuando se practican relaciones sexuales.

Segregada por la glándula pituitaria, la oxitocina es recibida por las neuronas en muchas partes del cerebro y de la médula espinal provocando empatía y aumento de confianza. Esta hormona es fundamental también en la relación amorosa entre madres y sus hijos.

Porque cuando se habla de amor, no solamente hay que circunscribirlo a la relación de pareja, hay amor entre padres e hijos, entre hermanos, con los animales, las plantas y la naturaleza toda. ¿O no es amor cuidar de una planta o de un animal? ¿O no es amor salvar una vida sin importar si tiene dos pies, dos patas o ninguna?

 

Es por eso que si bien existe desde el punto de vista biológico una “química del amor”, existe más allá de eso, una fuerza que la hace posible. Una fuerza denominada “Amor Incondicional” que parte de reconocer que cada ser es único, pero todos somos una chispa de la Conciencia Infinita, como dicen los indios hopi (http://www.lamagiadelasrelaciones.com/amor-incondicional/)

Y es cuando permitimos que ese Amor Incondicional fluya realmente a través de nosotr@s cuando no hay religión, raza, color, ideas, costumbres que nos separen, sino que se puede ver en el otr@ el reflejo de lo que cada uno de nosotr@s Realmente Es.

Fuente: María Hernández maria@diccionarioactual.com 

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