Felicidad = Dinero

Todos los seres humanos queremos ser felices, es normal. Prácticamente tenemos todo lo necesario para serlo, nuestras necesidades primarias están cubiertas y disponemos, en muchos casos, de más de lo que necesitamos para vivir. ¡Si!, que podríamos tener más salud, o más dinero, otro trabajo, una pareja… Pero se sincero, si tuvieras eso que deseas ¿serías totalmente feliz?, ¿cuánto te duraría esa felicidad? Por favor no te engañes.

¨Queriendo escapar de él, nos hundimos en el sufrimiento; aspiramos a la felicidad, pero, por ignorancia, la destruimos como si fuera nuestro enemigo¨ Shantideva

Está época que nos ha tocado vivir ha permitido que tengamos mayores comodidades, nuevas tecnologías, más servicios sociales y trabajos menos duros. En esta sociedad de “bienestar” y progreso que tanto ha avanzado todo parece estar al alcance de nuestra mano, todo menos una cosa, la más importante: La felicidad. ¿No crees que algo falla?

Los estudios demuestran que el ser humano padece más problemas psicológicos que hace años, cuando la vida era mucho más dura y, quizá, había más motivos para padecerlos. Ansiedad, depresión, ideas suicidas, problemas de alimentación y adicciones son palpables a nuestro alrededor. La debilidad psicológica es una característica de nuestros días.

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Malena Pichot
@malepichot
La Jabru NO me Deja #@!

Uno de los flagelos del parri-pollo del humor en el que se ha convertido el stand up nacional es la categoría “mi señora”: un ser abominable que solo existe en el mundo para molestar al agotado hombre del hogar. Es una constante en el género la desesperación de los comediantes ante lo reclamos de una esposa insatisfecha, presentada como una carcelaria de la que no se puede escapar. Quizás tenga que ver con mi edad, con el hecho de que no creo en el matrimonio ni en la convivencia, pero, sinceramente, la problemática “mi señora me molesta” tiene muy poco de problemática, dado que la solución es bastante simple: separarse. Esto no estaría siendo una opción entre nuestros comediantes, que parecieran desenvolverse en 1950, cuando hacer material de la vida conyugal y quejarse de sus esposas seguramente era de lo más corrosivo y arriesgado. No es mi intención plantear una apología de la separación, muy por el contrario, lo que planteo es una renovación en el imaginario del matrimonio, ese imaginario que fue construido sobre la base de un hombre agotado y una mujer que lo interpela constantemente para hacerle la vida más difícil.

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