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Malena Pichot
@malepichot
Minita

Hace poco una revista online de poco alcance, básicamente dirigida a un grupo selecto de relegados de Puán y derivados, publicó una nota sobre mí en la que se me condena por ser “muy minita” y por diseminar un discurso, que a pesar de tener pretensiones feministas, dista de serlo, en principio, por perpetrar los estereotipos femeninos de siempre. Parecería en vano explicarle a un grupo de solemnes, que creen que formar una oración sintácticamente elegante es muy importante y especial, que el humor se basa en generalizaciones y estereotipos y que en todas las parodias de lo femenino de La Loca de Mierda, Cualca, Jorge o Por Ahora, está claro que no pretendo demostrar que he superado los lugares comunes, sino que soy víctima orgullosa de ellos.

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"C. G. Jung", por Herbert Read (Quinta Parte)

Hacia el final del último párrafo de la entrega anterior (Cuarta Parte) de este extenso ensayo de Herbert Read sobre Jung (que tenemos el privilegio de transcribir para los calificados lectores de "Salud y Psicología"), nos es dado leer que el individuo ha depuesto su poder de decidir, su responsabilidad social y que se halla -la imagen es terrorífica- como un remache ("¡ni tan siquiera como un diente de rueda!") en un mecanismo cuyos movimientos y cuya dirección no tiene el poder de controlar. Lo que mueve la maquinaria (a falta de seres humanos excepcionales, talentosos y sabios, que pudiesen "gobernar la nave") es una fuerza demoníaca que procede directamente del inconsciente colectivo. No existe otra hipótesis que pueda explicar el empleo demencial contra la propia humanidad de las atroces armas de destrucción masiva que -ya se alarmaba Read en aquellos lejanos días de hace más de medio siglo- hoy están en poder de los seis u ocho Estados mundiales más poderosos. No ignora el lector sagaz que dicha carrera armamentística jamás halló solución de continuidad y que, lejos de eso, que hasta puede parecer una esperanza ingenua, la sofisticación y el poder de daño de los nuevos artilugios bélicos roza tal perfección que, se diría, nacidos de la mente infinitamente proterva de una divinidad hostil o loca. Seguimos:

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