Del inconveniente de haber nacido

A continuación voy a compartir algunos de los aforismos más interesantes de la obra: Del inconveniente de haber nacido

Tres de la mañana. Percibo este segundo, después este otro; hago el balance de cada minuto. ¿A qué viene todo esto? A que he nacido. De cierto tipo de vigilias viene la inculpación del nacimiento.

«Desde que estoy en el mundo», ese desde me parece cargado de un significado tan espantoso, que se torna insoportable.

esa suma sabiduría según la cual es la misma cosa cometer o no cometer un acto, implicando, al mismo tiempo, una satisfacción también extrema: la de poder repetirse en cada momento que nada de cuanto se haga merece la pena, que nada está realzado por ningún signo sustancial, que la «realidad» se inscribe en el dominio de la insensatez. Un conocimiento de esa clase merecería ser llamado póstumo.

No corremos hacia la muerte; huimos de la catástrofe del nacimiento. El mal, el verdadero mal, está detrás, y no delante de nosotros.

Y antes que la vejez y que la muerte, sitúa el nacimiento,fuente de todas las desgracias y de todos los desastres.

No hago nada, es cierto. Pero veo pasar las horas —lo cual vale más que tratar de llenarlas.

La imposibilidad de encontrar un solo pueblo, una sola tribu donde el nacimiento provoque duelo y lamentación, prueba hasta qué punto la Humanidad se encuentra en estado de regresión.

Se que mi nacimiento es una casualidad, un accidente risible, y, no obstante, apenas me descuido me comporta como si se tratara de un acontecimiento capital, indispensable para la marcha y el equilibrio del mundo.

Haber cometido todos los crímenes: salvo el de ser padre.

Cuando se percibe el fin en los comienzos, se va más aprisa que el tiempo. La iluminación, decepción fulgurante, otorga una certeza que transforma al desengañado en liberado.

Mi facultad de decepción sobrepasa el entendimiento. Ella es quien me hace comprender a Buda, pero también es ella quien me impide seguirlo.

Si algo no logra ya apiadarnos, deja de existir, de ser tomado en cuenta. Por eso nuestro pasado deja de pertenecernos tan pronto se convierte en historia, en algo que no interesa ya a nadie.

Aspirar, en lo más profundo de uno mismo, a estar tan desposeído, a ser tan lamentable como Dios.

El verdadero contacto entre los seres sólo se establece en la presencia muda, en la aparente no–comunicación, en el intercambio misterioso y sin palabras que se asemeja a la plegaria interior.

A diferencia de Job, no maldije el día de mi nacimiento; a todos los otros días, en cambio, los he cubierto de anatemas.

Todo es; nada es. Una y otra fórmula aportan igual serenidad. El ansioso, para su desgracia, se queda entre las dos, tembloroso y perplejo, siempre a merced de un matiz, incapaz de establecerse en la seguridad del ser o de la ausencia de ser.

Estar vivo.; de pronto me sorprende lo extraño de esta expresión, si no estuviera referida a nadie.

La única, la verdadera mala suerte: nacer. Se remonta a la agresividad, al principio de expansión y de rabia aposentado en los orígenes, en el impulso hacia lo peor. No es de extrañar que todo ser venido al
mundo sea un maldito.

Me atrae la filosofía hindú cuyo propósito esencial es el de superar el yo: todo lo que hago y todo lo que pienso es únicamente yo y desgracias del yo.

En este momento, me siento mal. Este acontecimiento, crucial para mí, es inexistente, inconcebible para el resto de los seres, de todos los seres. Salvo para Dios, si es que esa palabra tiene algún sentido.

La lucidez es el único vicio que hace al hombre libre: libre en un desierto.

Es imposible aceptar ser juzgado por alguien que ha sufrido menos que nosotros. Y como cada cual se cree un Job desconocido...

La salud es un bien, cierto; pero a los que la poseen les ha sido negada la suerte de saberlo, pues una salud consciente de sí misma es una salud en peligro. Y como nadie goza con su carencia de enfermedades,
se puede decir sin exageración que los sanos tienen un justo castigo.

Nuestros pensamientos, a sueldo de nuestro pánico, se orientan hacia el futuro, siguen el camino del temor, desembocan en la muerte. Dirigirlos hacia su nacimiento y obligarlos a permanecer allí, es invertir su curso y hacerlos retroceder. De ese modo pierden el vigor, la desapacible tensión que yace en el fondo del horror a la muerte, y que les sirve a nuestros pensamientos para dilatarse, enriquecerse, fortalecerse.

Y así se comprende que, al recorrer el camino a la inversa, llegan tan empobrecidos, tan cansados a su frontera primitiva, que ya no les queda ninguna energía para mirar más allá, hacia lo nunca–nato.

Cuando pienso en tantos amigos que ya no existen, siento lástima por ellos. Sin embargo, no resultan tan dignos de compasión, pues han resuelto todos sus problemas, empezando por el de la muerte.

 

EMIL MICHEL CIORAN "Del Inconveniente de haber nacido"

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