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Del Masoquismo Moral en la Bulimia

El superyó es un trabajo posterior sobre la renuncia pulsional, impuesta como Ley de la estructura por el programa de la Civilización. El superyó promueve la elevación de la renuncia pulsional a una modalidad particular de goce. Hace de la renuncia, un goce, de la renuncia a gozar una forma de goce. Esta es la esencia moral del masoquismo.

Obedecer la ley a tal punto de identificarse a la ley y gozar de esta identificación. Es un investimento libidinoso paradójico de la defensa misma, por el cual defenderse de la pulsión es en realidad un modo de gozar pulsionalmente. Existe un refuerzo superyoico cada vez que se retroalimenta por medio de la renuncia una necesidad misma de renuncia como productora de goce.

Se obtura la falta, el objeto queda reciclado, asimilado al interior de este círculo vicioso que pulsiona a la renuncia pulsional. El terror es que una falta pueda abrirse paso en el circuito, que algo valga como objeto perdido, como causa de deseo.

En el caso de la bulimia tenemos el puro imperativo de goce, en donde el objeto perdido (a) está encarnado imaginariamente en el objeto-comida, que se convierte para el sujeto en el objeto causa del deseo. Es una estrategia desesperada de hacer coincidir el objeto con la Cosa. Se anula la falta.

Las dos caras del superyó:

El imperativo del deber y el imperativo del goce. Deber-gozar y gozar del deber como dos caras de la misma moneda. En el superyó no hay dialéctica; porque el encuentro, la unión entre el deseo y la ley, cuyo producto es el ideal del yo, es un fracaso. Nos encontramos frente a un voluntarismo ciego, sin sujeto, una ley que anula el deseo o un goce sin reglas. La voluntad anoréxica (superyó moral: ley sin deseo) y la voluntad bulímica (superyó del goce sin ley) separan el deseo de la ley. Desunen lo que la función paterna coordina y une. Esta desunión es un aspecto particular del masoquismo moral. El sufrimiento como meta pulsional.

Freud marca 2 tiempos: el primero es el tiempo del Edipo que promueve la constitución de la Ley, ofrece un principio al deseo. Esta función normativa de la ley, resultado de la dialéctica edipica, desexualiza la realidad. La desexualizacion de la realidad es la condición para que la realidad misma pueda constituirse. El principio de realidad subordina al principio de placer, lo reemplaza e impone una sustracción de goce, una desexualizacion. En las psicosis la realidad resta completamente sexualizada bajo el imperio del principio de placer, bajo la alucinación. A merced del goce, pleno de goce.

El segundo tiempo es a partir del superyó operar una resexualizacion de la Ley. Hacer de la identificación a la ley, una forma de goce. El goce se obtiene por la expiación de una sensación de culpa inconsciente. Eso hace de la renuncia al deseo, un lugar de goce. Gozar de la renuncia de gozar, gozar de la inflexibilidad de la ley, gozar del ser uno con la ley. Es un círculo vicioso.

El objeto comida viene elevado a la dignidad de la Cosa. Metáfora minimalista porque el objeto no sustituye, en realidad, a la Cosa, sino que tiende a encarnarla. La Cosa es el objeto según un falso principio de reversibilidad por el cual el objeto deviene la Cosa. Y el objeto es identificado al yo. Tener, entonces, el objeto de reserva en la despensa es un modo de negar su carácter estructuralmente perdido. Esto es opuesto al trabajo del duelo, que busca inscribir la pérdida.

El sujeto melancólico opera una confusión entre el objeto y la Cosa porqué repele la acción significante, porque rechaza la perdida de goce que en el tratamiento significante introduce en el sujeto. El empuje a la cosa indica la naturaleza extra fálica (no marcada por la castración) del goce en sujeto melancólico.

En la posición anoréxica el sujeto se identifica a la Cosa, perdida por estructura, y encarna al pie de la letra la muerte, deviniendo momia, icono espectral del objeto perdido. En la bulimia se trata de reencontrar la Cosa del goce a través de la destrucción del objeto, la bulímica rechaza la perdida de la Cosa para buscarla maniacamente en los despojos del objeto. Busca en el objeto, de consumo, la huella, siempre perdida, de la Cosa. Por eso cae en la depresión, porque no encuentra la Cosa sino solo una satisfacción aleatoria, efímera, imaginaria.

El fantasma de la propia muerte es el fantasma fundamental con que el niño entra en relación con el enigma del deseo del Otro. Propone al deseo paterno la propia perdida, usa el fantasma de la propia muerte en su relación con el amor de los padres. Pone en riesgo su propio ser para excavar un hueco en el Otro.

Parrafos seleccionados del libro de Recalcati, M., La última cena: Anorexia y Bulimia. Ediciones del Cifrado, Bs. As. 2004.

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Lic. Massimo Recalcati
Trabaja en Milán como psicoanalista y es miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, atesorando el Título AME. Fundador de JONAS (Centro de Investigación Psicoanalítica sobre los Nuevos Síntomas). Da clases en la Universidad de Bérgamo y en el Instituto Freudiano de Milán.