Retraso Mental

Párrafos seleccionados de: Kaplan & Sadock: Sinopsis de psiquiatría / Cap 37 (Retraso mental) / Editorial Pamericana / Introducción

En el DSM-IV se define el retraso mental como “un funcionamiento intelectual general significativamente por debajo de la media” que se acompaña de “limitaciones significativas en el funcionamiento adaptativo”, con un inicio antes de los 18 años.

El deterioro funcional tiene que acompañar al funcionamiento intelectual, que se mide con una escala de inteligencia estandarizada, con un CI de alrededor de 70; pero se deben tener en cuenta también factores ambientales, físicos y otros que influyen tanto en el funcionamiento adaptativo como intelectual.

El DSM-IV contempla 4 grados graves: leve, moderado, grave y profundo. El retraso mental se caracteriza por la combinación de un funcionamiento intelectual por debajo del término medio así como una alteración en las habilidades adaptativas que se manifiestan antes de los 18 años.

El diagnostico se establece independientemente de si la persona tiene una enfermedad física concurrente u otro trastorno mental.

Aproximadamente, el 85% de las personas que sufren un retraso mental se encuentran dentro de la categoría leve (CI entre 50 y 70).

Según la CIE-10, el retraso mental es una condición del “desarrollo detenido o incompleto de la mente” caracterizado por la alteración en el desarrollo de las habilidades que “contribuyen al nivel total de inteligencia”. Así, se ven afectadas las capacidades lingüísticas, motoras, sociales y cognoscitivas. La CIE-10 especifica que el retraso mental no tiene por que asociarse a otras enfermedades mentales o físicas pero que la prevalencia de las mismas es 3 a 4 veces superior en personas retrasadas que en la población general.

El comportamiento adaptativo esta casi siempre alterado en personas con retraso mental, pero puede no resultar evidente en “ambientes sociales protegidos”. La CIE-10 ofrece categorías para especificar la extensión de la alteración de la conducta: ninguna o mínima; significativa, que requiere tratamiento o atención; otras alteraciones; no se mencionan otras alteraciones.

Para el diagnostico definitivo de retraso mental, la CIE-10 estipula “un nivel reducido de funcionamiento intelectual que resulte en una menor capacidad para adaptarse a las demandas diarias del entorno social normal”. La capacidad global, no las alteraciones especificas, debería ser la base del diagnostico. “Sin el uso de procedimientos estandarizados, el diagnostico debe ser considerado provisional”.

Las personas levemente retrasadas, según la CIE-10, adquieren el lenguaje un poco más tarde pero hablan lo suficientemente bien como para manejarse en la vida. La mayoría son capaces de cuidar de sí mismos aunque sus habilidades pueden desarrollarse a un ritmo más lento. Sus discapacidades se hacen más evidentes cuando aprenden a leer y escribir, pero pueden aprender lo básico y ser capaces de ganarse la vida.

Las personas con un retraso mental moderado pueden llegar a conseguir poco a poco un lenguaje limitado y tienen problemas en el cuidado de sí mismos. Algunos aprenden las habilidades escolares básicas, hacen trabajos simples y se comprometen en actividades sociales, pero probablemente solo logran el desarrollo máximo de sus capacidades en un ambiente estructurado y supervisado. Para la mayoría de estas personas con un retraso moderado existe una etiología orgánica.

El retraso mental grave, según la CIE-10, se asemeja, tanto en el cuadro clínico como en las causas orgánicas, al de grado moderado. La no aparición del lenguaje o un lenguaje muy limitado, así como discapacidades motoras marcadas u otras alteraciones, indican un daño o desarrollo alterado del sistema nervioso central. Los que presentan un retraso mental profundo están intensamente limitados en las destrezas cognoscitivas, inmóviles o con una movilidad muy restringida, incontinentes e incapaces de cuidar de sí mismo en las necesidades más básicas. De nuevo, las causas biológicas suelen estar presentes.

NOMENCLATURA

El DSM-IV especifica que el diagnostico de retraso mental solo puede hacerse cuando ambas medidas, la del CI con un test estandarizado y con un resultado por debajo de la media, y la del funcionamiento adaptativo revelan deficiencias al menos en 2 de las siguientes áreas: comunicación, autocuidado, vida en el hogar familiar, socialización, recursos comunitarios, autodirección, habilidades académicas funcionales, satisfacción laboral, salud y seguridad. El diagnostico de retraso mental se codifica en el Eje II del DSM-IV.

CLASIFICACIÓN

Criterios diagnósticos DSM-IV para el retraso mental:

A. Capacidad intelectual significativamente inferior al promedio: un CI aproximadamente de 70 o inferior en un test de CI administrado individualmente (en el caso de niños pequeños, un juicio clínico de capacidad intelectual significativamente inferior al promedio).

B. Déficit o alteraciones de ocurrencia en la actividad adaptativa actual (eficacia de la persona para satisfacer las exigencias planteadas para su edad y su grupo cultural), en por lo menos dos de las áreas siguientes: comunicación personal, vida doméstica, habilidades sociales-interpersonales, utilización de recursos comunitarios, autocontrol, habilidades académicas funcionales, trabajo, ocio, salud y seguridad.

C. El inicio es anterior a los 18 años.

Código basado en la gravedad correspondiente al nivel de afectación intelectual.

Retraso mental leve: CI entre 50-55 y aproximadamente 70.

Retraso mental moderado: CI entre 35-40 y 50-55.

Retraso mental grave: CI entre 20-25 y 35-40.

Retraso mental profundo: CI inferior a 20-25.

Retraso mental de gravedad no especificada: cuando existe clara presunción de retraso mental, pero la inteligencia del sujeto no puede ser evaluada mediante los test usuales. Esta categoría no debería utilizarse cuando se presume que el nivel intelectual está por encima de 70.

DIAGNÓSTICO

El diagnostico en sí no específica la etiología ni el pronóstico. La historia y la entrevista psiquiátrica son útiles para obtener una visión longitudinal del desarrollo y funcionamiento del niño; y la exploración de los signos físicos y las anomalías neurológicas, así como las pruebas de laboratorio, pueden facilitar el establecimiento de la causa y el pronóstico.

Historia: En la mayoría de los casos, la historia se recoge de los padres o cuidadores, con particular atención a la gestación, parto y expulsión; a la presencia de una historia familiar de retraso mental; consanguineidad de los padres; y trastornos hereditarios. Como parte de la historia, el profesional evalua la procedencia sociocultural de los padres, el clima emocional del hogar y el funcionamiento intelectual de los padres.

Entrevista psiquiátrica: las capacidades verbales del paciente, incluido el lenguaje receptivo y expresivo, deben ser evaluadas tan pronto como sea posible mediante la observación de la comunicación verbal y no verbal entre los cuidadores y el paciente y al recoger la historia. Se debe determinar el grado de control del paciente sobre su motilidad, y evaluar si existe evidencia clínica de distraibilidad y distorsiones en la percepción y memoria. Se deben valorar también la naturaleza y madurez de los mecanismos de defensa. También se debe evaluar el potencial de sublimación, la tolerancia a la frustración y el control de impulsos.

En general, el examen psiquiátrico de una persona retrasada debería revelar cómo ha ido enfrentándose a los diferentes estadios del desarrollo. Respecto a los fracasos o la regresión, el clínico puede determinar un perfil de personalidad que permita un planteamiento lógico del manejo y enfoque terapéutico.

EPIDEMIOLOGÍA

La incidencia más alta se recoge en los niños en edad escolar, con picos en las edades de 10 a 14. El retraso mental es casi el doble de frecuente en varones que en mujeres. En personas mayores, la prevalencia es menor; aquellas con retraso mental grave o profundo tienen tasas de mortalidad más altas debido a las complicaciones de las enfermedades físicas asociadas.

ETIOLOGÍA

Entre los factores causales del retraso mental se incluyen los genéticos (cromosómicos y hereditarios), la exposición prenatal a infecciones y toxinas, el trauma perinatal (como la prematuridad), las patologías adquiridas y los factores socioculturales. Cuanto más grave es el retraso mental, más probable es que la causa sea evidente.

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