Neurobiología del Psicópata (IV parte)

Semiología Psiquiátrica y Psicopatía. NEUROBIOLOGÍA DEL PSICÓPATA - Dr. Eduardo A. Mata

Pacientes con altos niveles de MAO plaquetaria tenían una habilidad pareja en las pruebas con ambas manos, situación que, con niveles menores de rendimiento, se ha encontrado también en pacientes con esquizofrenia de alta incidencia genética, en los cuales se encuentra también altos niveles de 5-HIAA. En este trabajo, el resultado más interesante fue la relación negativa encontrada entre la actividad MAO plaquetaria y la cantidad de fracasos en las inhibiciones en el tiempo de reacción ante tareas que tenían señales auditivas para la inhibición de la respuesta. Esto puede interpretarse como una preferencia por la velocidad en relación con la exactitud. También puede ser visto como un índice de la desinhibición motora, comparable al paradigma de la evitación pasiva en investigaciones animales, en la que la depleción serotoninérgica está asociada con una capacidad reducida de refrenar respuestas que han sido previamente castigadas. En investigaciones anteriores efectuadas sobre seres humanos se ha visto que la impulsividad y la psicopatía han estado relacionadas con resultados parecidos en tareas similares. Como ya ha sido señalado, el aprendizaje de la evitación pasiva está deteriorado en los psicópatas y en los extravertidos, quienes tienen, por supuesto, baja actividad MAO. Esto lo vincula con una baja actividad frontal inhibitoria, lo cual apoya la hipótesis que la actividad plaquetaria MAO puede ser un marcador de la actividad ST central. Parecidos déficits de rendimiento se pueden observar en animales con depleción de ST, lo cual vincularía la baja MAO plaquetaria con baja actividad ST central.

Los humanos con baja MAO suelen involucrarse en comportamientos antisociales y consumo de drogas. La MAO parece ser un factor importante tanto en la dimensión E como en la P, cosa que también ocurre con la testosterona. Aunque hay poca evidencia que relacione la MAO con la dimensión N, hay alguna evidencia de una relación positiva con la ansiedad en los pacientes. La alta heredabilidad de la enzima, y sus correlaciones comportamentales en los primeros días de vida sugieren su importancia en la psicobiología de la personalidad. La razón de su importancia en por lo menos dos dimensiones de la personalidad no está clara. Como se señaló más arriba, algunos investigadores sugieren que la MAO es un indicador positivo de la actividad ST. Otros han puntualizado que su importancia alcanza a los tres principales sistemas de NT, aunque la MAO B parece estar involucrada en el sistema DA. Los bajos niveles de MAO no necesariamente aumentan o disminuyen la actividad de cualquiera de esos sistemas, aunque los desregularía. Si uno de los sistemas monoaminérgicos (MA) está ya activado, y si hay baja MAO para degradarlo, y si hay hiperrespuesta en los receptores, entonces es probable que todo el sistema hiperresponda.

Veamos el papel de la enzima dopamina-b-hidroxilasa (DBH). En la neurona DA, la conversión bioquímica de tirosina a L-dopa a dopamina se detiene con la producción de esta última. Pero en la neurona noradrenérgica, la enzima DBH convierte la DA en NA, en el interior de la vesícula sináptica. Las concentraciones de DBH en el plasma y en LCR correlacionan fuertemente, lo que sugiere que ya sea la DBH plaquetaria como la del LCR tienen una fuente común -como la DBH cerebral- o, más probablemente, que los sistemas NA periféricos y centrales están coordinados. En los procesos neuronales, la DBH ha sido utilizada como un marcador inmunohistoquímico en las neuronas noradrenérgicas de la corteza adrenal y en el hipotálamo de monos rhesus. La DBH sérica tiene propiedades que la hacen un posible marcador biológico de los efectos sobre el sistema noradrenérgico del abuso o maltrato infantil temprano (54b). En primer lugar, la actividad de la DBH sérica aumenta especialmente en los dos o tres primeros años de la vida, con un descenso de ese incremento después de los seis años. En segundo lugar, los estudios en animales de experimentación y en humanos, han mostrado disociación entre la DBH plasmática y los cambios catecolaminérgicos. Por lo tanto, mientras parece no ser útil como índice de la respuesta simpática a estressores agudos, sí puede serlo a los que actúan a lo largo de lapsos prolongados. En tercer lugar, considerando que tanto los sistemas noradrenérgicos como de los glucocorticoides son respondientes al stress, su interacción parece involucrar alteraciones en la actividad DBH.

Galvin y col. habían propuesto que el maltrato infantil en etapas evolutivas críticas ponía al sistema NA en condiciones iniciales de sobreestimulación, posiblemente con una elevación inicial de su enzima limitante, seguida después por represión de la misma actividad enzimática reflejada periféricamente por un descenso de la actividad DBH.

Estudios ya antiguos encontraron correlaciones negativas significativas entre la búsqueda de sensaciones y la DBH plasmática, aunque estudios recientes no han apoyado estos hallazgos. Bajos niveles de DBH deberían conducir a la predicción de bajos niveles de NA, y Ballenger y col. encontraron una correlación negativa substancial entre la NA en el LCR y la búsqueda de sensaciones.

A pesar de las inciertas relaciones entre DBH y búsqueda de sensaciones, se han encontrado bajos niveles de DBH con alteraciones en la inhibición de impulsos, por ejemplo, alcohólicos y niños con conducta no socializada y en los pacientes borderlines.

Varios trabajos de Matthew Galvin y col.(9,10,11) han asociado el maltrato temprano infantil con varias secuelas ulteriores (cogniciones sociales, regulación afectiva, apego, los sistemas del self, y las relaciones con los pares), habiendo sido también implicado en la patogenia de los trastornos severos de conducta. Se dice de estos niños que "no tienen conciencia", pero la conciencia en todo caso es un complejo constructo enraizado en la psicobiología.

Se sabe que la conciencia del sentido de pertenencia o la necesidad moral derivada del interjuego entre las diferencias biológicas individuales y las experiencias evolutivas tienen que ver con el apego, las cogniciones, las emociones y la autonomía. La conceptualización de la conciencia mide el grado de inclusividad y abstracción que una persona utiliza cuando provee una definción personal de la conciencia. Investigaciones llevadas a cabo con niños y adolescentes normales de edades entre los 5 y los 17 años, han permitido identificar cinco etapas en este proceso de conceptualización, a las que se ha denominado de acuerdo a sus características más salientes: la conciencia externa (que va desde el nacimiento hasta los 6 años); la conciencia cerebral o del corazón (desde los 7 a los 11), la conciencia personificada (entre los 12 y 13 años), la conciencia confusa (entre 14 y 15) y la conciencia integrada (entre los 16 y 17). Hay etapas de transición en otros terrenos que están también vinculadas a la conceptualización de la conciencia. La moralización del apego mide las transiciones evolutivas de las respuestas de los más jóvenes a las demandas y prohibiciones parentales basadas en cómo éstos vinculan los sentimientos de seguridad, empatía y pertenencia a las relaciones del hijo con el padre o con otras figuras de autoridad. La responsividad moral-emocional mide las transiciones evolutivas de la manera en que el niño usa: a) la ansiedad y el humor para regular la conducta moral; y b) los procesos de reparación y de manejo de situaciones de errores y equivocaciones para recuperar los estados fisiológicos que se experimentan normalmente cuando uno se siente una buena persona. La evaluación moral mide los cambios evolutivos en la manera como un niño justifica la adhesión o no a reglas de conciencia basadas tanto en el razonamiento como en las defensas psicológicas. Este último campo se subdivide en tres sectores, centrado en las formas en que el niño clasifica las reglas de conciencia según estén fundamentadas en derivadas de la autoridad, derivadas de sí mismo, o derivadas de los pares.

Por último, el campo de la volición moral actualmente bajo análisis, mide las transiciones evolutivas de las maneras como el niño usa su sentido de autonomía al responder y al redefinir reglas de conciencia.

Se supone que la NA juega un papel importante en la modulación del comportamiento y en la internalización de valores. Por lo tanto, los marcadores biológicos de alteraciones en un sistema noradrenérgico en desarrollo pueden resultar de interés, desde el momento que los niños maltratados persistentemente en edades tempranas pueden resultar afectados en las raíces psicobiológicas de la conciencia. Existen estudios respecto de las interacciones de los dos sistemas principales de respuesta al stress, como son los glucocorticoides y la NA, que han correlacionado la DBH sérica baja-recordemos que es la enzima involucrada en el paso de DA a NA-con el trastorno de conducta disocial y con el maltrato persistente en edades tempranas.

En uno de los estudios de Galvin y col.(11), ellos conjeturaron que:

a) los pacientes que habían sido maltratados antes de los 36 meses de edad tendrían menos suficiencia (más retraso evolutivo) y más interferencias psicopatológicas que aquellos que no habían sufrido experiencias de maltrato, o que de haberles ocurrido, fueron más tardías.

b) cuando se los clasificara de acuerdo a su actividad enzimática, los pacientes con menor actividad DBH tendrán menos suficiencia y más interferencias psicopatológicas que los que tenían actividad DBH más elevada.

c) en relación con los campos de conciencia considerados más arriba, los pacientes que tenían más interferencias psicopatológicas en la valoración de la autoridad y de los pares (esto es, menor respeto por los derechos de los demás en función de normas y valores apropiados a la edad) tendrán que tener más abuso, maltrato o negligencia tempranas, así como menor actividad DBH.

Los resultados demostraron que aquellos que habían sido maltratados antes de los 36 meses de edad tenían un retraso significativo en el desarrollo de la conciencia de acuerdo a las etapas evolutivas descriptas anteriormente, en comparación con los que no lo habían tenido, o lo habían experimentado sólo más tarde. El primer grupo resultaba notoriamente menos eficiente en conceptualizar su conciencia personal y en informar sobre reglas derivadas de sí mismo y de los pares, que el grupo de comparación. No eran tampoco capaces de utilizar sentimientos de ansiedad para inhibir comportamientos antisociales, ni eran capaces de hacer algún movimiento, por consiguiente, para restaurar un equilibrio interior perdido a causa de su mala conducta. No podían percibir a las figuras de apego como motivación para obtener un cambio en sus actitudes morales; tampoco se sentían motivados a obtener protección de las mismas a través de los cambios que pudieran producir para volverse personas responsables ni en ese momento ni en el futuro.

Cuando se analizaron las interferencias psicopatológicas combinadas con la evaluación de pares y autoridades, el grupo con mayores interferencias tenía también menor actividad DBH y mayor frecuencia y cantidad de abuso temprano que los que no tenían interferencias. Por otra parte, el primer grupo tenía un retraso considerable en el desarrollo de la suficiencia moral, con una estrecha relación con trastornos de conducta. Estos retrasos de desarrollo, interferencias psicopatológicas, falta de reconocimiento de los valores de la autoridad y de los pares, requieren un sistema de inhibición comportamental que es mediado por la NA.

Sin embargo, es necesario subrayar que el funcionamiento de la conciencia no depende enteramente de la inhibición comportamental. La responsividad emocional y moral requieren acción comportamental y compromiso en el proceso de reparación y de manejo de estas cuestiones, tanto como el comportamiento prosocial. Los campos de la evaluación del self y de la volición moral están relacionados con el mantenimiento de la autoestima y el desarrollo desde la autonomía hacia la acción moral. Probablemente se encontrará que estas funciones de la conciencia dependen de neuromodulaciones diferentes de aquellas que están involucradas en la inhibición comportamental. Por ejemplo, la amígdala, a la que se considera importante en aspectos del desarrollo prosocial relacionados con la responsividad empática, puede compartir con el hipocampo y otras estructuras cerebrales la vulnerabilidad a los efectos mediados por respuestas al stress intensas y prolongadas. De todas formas, sería sorprendente si las complejidades de la conciencia no fueran comparables con la de sus basamentos neurobiológicos.

Lo que Galvin y col.(10) llamaron trastorno de conducta agresivo solitario (TCAS) fue encontrado relacionado, por estos investigadores, con la actividad DBH y el maltrato infantil, aunque estas relaciones distan de ser simples. La baja DBH correlacionaba más fuertemente con la presencia del TCAS que con el maltrato infantil, y aparecía el dato interesante de que los TCAS con antecedentes de maltrato (Tipo II) tenían valores más altos de DBH que los que no habían sido maltratados. Los individuos pertenecientes a este Tipo II mostraron menor actividad DBH que los que fueron maltratados pero que no presentaban TCAS y mucho menor aún que aquellos que no tenían TCAS y no fueron maltratados. En otro estudio de Galvin (11) quedó claro que si no se especificaba la fecha del maltrato, no había correlaciones significativas entre la baja DBH y la aparición ulterior de personalidades antisociales y borderline. Pero, cuando se tenían en cuenta, se observaba la correlación si el maltrato había ocurrido antes de los 36 meses de edad. La especificación de descuido era más confiable que la del abuso.

Es presumible que el 5-10 % de los chicos normales tengan baja DBH. A pesar de ésto, las cifras muy baja de DBH en los chicos severamente perturbados pueden reflejar una influencia genética, ya que se ha observado que los padres de chicos con trastornos severos de conducta y baja DBH, también tienen bajas las cifras de la enzima. Esto ha sido vinculado, por algunos investigadores, a la predisposición de estos padres a maltratar o descuidar a sus hijos.

Si la actividad de la DBH es afectada por la experiencia y no únicamente determinada por la genética, es posible que la asociación entre su actividad y el desarrollo del TCAS refleje dos subtipos de niños que desarrollan este último trastorno; aquellos cuya baja actividad DBH es el resultado de una falla genética primaria, y los que este descenso de la actividad enzimática es condicionada por el stress del maltrato. También es posible que algunas otras influencias más poderosas que el maltrato operen para bajar la DBH en aquellos niños que desarrollan TCAS sin que haya mediado maltrato previo. Es obvio que el TCAS se corresponde con la personalidad antisocial y las características generales del ImPUss.

En este marco cabe inscribir otra de las teorías mencionadas por Howard(24), la de los "modelos de aprendizaje cognitivo-sociales". Esta línea ha sido seguida por Blackburn (1982), Marshall y Barbaree (1984) y también la encontramos en los trabajos precursores de Gough (1948) con su "teoría de la socialización". Estos aportes responden a la cuestión ¿porqué?, y ven a la psicopatía como un trastorno del pensamiento. Por lo tanto Blackburn ve a la psicopatía primaria y a la secundaria compartiendo un sesgo cognitivo común hacia las intenciones malevolentes de los otros. Marshall y Barbaree han señalado que los padres de psicópatas los han castigado duro y erráticamente, y han sido fríos y distantes tanto para sus chicos como para terceros. Por lo tanto, se constituyen en modelos para el egocentrismo calloso y el distanciamente de los otros.

Para el modelo que luego presentaremos de la psicopatía, según Howard(24), esta teoría puede ser útil en la medida en que da una respuesta al ¿porqué?, aunque no contesta ni el ¿cómo? ni el ¿cuándo? Como se ha señalado en el esquema 1, las expresiones cognitivas de los mecanismos mediadores, no deberían confundirse con estos últimos. En un enfoque cognitivo, la psicopatía puede verse en términos descriptivos pero, desde un modelo psicobiológico se necesita explicar (nivel explicativo) los mecanismos mediadores.

Sobre la base de estudios animales se ha conjeturado que una seria disrupción del apego en períodos evolutivos críticos resulta en una regulación menos eficaz del sistema NA bajo condiciones de stress.

Estudios recientes indican que hay una superposición considerable en la disfunción emocional de los trastornos de conducta en los jóvenes y los informes han demostrado que los jóvenes delincuentes padecen mayores niveles de depresión y que, por otra parte, los jóvenes depresivos tienen mayores tasas de delincuencia. Estos últimos pertenecerían a la "psicopatía secundaria" de Blackburn(4). Habría una estrecha relación entre sintomatología afectiva y conducta delincuente en chicos.

¿Cuáles son los elementos comunes de la búsqueda de riesgos y de los comportamientos acordes a lo largo de distintas situaciones? ¿Hay una tendencia a evaluar situaciones como de bajo o alto riesgo, o la tendencia se da de la misma manera cualquiera sea la cuantía del mismo?

Horvath y Zuckerman buscaron, en el estudio mencionado, determinar las siguientes hipótesis:

1- Los buscadores de sensaciones deberían estar relacionados negativamente a la evaluación del riesgo y positivamente relacionados a las conductas temerarias en todas las áreas de toma de riesgos.

2- Similarmente, la impulsividad debería estar negativamente relacionada a la evaluación del riesgo y positivamente relacionada con las conductas temerarias en todas las áreas.

3- La evaluación del riesgo debería estar inversamente relacionada a la conducta temeraria y,

4- La apreciación del riesgo debería mediar las relaciones entre búsqueda de sensaciones e impulsividad y comportamientos riesgosos.

Los estudios efectuados por estos autores llevaron a la conclusión de que los comportamientos criminales y las violaciones menores a la seguridad (que representan tipos de comportamiento antisocial) tenían más en común una con otra que las que tenían con los riesgos deportivos y financieros. Los ludópatas, al menos aquellos que buscaban tratamiento, tenían bajos niveles de búsqueda de sensaciones. Algo parecido pasa con quienes toman riesgos financieros.

La criminalidad crónica a menudo es la expresión de una personalidad antisocial y por lo tanto, puede representar el grado extremo del rasgo P-ImpUSS. Los resultados de estudios hechos con gemelos adoptados en Scandinavia muestran que hay una fuerte influencia genética a partir de los padres, y que hay una débil influencia del ambiente compartido provisto por los padres adoptivos. Sin embargo, estímulos ambientales específicos, como la influencia de los pares, o el status socioeconómico de los padres adoptivos, puede también jugar un rol en el comportamiento criminal, tanto como un rasgo P-ImpUSS anormal.

Como se sabe, el rasgo P-ImpUSS incluye una variedad de comportamientos que pueden ser resumidos por el término desinhibición: criminalidad, búsqueda de variedad sexual, uso y abuso de substancias, así como toma de riesgos tanto en actividades financieras como deportivas. Los individuos con personalidades antisociales y bipolares en fase maníaca ilustran la desinhibición en sus formas comportamentales más vívidas. Estos trastornos representan los extremos anormales de una dimensión normal de la personalidad. En el nivel siguiente encontramos un déficit en una clase específica de condicionamiento. Los tipos ImpUSS, especialmente en sus extremos psicopáticos, tienen problemas en el aprendizaje de la evitación pasiva. Para situaciones en donde tanto la recompensa como el castigo son dos evoluciones posibles, parecen ignorar las segundas y enfocar sólo sobre las primeras. Tienen una fuerte capacidad para enfocar sobre los estímulos salientes e ignorar los que distraen, como serían las señales de castigo. En el nivel psicofisiológico, los desinhibidores muestran esta atención enfocada al exhibir fuertes reflejos que orientan la atención hacia estímulos novedosos que pueden elicitar reflejos defensivos en los bajos buscadores de sensaciones. Los desinhibidores también muestran aumento de la reacción cortical a los estímulos intensos que elicitan la inhibición cortical en los bajos desinhibidores. Esta capacidad para responder a estímulos intensos y novedosos es resumida bajo el término "accesibilidad cortical".

Debajo del nivel fisiológico están los sistemas bioquímicos que influyen sobre los amplios mecanismos comportamentales y las reacciones psicofisiológicas: el sistema DA (acercamiento), serotoninérgico (inhibición), y noradrenérgico (alerta y atención enfocada). Enzimas como la MAO y la DBH que regulan estos NT, y hormonas tales como la testosterona y el cortisol, están también involucradas en el rasgo. Una persona con alto P-ImpUSS probablemente tenga tendencias de aproximación y desinhibición fuertes y que sean débiles las de alerta e inhibitorias. La implicación es que tienen un sistema DA activo y reactivo, y que son inactivos o poco reactivos los ST y NA. La inversa sería válida para los que puntúan bajo en este rasgo: débil aproximación y fuerte inhibición o restricción con fuerte alerta o alertabilidad por señales de castigo.

Sitios neurológicos para la personalidad sugieren una nueva forma de frenología. Pero esta nueva frenología está basada en relaciones entre el comportamiento y vías y núcleos cerebrales bien definidos de neurotransmisión y no en la forma del cráneo, como la antigua. La restricción o inhibición de la conducta puede originarse en la corteza frontoorbitaria, donde el daño puede traducirse en desinhibición comportamental. Las influencias excitatorias a partir de fuentes corticales descienden al sistema comparador septohipocámpico (descrito por Gray, en 1982 en relación al rasgo de ansiedad) donde la ansiedad puede ser adicionalmente potenciada. El núcleo central de la amígdala es también una fuente de inhibición comportamental y de alerta autonómico. Cada uno de estos describe niveles de inhibición desde el más deliberado (corteza) hasta el más reflejo y menos conciente (amígdala).

El mecanismo de aproximación se origina en el sistema mesolímbico DA ascendente, que comienza en el área tegmental ventral y atraviesa el fascículo prosencefálico medial, al hipotálamo lateral y el n. accumbens y finalmente al córtex prefrontal medial y lateral. Otro sistema, que es mediado por NA y afecta el alerta, se origina en el LC y asciende a las estructuras límbicas que incluyen la amígdala, el septum, el hipocampo y, finalmente, todas las partes del neocortex. Un sistema serotoninérgico inhibitorio se origina en los núcleos del rafe y asciende a la amígdala, hipocampo, hipotálamo, septum, striatum, y todas las áreas del neocórtex.

Ultimamente, las diferencias individuales en la estructura y fisiología de estos sistemas depende del fenotipo. El ImpUSS tiene una fuerte heredabilidad, la cual está al tope de lo que es típico para los rasgos de personalidad. A diferencia de otros rasgos amplios de personalidad, sin embargo, los buscadores de sensaciones muestran substancial agrupamiento ordenado, lo cual sugiere alguna ventaja evolutiva en el rasgo. Un alto nivel de búsqueda de sensaciones debe haber estado asociado a la cacería, la búsqueda de nuevos territorios, de compañeros, y de actividad sexual con una variedad de parejas, por lo tanto aumentando la adquisición de recursos esenciales a la supervivencia y al éxito reproductivo. Pero también los altos niveles de toma de riesgos habrían sido maladaptativos, de tal modo que la selección pudo haber estado en un nivel óptimo en un punto intermedio del rasgo.

Los orígenes evolutivos son altamente especulativos. El significado actual de un rasgo y sus correlatos biológicos son más demostrables.

Haremos algunas referencias aquí al factor 2, el más vinculado con la violencia y la criminalidad. Un temperamento desinhibido puede ser un predictor temprano predisponente para el comportamiento agresivo o violento.

 

Impulsividad y Agresividad

La impulsividad involucra a una gran variedad de rasgos. Cuando se generan las condiciones para la aparición de un rasgo impulsivo, el sujeto está dispuesto actuar sin mayor reflexión ni planificación previa; piensa sobre sus acciones después de haberlas cometido, si es que lo hace. La ausencia de cogniciones previas al acto impulsivo significa que las consecuencias experimentadas previamente por acciones similares no son tenidas en cuenta.

Hay muchas clases de impulsividad. La tendencia a actuar rápidamente sin reflexión previa ha sido llamada impulsividad estrecha para distinguirla de un rasgo más amplio que implica a otros factores tales como vivacidad y temeridad. La impulsividad y la búsqueda de sensaciones están moderadamente relacionadas y en conjunto, comprenden uno de los tres factores que componen el ImpUSS. El Psicoticimo (P) de Eysenck se constituye en un excelente marcador para esta dimensión.

Dadas las relaciones entre impulsividad y búsqueda de sensaciones, se podría esperar que ambas sean predictoras eficientes del gusto por la toma de riesgos y del comportamiento emergente, pero uno de ellos podría ser primario y el otro secundario en estas predicciones.

Alternativamente, se ha sugerido que por lo menos algunas formas de violencia y de comportamiento antisocial pueden ser vistos como una búsqueda patológica de estimulación, lo cual se cree está vinculado con la baja respuesta fisiológica y la necesidad de incrementar el alerta a un nivel óptimo.

King (20) propone, para explicar la impulsividad y la agresividad, la "teoría del incentivo motivacional" que puede ser definido como "un objeto externo que tiene un valor positivo o hedónico para el organismo". Ejemplos de incentivos serían la comida para un roedor o un objeto de apego social para un primate. En los humanos, las conexiones asociativas pueden transformar objetos neutrales complejos en incentivos. Esto está en la base de la propaganda comercial. Un producto (estímulo neutral) es asociado con claves que provocan sentimientos cálidos y de excitación, que impulsan luego a su compra.

La "motivación" puede ser definida como "la activación motora de un organismo debido a la presencia o ausencia de un incentivo esperado". Por ejemplo, antes de que la comida esté disponible, los roedores exhiben una actividad motora incrementada como consecuencia de estar en presencia de la fuente de alimentos.

La teoría del incentivo emocional relaciona la noción de incentivo como un activador externo de la excitación "motivacional". El incentivo presentado a un animal desencadena una serie de comportamientos "preparatorios" destinados a la consumación del incentivo.

King subraya el papel de la DA en este mecanismo, cosa que también han sostenido Gray, Cloninger y Zuckerman. Su principal hipótesis descansa en el hecho de que el sistema DA mesolímbico debe ser distinguido del no-lómbico. Se ha demostrado recientemente que las regiones neoestriadas del cerebro forman un componente límbico que está densamente inervado por neuronas DA provenientes del área tegmental ventral mesencefálica y de las porciones mediales de la substantia nigra pars compacta. Estas regiones límbicas neoestriadas incluyen el núcleo accumbens, el tubérculo olfatorio, y la porción más ventral y medial del estriado. El estriado límbico es una central de procesamiento de información, que recibe información proveniente de regiones paleocorticales y límbicas tales como el cingulado, el orbitario, el insular y el neocórtex temporal. Además, hay proyecciones desde áreas tales como la amígdala basolateral y el subículum del hipocampo.

Los inputs DA al sistema estriado límbico parecen aumentar las respuestas motrices hacia una multitud de incentivos. Esto diferencia la acción DA sobre el estriado no límbico, que responde a demandas ambientales que no contienen incentivos.

La DA se activa ante la novedad, la recompensa y la seguridad. Los agonistas DA tales como la apomorfina o las anfetaminas, aumentan la locomoción en un campo abierto novedoso. Además promueven conductas irritables y agresivas.

El sistema DA mesolímbico aumenta selectivamente la respuesta a los reforzadores condicionados; y las lesiones de este sistema anulan las respuestas a tales reforzadores.

La mayor parte de las conclusiones derivadas de experiencias animales conducen a pensar que existen diferencias hereditarias en la tendencia a tener comportamientos exploratorios en presencia de incentivos. El sistema DA mesolímbico parece ser un mediador fundamental en esta tendencia. Las respuestas emocionales agresivas parecen ser un componente central en estas diferencias individuales. Desde que los incentivos sociales componenen una parte fundamental de los reguladores externos del comportamiento humano, King ha propuesto que los rasgos impulsivos de personalidad en los humanos son derivados de una actividad DA mesolímbica incrementada.

King y colaboradores han demostrado que los niveles de DA en LCR están correlacionados positivamente con los rasgos de extraversión y que la actividad motriz promedio está vinculada positivamente con el cluster B. Estos datos apoyan la hipótesis que una actividad DA aumentada en estas áreas tiene que ver con la impulsividad incrementada. 

Se podría esperar, entonces, que medicamentos que reduzcan el disparo DA deberían actuar sobre los comportamientos impulsivos (20).

Lewis ha señalado para el "psicópata secundario" de Blackburn, la existencia de alteraciones afectivas, un comportamiento hostil e irritable, agresivo y demandante, y explosiones de cólera. Hawett y Martin (1980) informaron que "un estilo de vida caracterizado por comportamientos antisociales y abuso de alcohol y drogas está íntimamente asociado con la aparición temprana de estados de ánimo depresivos que difieren de la depresión clásica".

La disfunción prefrontal sería un factor contribuyente, combinado con la impulsividad, debido a: 1) la pérdida del control sobre estructuras subcorticales que facilitan la agresión; 2) cambios comportamentales, los que incluyen explosiones emocionales y agresivas y comportamiento querulante.

Hare y Forth(13) han vinculado la disfunción del hemisferio izquierdo, reflejada en la preferencia por la mano, el pie y el ojo del mismo lado, con ulteriores comportamientos delincuenciales y violentos. En sus investigaciones sobre presos, las preferencias de lateralidad estuvieron relacionadas con el tipo y severidad de las actividades criminales, o con comportamientos agresivos y violentos. Los mismos autores admiten que estos resultados no son concluyentes.

Tal vez convenga aquí hacer algunas consideraciones generales sobre la destructividad en general para otorgarle un cierto contexto a los conceptos puntuales de esta característica en los psicópatas.

Cortesia de la web: www.psicopatia.com.ar

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