Neurobiología del Psicópata (V parte)

Semiología Psiquiátrica y Psicopatía. NEUROBIOLOGÍA DEL PSICÓPATA. Dr. Eduardo A. Mata

Neuroquímica

Sobre la base de experiencias animales, han sido implicados numerosos NT centrales en la modulación del comportamiento agresivo. Los más importantes son la DA, la NA y la ST.

Noradrenalina

Para Raine, los estudios que vinculan la NA dan resultados paradójicos e inconsistentes. Hay alguna evidencia de que la NA tiene alguna participación en la agresión afectiva (defensiva, impulsiva). La administración de IMAOs que elevan los niveles de la NA central, aumenta la lucha inducida por shock. De manera similar, drogas que vacían de NA al cerebro, anulan la furia inducida en gatos. Evidencias contradictorias, sin embargo, han indicado que la inyección de NA colocada intraventricularmente no produce agresión afectiva.

Paradójicamente, la NA parece tener un papel inhibitorio de la agresión predadora (ofensiva, impulsada por motivaciones), como se demuestra por la reducción de la actividad asesina de la rata hacia el ratón, en ratas cuya NA central había sido aumentada por la administración de tricíclicos. En general, los resultados a partir de estudios animales sugieren que la NA puede facilitar la agresión afectiva, en tanto que inhibe la predadora, aunque hay mucha inconsistencia en los hallazgos a través de las especies.

Una manera de explicar esta aparente contradicción es analizar las diferencias entre agresión defensiva y predadora. Aunque hay una cantidad de razones para relacionar las nociones etiológicas de subalerta y desinhibición, estos estudios neuroquímicos indicarían que estos dos constructos no siempre van juntos al producirse el comportamiento agresivo. Por ejemplo, un incremento en la NA puede conducir a un incremento en el alerta general, el cual disminuiría el umbral para la agresión reactiva. Tal proceso sería similar a una forma de desinhibición, en donde, al mismo tiempo, el incremento en el alerta inhibe los mecanismos más complejos de la conducta predatoria. La agresión afectiva puede ser vista entonces como una desinhibición, a consecuencia del hiperalerta, mientras que la agresión predatoria derivaría de una desinhibición debida a un bajo alerta. Sin embargo, para evaluar esta hipótesis, se necesitan estudios neurofisiológicos en humanos para llegar a una más completa definición de la agresión y criminalidad.

Dopamina

El papel de la DA en la agresión animal ha sido menos extensivamente estudiada que algunos otros NT, pero existen investigaciones que sugieren que la DA facilita la agresión afectiva. Drogas tales como la L-Dopa y la apomorfina, la cual eleva los niveles de DA, se ha encontrado que induce la lucha espontánea en roedores, poe el contrario los neurolépticos que bloquean los receptores DA, suprimen la agresión espontánea en ratas. Además, el incremento de la síntesis de DA ha sido encontrado después de comportamiento agresivo en lauchas.

Se ha encontrado también que las drogas que aumentan los niveles de DA inhiben la agresión depredadora. Por lo tanto, de manera similar a la NA, la DA puede inhibir la agresión depredadora y estimular la defensiva, o afectiva. No se ha demostrado consistentemente esta proposición.

Serotonina

Funcionalmente, este NT está asociado a muchos y diferentes efectos. Sus numerosas familias y subfamilias de receptores cumplen en esta variedad un papel muy importante.

Aunque inicialmente fue conocido su papel en la digestión, es en realidad un NT que, en el cerebro, representa un papel inhibitorio para la descarga de impulsos. Por lo tanto, podría esperarse que los individuos con bajos niveles de serotonina (ST) tengan problemas en el control de los mismos. Las pruebas de su acción en humanos, incluyen(28):

a) Estudios del catabolito (5-HIAA) en LCR.

b) Estudios del contenido de triptofano en plasma y de la recaptación de ST en las plaquetas.

c) Desafíos neuroendocrinos de sus receptores centrales.

Los niveles del principal catabolito de la ST, el 5-HIAA, fueron medidos simultáneamente de la corteza y el LCR de 48 personas, y estaban correlacionados. Se cree que refleja la actividad ST presináptica, por lo que su reducción significaría una reducción de su actividad central.

Se descubrieron bajos niveles de 5-HIAA en pacientes depresivos que tenían antecedentes de intentos violentos de suicidio (no de los no violentos). Los vínculos psicológicos entre la agresión auto y héterodirigida han sido reconocidos desde Freud. Mann(29) también sostiene que hay una relación entre la agresión dirigida interna o externamente, basándose parcialmente en una asociación estadísticamente significativa de ambos tipos de agresión en el mismo individuo. Sostiene, por lo tanto, que la violencia dirigida externamente no debe ser discutida en forma independiente de la que se dirige hacia sí mismo. Las vinculaciones biológicas fueron descubiertas por el NIMH quienes informaron que la agresividad vinculada a la personalidad estaba inversamente relacionada con los niveles de 5-HIAA en el LCR.

Esta relación trivariada entre bajos niveles de 5-HIAA en LCR, conducta suicida y agresividad, ha sido confirmada en una muestra de prisioneros fineses que tenían una historia de abuso de alcohol y que habían sido encarcelados por asesinato o intento de asesinato. Estos delincuentes mostraban una crueldad inusual hacia sus víctimas. Los asesinos que fueron considerados "impulsivos" tenían menores niveles de 5-HIAA que los otros. Tomados en conjunto, pareciera que la impulsividad fuese el factor común.

Estos sujetos que cometían agresiones impulsivas fueron diagnosticados como trastornos explosivos intermitentes o personalidad antisocial, mientras que otros delincuentes recibían el diagnóstico de trastorno de personalidad paranoide o pasivo-agresivo. Es posible que otras dimensiones de la personalidad diferentes de la impulsividad contribuyan a las diferencias informadas sobre el 5-HIAA en el LCR.

En otro estudio se comparaba 16 asesinos convictos, 22 que intentaron suicidio y 39 sujetos de control. 15 de los 16 asesinos fueron considerados impulsivos. Los niveles de 5-HIAA de los suicidas eran menores, los de los asesinos parecidos a los controles, salvo los que habían asesinado a sus parejas. Es posible que éstos hayan cometido el asesinato en extrema emoción violenta, pero las muestras fueron extraídas 40 días después. Este grupo podría haber sido considerado más impulsivo (como rasgo) que los demás.

Por más de una década se ha acumulado evidencia de la relación significativa entre los índices de funcionamiento del sistema ST central y la conducta impulsivo agresiva. En primer lugar, hay correlaciones inversas entre el 5-HIAA en LCR y la historia de comportamientos agresivos en individuos con trastornos de personalidad y alcoholismo.

En segundo término, menores concentraciones de 5-HIAA en LCR fueron encontrados en delincuentes violentos, comparados con los no violentos.

En tercer lugar, se han encontrado correlaciones negativas de la respuesta de prolactina a la estimulación con agonistas ST, y automediciones de agresión, irritabilidad y hostilidad. Además de estos hallazgos en humanos, se han encontrado relaciones inversas similares ya sea en los niveles de 5-HIAA en LCR como en la respuesta a fenfluramina y la expresión de agresión abierta en primates no humanos(21). (platon)

Las mediciones ST efectuadas en los estudios biológicos de la agresión en humanos adultos sólo reflejan la actividad ST central de un modo indirecto. Es distinto cuando se estudia a la conducta suicida, en donde tanto los receptores pre y postsinápticos cerebrales postmortem, y las plaquetas premortem han sido examinados. Mientras los primeros son difíciles de llevar a cabo por su complejidad, los estudios plaquetarios premortem de individuos agresivos y no agresivos son fáciles de realizar.

Estas mediciones plaquetarias se efectúan a través del binding a receptores relacionados a la ST, como el receptor 5-HT2a y el binding de inhibidores presinápticos de recaptación de ST, tales como hidrocloride de imipramina tritiada y paroxetina tritiada. Aunque las plaquetas constituyen un sitio periférico y no comparten el mismo microambiente como las neuronas ST centrales, se ha informado que los sitios transportadores de ST plaquetarios son estructuralmente idénticos a los sitios correspondientes de las neuronas ST en el cerebro.

Los resultados de los estudios de Coccaro(21) conducen a la conclusión de que una historia de actos agresivos y la tendencia a responder a las provocaciones con violencia, covarían con el número, pero no con la afinidad, de los sitios plaquetarios de recaptación de ST evaluados usando paroxetina tritiada. Notablemente, la correlación entre los valores Bmax para la ligadura de la paroxetina tritiada y la historia vital de agresión eran independientes del funcionamiento global, del estado de la depresión, o de los trastornos afectivos, alcoholismo, o abuso de drogas, actuales o del pasado. Por lo tanto, es improbable que esta relación simplemente represente un epifenómeno de otras condiciones psicopatológicas entre los pacientes en esta muestra.

La ausencia de correlaciones similares inversas puede ser explicada por el limitado puntaje en las mediciones de agresión a lo largo de su biografía, y/o por el pequeño tamaño de este grupo de sujetos. La ausencia de una diferencia significativa entre los transportadores plaquetarios ST en los sujetos sanos y los que padecían trastornos de personalidad, sugieren que no hay anormalidades en los transportadores de los sujetos con trastornos de personalidad como grupo. Más aún, estos datos sugieren que hay una relación entre una dimensión de la agresión y variables relativas al sitio del transportador plaquetario ST. Esto es consistente con otros datos relacionados a variables biológicas y de personalidad en individuos con trastornos de personalidad. Casi todos los estudios de ligadura del sitio de recaptación plaquetaria ST han sido llevados a cabo con imipramina tritiada, principalmente en sujetos depresivos. Sobre todo estos estudios han arrojado alguna evidencia de la existencia de una anormalidad en el sitio de ligadura en la depresión y en la suicidalidad. Esto puede deberse a que la ligadura de la imipramina tritiada no refleja la totalidad de la población transportadora ST. La ablación de los terminales ST elimina solamente el 50 % de la unión de la imipramina tritiada en el cerebro de la rata. Por otra parte, la imipramina tritiada tiene una menor afinidad que la paroxetina tritiada por el sitio de recaptación plaquetaria. Y, además, la imipramina tritiada tiene menor afinidad que la paroxetina tritiada por los sitios de unión plaquetarios, por lo que puede ser confundido por drogas residuales o alguna otra variable. Por consiguiente, la imipramina tritiada no parece ser un marcador tan sensitivo o selectivo para la ST como se creyó en un principio. En contraste, la paroxetina tritiada es 100 veces más vida que la imipramina por los sitios de recaptación. Su distribución en el cerebro del ratón sigue estrechamente las de la ST. Además, la anulación química de las vías ST reduce la unión de la paroxetina tritiada entre el 60 y el 90%. Por consiguiente, la paroxetina tritiada parece ser un radiomarcador más selectivo para la recaptación de la ST en el cerebro y plaquetas que la imipramina.

Los efectos fisiológicos de la reducción de la cantidad de sitios transportadores presinápticos para ST en las neuronas ST centrales es desconocido. Se ha sugerido que podría estar asociado a una disminución de la recaptación, lo cual puede tener numerosas consecuencias. Para empezar, la disminución de la cantidad de ST que reingresa al citosol podría reducir su catabolismo a 5-HIAA por la MAO. Esto podría explicar parcialmente la reducción del catabolito en el cerebro de los suicidas, y en el LCR de los depresivos, intentos de suicidio, y en individuos con comportamientos agresivo-impulsivos. En segundo lugar, la disminución de recaptación haría que exista mayor biodisponibilidad de ST en la sinapsis. Esto podría conducir a una disminución de la sensibilidad de los autoreceptores terminales de ST, a un mayor diparo de ST por impulso neuronal y, por último, a una disminución de la sensibilidad de varios receptores ST postsinápticos. Dependiendo del grado en que todas estas alteraciones ocurran, la reducción de los sitios de recaptación del transportador podría asociarse a un descenso neto de la actividad ST en el cerebro, lo que está asociado a la depresión y a los comportamientos agresivo-impulsivos.

Los hallazgos de Coccaro coinciden con otros previos que mostraban una reducción de los valores Bmax para imipramina tritiada en poblaciones de "discapacitados mentales" agresivos internados, de adolescentes con trastornos de conducta, y en niños con problemas de impulsividad y agresión, comparados con voluntarios sanos sin una historia personal o familiar de trastornos psiquiátricos. Es posible que las mediciones de agresión correlacionen inversamente con el número de transportadores plaquetarios, tanto a lo largo del ciclo de vida como en sujetos con trastornos mentales distintos de los de personalidad.

La capacidad limitada de los datos provenientes de las plaquetas deriva del hecho de que no son neuronas, ni están incluidas en redes. Sin embargo, estudios recientes muestran que la secuencia de aminoácidos de las proteínas transportadoras de ST que se expresan en plaquetas y neuronas son idénticas. Por lo tanto, es posible que algunas anormalidades relacionadas con las proteínas transportadoras y su nivel de expresión ocurran en plaquetas tanto como en neuronas.

Sobre la base de estudios de lesionados cerebrales y pruebas farmacológicas, se cree que la ST inhibe tanto la conducta predatoria como la defensiva. La administración de P-CPA (paraclorofenilalanina), una droga que disminuye la producción de ST inhibiendo la enzima que convierte el triptofano en ST, por ejemplo, aumenta la pelea inducida por shock en ratas. Similarmente, la destrucción de los núcleos del rafe dorsal, en donde se originan las vías ST, aumenta la lucha y el asesinato en ratas. En contraste, la administración del precursos ST, 5-hidroxitriptofano, el cual incrementa los niveles de ST, se ha demostrado que disminuye la lucha inducida por shock y la conducta asesina hacia ratones, en ratas.

Hay fuerte evidencia del rol inhibitorio de la ST sobre la agresión que parte de los estudios farmacológicos efectuados sobre la conducta asesina de las ratas. En contraste con esta evidencia, hay una cantidad de estudios que probarían que el deterioro del sistema ST puede suprimir el comportamiento de ataque en ratones. Por otra parte, se ha encontrado que los niveles de ST aumentan después de un comportamiento agresivo en animales. En general, sin embargo, los resultados de los estudios en animales indican que los procedimientos que elevan la disponibilidad de ST cerebral, inhiben los comportamientos agresivos, y lo contrario los aumentan.

En otro trabajo(22), Coccaro subraya la relación inversa del 5-HIAA con la gravedad de la depresión, historia de serios intentos de suicidio y o suicidios violentos, lo cual también fue señalado por Linnoila(26). La relación con la depresión no siempre ha sido replicada, pero sí con los serios intentos de suicidio, los cuales se han visto también en otros grupos psicopatológicos tales como esquizofrenia y alcoholismo, además de los trastornos de personalidad.

La relación diagnóstica cruzada entre la baja concentración de 5-HIAA en LCR y suicidio sugiere que la disfunción ST está relacionada con un agrupamiento específico de conductas. Lo mismo ocurre con la agresión, ya que parece estar más relacionada con la agresión impulsiva, que con la premeditada. Esta reducción de 5-HIAA en LCR y de la ligadura de imipramina en la corteza frontal y tronco cerebral de los suicidas, sugiere fuertemente una reducción de la función presináptica ST, de la misma manera que la elevación de la ligadura de los receptores corticales 5-HT2 hacen pensar que la función 5-HT postsináptica está incrementada, probablemente por up-regulation compensatoria de estos receptores. Por otra parte, el efecto neto de esta sumatoria es desconocido, y puede reducirse, aumentarse o permanecer sin cambios dependiendo de la magnitud de esta compensación.

Experimentos con animales demuestran que la "hipersensibilidad" es el núcleo temperamental del rasgo de la impulsividad-agresividad, en respuesta a los estímulos frustrantes o adversos, y una capacidad disminuida para controlar estas reacciones. La diferencia primaria entre el comportamiento suicida y agresivo es el lugar donde la agresión es colocada: hacia sí mismo en el suicida y hacia afuera en los comportamientos agresivos. En muchas ocasiones ambas conductas se dan simultáneamente (suicidios ampliados).

En tanto que algunos efectos de la ST tienen que ver con sus efectos basales (lo que puede ser en alguna medida hereditario), otros están más vinculados a la "reprogramación" emergente de situaciones especiales. Esto es lo que puede ocurrir con el cambio de status social y los niveles de ST observado en los monos vervet.

Los efectos basales podrían estar vinculados con lo que llamamos "personalidad" (es decir, disposiciones relativamente estables a responder al ambiente social y natural de modos diferentes pero predecibles). La "reprogramación" a corto plazo de estos efectos basales (por ejemplo, a un cambio de status social) tiene características diferentes, comparables a lo que se podría llamar un "cambio comportamental" o "cambio de actitud".

La definición científica de personalidad ha estado sometida a una considerable controversia. Recientemente, Cloninger (1986, 1987), y después McDonald (1988) han propuesto una teoría de la personalidad basada en tres factores que, a su vez, derivan de los tres principales sistemas de neurotransmisión límbica: los controlados por la dopamina (DA), la serotonina (ST) y la noradrenalina (NA).

En este marco, se ha sugerido que la ST estaría vinculada a la "evitación del daño" (la tendencia a evitar o tomar riesgos). La NA se asocia con la "dependencia a la gratificación" (la tendencia a buscar la aceptación y recompensa social como motivador del comportamiento), mientras que la DA estaría ligada a la "búsqueda de estímulos" (la tendencia a buscar estímulos novedosos).

Desde el momento que cada uno de estos sistemas influye en los otros, las necesidades y comportamiento de cada individuo necesitarían el análisis del estado de estos tres niveles.

De acuerdo con la teoría de Cloninger, el sistema ST está asociado con la evitación del daño y la toma de riesgos; los niveles bajos de ST están asociados con la tendencia a evitarlos y los altos a tomarlos.

Es muy llamativa la similitud de esta tipología en relación con el riesgo, con la descripta por Rof, hace más de treinta años, basada en la división entre "ocnófilos" (no tomadores de riesgo) y "filóbatas" (tomadores de riesgo)(30) y, también, con el concepto de "personalidad autoritaria" (31,32) y "personalidad de Tipo A"(33), conceptos que han sido tratados en otra parte. En principio, sólo enunciaremos aquí que las concepciones de Fromm y Adorno respecto del "carácter revolucionario"(34,32), como opuestos en un continuo, ha sido descrita por mí en un trabajo anterior(31), y las bases narcisistas del Tipo A, por consiguiente del mismo autoritarismo y posiblemente de los "no tomadores de riesgo", están bien fundamentados en un trabajo de Condon(35).

Resulta pues, de muy alto interés, considerar cómo ciertos sistemas de NT como el ST pueden influir en las disposiciones comportamentales y rasgos de carácter estables que han sido descritas como "personalidad". Pero además, diferentes niveles de un NT pueden tener efectos ampliamente específicos en la modificación de la sensibilidad o amplitud de respuesta a diferentes claves sociales o simbólicas de amenaza, reaseguramiento, atractividad sexual, etc. Esto implica la esfera cognitiva, si lo queremos ver desde el punto de vista cognitivo-comportamental, y suponen el fundamento de los "esquemas" o "creencias básicas" en este enfoque(36). De acuerdo a la teoría modular de la personalidad, sobre la que nos explayamos más arriba, serían sustentadas por redes neurales tanto más estables y rígidas, cuanto más precozmente hayan sido establecidas, tanto más intensos los vehículos emocionales con los que fueron impresas, y tanto más significativas las relaciones con los emisores de los mensajes estructurantes de tales redes.

Por ejemplo, dado el efecto inhibitorio de la ST, los individuos con bajos niveles de la misma pueden ver amenazas en señales ambiguas que son ignoradas por aquellos con altos niveles de este NT. Como consecuencia, las diferencias basales de ST podrían estar en los fundamentos de aquellos esquemas o creencias básicas que, a su vez, pueden ser importantes elementos modulares en la constitución de nuestra personalidad.

Consideremos la tendencia de algunos individuos a ser agresivos, manipuladores y socialmente tortuosos. Las mediciones psicológicas de este rasgo son similares a lo que los anglosajones llaman "machiavellianism". Esta escala parece estar vinculada a la "dependencia a la gratificación" y "evitación del daño" de Cloninger: cuanto más alto califican para el maquiavelismo, menores son sus puntajes en gratificación social y evitación del riesgo. Desde que la agresividad está a veces asociada con ciertas formas de dominancia, los rasgos de la personalidad involucrados en la manipulatividad social se vincularían por lo tanto con disposiciones comportamentales determinadas por los niveles basales de la actividad del NT.

Nótese que en estos casos hay que presumir la existencia del involucramiento de dos sistemas distintos de NT: el ST y el NA. Cada uno de estos sistemas, por otra parte, depende de cierto número de procesos neuroquímicos, y cada uno es sensible de ser "reprogramado" por la experiencia. Por lo tanto, la medición de un sólo NT nos diría poco o nada acerca de un individuo específico. Éste sería el caso de cotejar, desde el punto de vista de la personalidad, lo que ocurre con el "maquiavelismo", el "autoritarismo", el "carácter revolucionario" y el "narcisismo", todas ellas variables independientes difíciles de fusionar para crear compartimientos del tipo "todo o nada". Inclusive la respuesta a claves sociales, como por ejemplo los cambios de actitudes y de respuestas emocionales a la aparición televisiva de líderes políticos, los niveles de actividad basales de los NT pueden ser poderosas razones para establecer las diferencias de percepción, sensibilidad y comportamientos ulteriores.

En lo concerniente a la ST, los descubrimientos recientes apuntan a dos áreas de importancia en la psiquiatría social y forense, como son los comportamientos desviados y criminales, y el suicidio. Debido a que la ST está vinculada a la inhibición de la respuesta, sus bajos niveles pueden tener que ver con la incapacidad para reprimir impulsos, como ya se expresó más arriba. Dependiendo de la interacción con otros sistemas de NT, sus alteraciones pueden tomar la forma de violencia impulsiva (tal como homicidios), autodestructividad (suicidio), depresión (incapacidad para inhibir pensamientos negativos o amenazantes), adicciones (al juego, a la comida, etc.)

Un metaanálisis de los estudios que examinan la relación de NA, DA, y ST con el comportamiento antisocial en humanos sugiere que la reducción simultánea de ST y NA pueden potenciar la agresión humana. Este metaanálisis encontró que en los estudios en los que los sujetos antisociales tenían un trastorno afectivo o alcoholismo, la NA central estaba significativamente disminuida. Los niveles de ST, sin embargo, estaban igualmente reducidos, independientemente de que tengan o no problemas psiquiátricos. Los niveles reducidos de ST y NA en los antisociales pueden estar relacionados con esta disminución de la inhibición comportamental. La relación de los niveles de NA con esta desinhibición, sin embargo, sí parece secundaria a las enfermedades psiquiátricas. Coccaro(22), ha señalado que en un estudio las función ST estaba asociada con la agresión autodirigida (solamente intentos de suicidio) en las depresiones mayores primarias, y la heteroagresión en los desórdenes primarios de personalidad. Tal vez este hallazgo refleje algunas diferencias en sus respectivas neurobiologías, basada en la regulación del comportamiento inhibido (mediado por ST) y el alerta (mediado por catecolaminas). Se ha informado extensamente sobre una hiporrespuesta en los receptores NA en la depresión mayor (DM). La observación de que la mediación del comportamiento agresivo por parte de la ST es atenuado por la disminución de NA, y otros que demuestran que las funciones fisiológicas de la ST pueden deteriorarse cuando hay fallas en el sistema NA, apoyan esta posibilidad.

Las pruebas realizadas con desafíos farmacológicos parecen indicar que la disfunción ST estaría al nivel o por encima del nivel del hipotálamo.

La hipótesis de Linnoila(26) es que, de dos grupos igualmente violentos, los ofensores impulsivos podrían tener menores niveles de 5-HIAA en el LCR en relación con los no impulsivos, que habían premeditado sus actos. Por lo tanto, un bajo 5-HIAA es más bien un marcador de impulsividad que de violencia. Puede señalar baja producción de ST, o ser indicador de un alto transporte fuera del LCR, lo cual es un fenómeno de membrana. Los autores sugieren que el temprano consumo de alcohol asociado a bajos niveles de 5-HIAA pueden desembocar en cuadros de psicopatía violenta, por lo que sería conveniente suministrar preventivamente serotoninérgicos.

Se comprobó, en un estudio finlandés, que los incendiarios y ofensores violentos tenían baja tasa de 5-HIAA en LCR. Los incendiarios en este grupo fueron elegidos por tratarse de comportamientos impulsivos de baja agresividad, y eventualmente con agresividad dirigida hacia objetos inanimados más que hacia objetos vivientes. Fueron excluidos los incendiarios que registraban antecedentes de intentos de suicidio violentos. Las concentraciones de 5-HIAA o MOPHEG no correlacionaban con el comportamiento incendiario repetido, pero sí lo hacían con el nadir glucémico en el test de tolerancia a la glucosa (TSG), el cual es una medición de la tendencia a la hipoglucemia.

Esto apoya la hipótesis de que un pobre control de impulsos está vinculado a bajos niveles de metabolitos de las monoaminas y con una tendencia a la hipoglucemia en ofensores criminales. Hay varias explicaciones para el mecanismo de esta asociación. En primer lugar, puede estar asociado con una forma particular de depresión, caracterizada por intentos violentos de suicidio. En segundo lugar, con descontrol de la agresión por un impulso incrementado hacia ella. Y, en tercer lugar, por deficiencia en el control de los impulsos y, como consecuencia de esto, descontrol de la agresión, inter e intrapersonal.

El triptofano (Tf) y el Litio (Li) reducen los actos violentos, aparentemente porque retrasan la descarga, y ayudan a mantener el control (El Li facilita la actividad ST, inhibe su recaptación, down regula la cantidad de receptores ST en el cerebro de la rata).

El ST, la glucosa y el metabolismo de la insulina, se demostró que están asociados unos con otros en el metabolismo de los incendiarios y en los ofensores habitualmente violentos e impulsivos. Linnoila no encontró correlación entre catabolitos de las monoaminas, y bajo nadir de glucosa en el TTG, pero pueden coexistir en muchos incendiarios. Lo que más correlaciona es esta última. La tendencia severa a la hipoglucemia es un fuerte predictor a las recaídas en los incendiarios.

La falta de correlación entre el nadir de glucosa y los bajos niveles de 5-HIAA en el LCR no es sorprendente. Esto se debe a que la concentración de glucosa está determinada multifactorialmente, y la responsividad de uno solo de ellos (insulina, glucagon, GH, adrenalina) podrían vincularse a la ST central.

La última asociación estudiada por los fineses fue con el alcohol. Formularon la siguiente hipótesis: un bajo 5-HIAA en LCR está asociado a bajo control de impulsos, disforia e insomnio intermitente. El alcohol, que tiene un efecto similar a la reserpina sobre el sistema ST, puede remedar agudamente algunos de estos síntomas, disparando ST, pero a largo plazo empeorando por vaciamiento de la misma. Por lo tanto, el abuso de alcohol puede, en estos individuos, con un control deficiente de impulsos, representar un intento de automedicarse, aunque solamente empeora la situación, disminuyendo el control de impulsos y probablemente agravando la hipoglucemia. Tal asociación podría explicar por qué tantos de estos sujetos estaban bebidos cuando cometieron sus crímenes. En apoyo de esta hipótesis, Branckey y col. han encontrado evidencia de que en estos alcohólicos con una historia, tanto de depresión como de agresión, la relación Tf/LNAA puede ser baja.

Se ha encontrado un paralelismo entre concentraciones de HVA y 5-HIAA en LCR. Cuando ambas están bajas son un poderoso predictor de riesgo suicida. Los predictores más fuertes son el nadir de glucosa en el TSG y los niveles de 5-HIAA en LCR. Estas variables psicobiológicas como tales o asociadas a las comportamentales tienen más valor que las comportamentales solas. Los individuos propensos a las ofensas son más fácilmente identificables usando estas combinaciones. Las drogas serotoninérgicas pueden mejorar esta situación, reduciendo el consumo de alcohol y mejorando los perfiles metabólicos(26).

Coccaro(42) señaló que estudios animales muestran que la arginina-vasopresina (AVP) juega un rol facilitador de la conducta agresiva, en especial contra personas, en particular en individuos con trastornos de la personalidad. Niveles altos de AVP en LCR se correlacionaron con biografías cargadas de agresión, lo cual es mucho más fuerte en hombres que en mujeres. Ésto no parece estar vinculado a la impulsividad, desde que las concentraciones de AVP en agresores violentos, incendiarios, y controles normales, eran similares. Puede ser significativo que la concentración AVP en depresivos sea baja, y que sea alta en estados maníacos. Hay que tener en cuenta que el "pool" de AVP periférica y central son diferentes, tienen vías distintas y cumplen funciones no relacionadas entre sí.

Parece haber una relación funcional y recíproca entre la AVP y la ST. Los inhibidores de recaptación de ST (IRSS), como la fluoxetina, reducen dramáticamente los niveles de AVP y de la agresión defensiva. La relación entre ST y AVP puede ser sólo unidireccional, como por ejemplo, disminución de AVP por aumento de la ST.

Se han hecho observaciones en los monos vervet(27). Hay varios hechos interesantes en relación con la dominancia. Las monas dominantes tienen ciclos menstruales más regulares y predecibles, con lo que aumenta la posibilidad de embarazo. En algunas especies la ovulación en las hembras subordinadas puede ser suprimida, quizás debido a alteraciones por el stress, que produce supresión de LH. En los machos dominantes hay diferencias en la testosterona y en la ST. La ST en la sangre de los monos vervet dominantes es el doble de la que tienen los subordinados. Estos cambios bioquímicos parecen estar relacionados con las diferencias de status. Entre los vervet y otros monos, los factores sociales no afectan solamente las hormonas, sino también las concentraciones y el funcionamiento de la ST cerebral. Cuanto más alto es el nivel de ST, más capacidad tienen para las actitudes prosociales y menor destructividad (¿el "carácter revolucionario" de los monos?). La ST modula e inhibe la agresión destructiva. Los sistemas serotoninérgicos parecen ejercer mucho de su impacto inhibitorio sobre la agresión disminuyendo la actividad de otros sistemas neuronales que la facilitan.

Se ha visto que los monos dominantes y los subordinados no presentan diferencias morfológicas significativas, pero sí comportamentales. En relación con las hembras subordinadas, es menos probable que las dominantes inicien la agresión, y es más probable que inicien una reconciliación después de una pelea, así como también, son más capaces de conseguir aliados en una lucha, y es más probable que actúen defendiendo al grupo contra la intrusión de un animal potencialmente agresivo. Se ha visto en los machos, un patrón de diferencias vinculadas con el rango similar, al de las hembras. Estos datos sugieren que los animales dominantes difieren de los subordinados en su capacidad de establecer vínculos sociales, en evitar comportarse con agresión inapropiada y por inhibir ataques inadecuados o no provocados.

Combinados con observaciones hechas en otras especies, estos hallazgos apoyan la idea de que la dominancia y la agresión son conceptos distintos.

Cortesia de la web: www.psicopatia.com.ar

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