Separación y Duelo

Párrafos seleccionados de Winnicot, D: “Deprivación y delincuencia” Segunda Parte, Cap. 15; Psicología de la Separación. Paidós, Bs.As, 2005.  

Cap. 15. Psicología de la Separación

(Artículo escrito en marzo de 1958 para uso de los asistentes sociales)

Resumen:

Se ha comprobado que existe una relación entre la tendencia antisocial y la deprivación.

Para comprender a fondo la psicología de la angustia de separación, es necesario e importante que procuremos relacionar la reacción ante la pérdida con el destete, la aflicción, el duelo y la depresión.

Quienes trabajan con niños deprivados deben adoptar ante todo, como base teórica de su labor, el principio de que la enfermedad no deriva de la perdida en sí, sino de que esa pérdida haya ocurrido en una etapa del desarrollo emocional del niño o bebe en que no podía reaccionar con madurez. El yo inmaduro es incapaz de experienciar el duelo. Por lo tanto, cuanto haya que decir acerca de la deprivación y la angustia de separación debe fundarse en una comprensión de la psicología del duelo.

El duelo en si es un indicador de madurez en el individuo. Su complejo mecanismo incluye el siguiente proceso: el individuo  que ha sufrido la pérdida de un objeto introyecta a este y lo odia dentro del yo. Durante el duelo el individuo puede ser feliz por un tiempo, como si el objeto hubiese resucitado, porque ha revivido en su interior, pero aun tiene por delante más odio y la depresión volverá tarde o temprano.

El ambiente que lo rodea debe prestarle apoyo y sostén mientras efectué esa elaboración; asimismo, el individuo debe estar libre del tipo de actitud que impide experimentar tristeza.

Se ha señalado convenientemente que una parte del odio hacia el objeto perdido puede ser consciente; sin embargo, cabe prever que habrá mas odio del que se siente.  Cuando este odio y la ambivalencia hacia el objeto perdido son hasta cierto punto conscientes, no hay duda de que nos hallamos una vez más ante una señal de buena salud.

A veces podemos demostrar que la perdida simultánea de la madre y su pecho crea una situación en la que el bebe pierde no solo el objeto, sino también el aparato para utilizarlo (la boca). La perdida puede ahondarse hasta abarcar toda la capacidad creativa del individuo, en cuyo caso, más que una desesperanza de redescubrir el objeto perdido, habrá una desesperanza basada en la incapacidad de salir en busca de un objeto.

Entre estos dos extremos -reacciones muy primitivas ante la perdida y el duelo- hay toda una escala de fallas de comunicación atormentadoras. Dentro de este campo se observa clínicamente toda la sintomatología de la tendencia antisocial; el robo aparece aquí como una señal de esperanza, quizá bastante temporaria pero positiva mientras dure, antes de que el individuo recaiga en la desesperanza.

A medio camino entre los dos extremos descritos hay un tipo de reacción ante la pérdida que indica la anulación de lo que Melanie Klein dio en llamar el establecimiento de la posición depresiva en el desarrollo emocional. Cuando todo marcha bien, el objeto (la madre o figura maternal) permanece cerca del bebe hasta que esté llega a conocerlo plenamente, en el momento de su experiencia instintiva, como una parte de la madre que está siempre presente. En esta fase el individuo experimenta un aumento gradual de su sentido de preocupación; si en su transcurso pierde a la madre, el proceso se revierte. El hecho de que la madre no este allí cuando el bebe se siente preocupado provoca la anulación del proceso integrador, de manera tal que la vida instintiva queda inhibida o disociada de la relación general entre el niño y el cuidado que le prestan. En tal caso, el sentido de preocupación se pierde; en cambio, cuando el objeto (la madre) continua existiendo y desempeñando su rol, el sentido de preocupación se robustece paulatinamente. El florecimiento de este proceso da como resultado esa madurez que denominamos "capacidad de hacer el duelo".

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