Mas Allá del Principio de Placer (III parte)

Párrafos seleccionados de Jorge Kahanoff: “Capitulo II de Mas allá del principio de placer: sueños traumáticos y Fort-da” en Puntuaciones Freudianas de Lacan: Acerca de Mas allá del principio de placer. Compiladores: J.C. Cosentino y D.S. Rabinovich. Ed. Manantial, Buenos Aires, 1992.

De cómo se produce la curación en el análisis, a cuáles son los obstáculos que aparecen en la dirección de la cura:

Entonces, sueños traumáticos y el juego del Fort-da. Son historiales clínicos, son también reflexiones metapsicológicas. Cuál es el lugar de la angustia en ambos, que obviamente no es el mismo. Dos hipótesis de trabajo: la primera, hay un acto en el origen del juego del Fort-da; la segunda, en el caso de los sueños traumáticos, se trata de la pulsión invocante.

El límite del campo freudiano es el principio de placer; es paradójicamente un regulador. Ahora bien, ¿Cómo puedo pensar aquello que, una vez definido el campo, queda afuera?

Freud pasa de plantear en 1911 en “Los dos principios del suceder psíquico”, el principio de placer como tendencia de los procesos psíquicos, una tendencia que se puede entender como ligadura, que en última instancia es anterior al principio de placer, al menos se puede leer como condición de posibilidad del principio de placer. En el texto que estamos viendo, por ejemplo, para ubicar la neurosis traumática, hay un fracaso de esta ligadura y hay, un poco más adelante, otro planteo freudiano: ya no se trata de sostener la condición de posibilidad del principio de placer, sino preguntar qué pasa con otra afirmación freudiana, que es que en tanto que aparece algo nuevo, esto es la condición del goce; entonces vamos a tener un campo sostenido en dos condiciones; una, que es: hay ligadura y que va a estar sostenida en el principio de placer; otra, cuando se rompa la ligadura, que va a ser la pregunta freudiana por el goce, al menos por aquello que queda por fuera del principio de placer.

Hay otro texto, que funciona también como soporte conceptual de lo que Freud va a plantear en 1920, “Recordar, repetir y reelaborar”. Ahí funda cierto concepto de repetición: ubiquemos algunos rasgos, la repetición es una repetición traumática, es paradojal porque se repite lo que no se recuerda, un límite al recuerdo. Es también una afirmación freudiana que se va a recordar lo que nunca se olvido, extraño esto: ¿Cómo puede ser? En última instancia se repite lo que no se recuerda, pero el recuerdo podría llegar a ser de lo que no se olvido, es decir no de una representación. Ya Freud empieza a plantear que hay elementos que exceden el campo de las representaciones, si bien no ha formulado claramente aun un principio de placer más allá de lo que formulo en 1911. Esta repetición que Freud plantea es el del orden de un actuar en la transferencia. ¿Cuál es la diferencia que va a plantear en 1920? No solo va a haber algo en relación con la repetición de lo igual, sino que también va a haber otro orden de repetición, una repetición de lo diferente.

No se puede saber nada del principio de placer si no se ha ido más lejos. La repetición que va a aparecer no puede ser deducida del principio de placer, y respecto de lo que esta más allá del principio de placer queda el interrogante: ¿es otro principio? Con esto comenzaríamos una serie hacia el infinito. Pero si no es otro principio, ¿es una categoría?

Una pregunta que Freud hace en este capítulo es, que mas allá de las sensaciones yoicas de placer y displacer –y esto es una afirmación posterior que Freud incluye en el texto- se trata de estudiar la reacción del aparato psíquico frente a un peligro exterior.

No podría hacer para Freud un ordenamiento si no hubiese punto de exterioridad. La pregunta que se hace todo el tiempo es: ¿Cómo este punto de exterioridad –que tengo que usar como punto de apoyo- puede ser representando dentro? Y ¿Cuáles son las consecuencias?

Lacan le ha dado un nombre a este exterior-dentro y a este interior-fuera, que es extimidad; es un intento de ubicar en un concepto una exterioridad inevitablemente regulada por un sistema, o sea, que no podríamos dar cuenta de un agujero si no tenemos el borde.

En este sentido, el peligro exterior, al cual tiene que responder el aparato, es la pulsión, pero la pulsión no es un elemento que está absolutamente fuera del aparato, y, además en tanto hay pulsión, el principio de placer no solo no se suprime sino que es una condición necesaria para que podamos pensar que hay una pulsión.

Hay una serie, entonces, que liga neurosis de guerra, histeria, neurosis traumática y neurosis de accidente. Freud las liga por el lado de sintomas conversivos similares, pero marca, al mismo tiempo, una diferencia. El sufrimiento subjetivo de la histeria no es el sufrimiento subjetivo en el caso de la neurosis traumática. Todos saben lo que era una neurosis traumática en esa época; había algún tipo de explosión, no hay lesión. Hay un retorno de este momento de irrupción, de algo que no se termina de elaborar.

Cuando Freud ubica los sintomas en la histeria, piensa en un cuerpo muy particular, un cuerpo recortado por significantes. Pensemos en Isabel de R. Los sintomas que ella podía producir son aquellos que las líneas de fractura significante marcaron en su cuerpo. Podemos hacernos una pregunta en relación con la diferencia entre la histeria y un accidente traumático. En la histeria se trata del recuerdo de un trauma que no ocurrió, en la neurosis de guerra ¿Se trata del recuerdo de un trauma que si ocurrió? Sería una cuestión extraña que haya traumas que ocurren y traumas que no. Al menos conceptualmente, ¿Cómo los diferenciamos? Nuevamente aparece algún tipo de obstáculo, la cuestión de afuera-adentro, del interior o del exterior. Un elemento para dar alguna punta para esto es determinar cuál es el destino de esto que Freud esta ubicando como trauma: si produce una lesión en el cuerpo no hay trauma, si no produce una lesión en el cuerpo lo hay.

Pero Freud no habla solamente de neurosis traumática, va a hablar, va a intentar ubicar los sueños traumáticos que mostrarían la particularidad de que este hecho, supuestamente traumático, retornaría. Cosa que no ocurre en la vida despierta. Ahí no retorna, por lo menos, lo que plantea Freud es que no se ocupan de esto aquellos que padecen los sueños. Entonces, su teoría queda controvertida. Estos sueños traumáticos no son sueños de realización de deseos, y la pregunta de Freud cuando se encuentra con esto, se extiende a la repetición de estos sueños.

¿Por qué se repiten? ¿Se repiten como un intento de ligarlos, de ligar los elementos que de afuera intentan encontrar dentro un representante? Y, por otro lado, el lugar de la angustia no es el mismo porque, de hecho, estos sueños no son sueños de angustia. Evidentemente, acá la angustia que va a aparecer es un efecto del sueño, la ligadura que va a aparecer no es en relación con el sueño –si bien es un intento fallido de ligadura-, sino que la ligadura es el principio de placer que va a aparecer luego; entonces podríamos establecer una serie que va del sueño traumático a la angustia y de esta al principio de placer y otra serie que va del principio de placer a los sueños –como el lugar de la significación del deseo-, al dormir.

Pero entonces, los sueños traumáticos exceden el marco del principio de placer, por el lado no del contenido, sino de su repetición. Es la repetición lo que a Freud le muestra que esta más allá del principio de placer, no el contenido, el contenido ya es una primera escena teatral, pero por más que sea una escena teatral, la repetición es lo que lo ubica en una exterioridad respecto del principio de placer. Se trata entonces de este exceso que, transpuesto de afuera a adentro, obliga al aparato a un trabajo constante: es la definición de la pulsión; entonces vamos a encontrar que la neurosis traumática que aparece en los sueños, cuyo carácter repetitivo lo llevaba a Freud a interrogarse respecto de esto que obliga al aparato a un trabajo constante, no es sino la pulsión.

Y empiezan a ordenarse algunas cuestiones: pensando así es una excitación traumática que viene del exterior, que se repite en tanto pulsión y que como pulsión se caracteriza por ser repetitiva. Pero en los sueños no se trata de cualquier pulsión, justamente porque una de las características es que aparece siempre a consecuencia de una explosión que produce una ruptura en la protección, penetra en el cuerpo de una forma distinta de aquella que habíamos hablado, que producía en la histeria sintomas. No opera a traves de los significantes, no es el mismo estimulo el que aparece en el cuerpo. En un caso, el cuerpo queda marcado por el significante, en el otro no, y que se produce una respuesta que no es un síntoma. Estoy ubicando así el sueño traumático como diferente de los sintomas de la histeria.

El ruido o la explosión están como representantes de este real, no es un real en sí, son inasimilables, pero al mismo tiempo, son la marca, el testimonio de un encuentro fallido con lo real; si el encuentro no hubiera sido fallido, sea en el caso de una granada o en algún otro caso, el efecto no es un síntoma, es la destrucción.

Entonces, el ruido no es lo real, es un testimonio del encuentro fallido con lo real.

Pero no era la explosión lo que causaba el trauma, sino que había una descarga, en tanto que no había representación anterior y esto fragmenta el aparto psíquico, o sea, no hay representación, hay una explosión que sorprende, esto produce un resto, este resto no se liga con ninguna representación y permanece dando vueltas en el aparato.

Produce sueños y produce también un despertar aterrorizado.

Es un resto diurno que –a pesar de esto que Freud decía, que los enfermos no pensaban todo el tiempo en esto-, si podemos afirmar que queda dando vueltas bajo la forma de un resto diurno, un resto no ligado que funciona como cualquier resto diurno, causa el sueño; hay una parte que queda ligada en el relato del sueño; y hay una que produce el despertar; el ruido, entonces, ocupa el lugar de un resto diurno, va a operar como causa. ¿Causa de qué? Causa de la satisfacción prohibida. Soporte de la moción pulsional y también soporte de la transferencia, o sea, que no es ni más ni menos que aquello con lo cual ya había operado en la interpretación de los sueños.

Freud pasa de interrogar la repetición de los sueños a preguntarse qué es la repetición, por el origen de la repetición. Dice que el juego es un modo de trabajo del aparato psíquico, pero, en realidad, es lo mismo que decía que la pulsión obligaba al aparato, hay una exigencia de trabajo del aparato psíquico. Entonces, si el juego es un modo de trabajo del aparato psíquico, tendríamos que pensar que hay una pulsión que hace el aparato psíquico jugar, cosa que no están fácil de demostrar.

Freud diferencia los momentos de este juego. Recuerden ustedes que este juego iba acompañado de dos palabras, dos significantes: Fort y da. Freud ubica en distinto nivel estos dos fonemas. Hay uno que se repite, que es Fort; el que se repite como juego es este. Cuando aparece el encuentro con el objeto que el chico había tirado –un carretel- Freud ubica ahí un cierto placer en el chico. El juego se repite fundamentalmente haciendo desaparecer objetos. Cuando aparece el placer, el juego cesa.

Primera cuestión, juego y placer se excluyen, con lo cual también tendríamos una conclusión casi obligada: el juego esta mas allá del placer; con una paradoja: si el chico, cuando encuentra ese juguete atado que tenia -ese carretel- deja de jugar, cesa el juego, cesa el placer, ¿el principio de placer será esto que no haya más placer, que el aparato psíquico llegue a un estado de tensión lo suficientemente bajo como para que no haya ningún tipo de movimiento?

Si antes les decía que el juego aparece como un modo de trabajo del aparto psíquico y ese modo esta causado por algo ¿si el aparato deja de responder, ceso el estimulo? Freud encuentra que en esta repetición hay algo anterior, originario, más originario que la búsqueda del placer y el evitamiento del displacer; algo que uno tendría que desplegar es que placer y displacer no son elementos simétricos, no pertenecen al mismo registro. Podría decir que este displacer es un nombre freudiano del goce.

Primero, hay una repetición que no produce satisfacción, por lo menos del principio de placer. Se trata de un empuje –plantea Freud- a elaborar psíquicamente, una experiencia impresionante. ¿Cuál será? Se trata, también de una ganancia de placer de otra índole, más originaria que el principio de placer.

Cuando comenzamos a trabajar dije que iba a plantear que en el comienzo del juego del Fort-da hay un acto. Un acto pensado como figura incompleta del acto analítico tiene que ver con la fundación de un sujeto como sujeto dividido: esto implica alguna pérdida. Entonces, hay en el comienzo un acto, y lo leo en los siguientes lugares: de todos los objetos que el chico tira y que pone en serie, y que pone en serie además en relación con su discurso, hay uno que nos da una punta para leer que lugar tenía, no el gesto de tirar el objeto, sino el Fort. El Fort es un momento de enunciación muy particular que Freud marca cuando hay otra escena, cuando la madre se había ido y el chico, en el momento del retorno, le cuenta que el mismo había desaparecido. No sé si recuerdan la frase “bebe-oo”, es un tirarse fuera. Este “tirarse fuera” es un punto de enunciación. Hay una producción de un único significante. Si bien el lenguaje le vino del Otro, el mensaje no.

Es un punto de absoluta enunciación. No hay un segundo significante en ese momento. (Ej. “Socorro”)

Es luego de esto, en el punto en el cual el fort ya representa al sujeto dividido, o sea, estoy hablando de que alguna perdida ahí hubo, que va a poder engancharse esto en la secuencia que Freud plantea, una dimensión fantasmatica equivalente, que es la dimensión significante. Es decir, cuando aparece el Fort-da ya tenemos una ligadura, algo del orden de una dimensión de placer.

Entonces, hay constitución de sujeto bajo la forma de alienación –no hay otra forma de constitución-, el objeto, indiferente, le permite al chico, además de suprimir la particularidad de cada objeto, constituir una categoría universal de presencia.

Ahora bien, el Fort no es el símbolo entonces de una ausencia exterior a la dimensión significante. Esta dimensión significante es la que aparece sosteniendo la posibilidad del juego, y es el significante aquello que el chico invoca, no el objeto.

La repetición le va a servir para domesticar algo del displacer que está en juego. Si hay displacer, hay ahí pulsión.

No es posible ninguna inscripción si no se da simultáneamente alguna perdida en el ser, con lo cual podría decir: pero entonces, ¿Qué tiraba? Se tiraba. El carretel va a aparecer como el soporte del sujeto, aunque luego va a ser pensado –por Lacan- como objeto. Es del orden –este juego- de una automutilación.

Hay algo que opera como exigencia de trabajo al aparato psíquico y que encuentra dos formas de respuesta distinta. Una, que muestra un intento de ligadura y otra que muestra que la ligadura fracasa. Ambas están en relación con el principio de placer mostrando que, en relación con esto, el aparto psíquico no es sino una maquina de dormir. 

Continuar con la lección 4:

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