Mas allá del Principio de Placer (VIII parte)

Párrafos seleccionados de Juan Carlos Cosentino: “Capítulo IV de Mas allá del principio de placer” en Puntuaciones Freudianas de Lacan: Acerca de Mas allá del principio de placer. Compiladores: J.C. Cosentino y D.S. Rabinovich. Ed. Manantial, Buenos Aires, 1992.  

  • La angustia traumática: 

La angustia traumática o angustia automática se diferencia de la señal de angustia.

El desamparo inicial y el llamado al otro dejan en el ser hablante una huella que no se borra: el deseo indestructible.

“La reflexión más somera nos conduce mas allá de esa insistencia en la perdida de objeto (vale decir, se refiere a un mas allá de la angustia señal que se presenta como una reacción frente a la ausencia del objeto). Entonces la situación que valora como “peligro” y de la cual quiere resguardarse es la de la insatisfacción, el aumento de la tensión de necesidad frente al cual es impotente.”

Desde este punto de vista todo se pone en orden; la situación de la insatisfacción, en que las magnitudes de estimulo alcanzan un nivel displacentero –cercano al dolor- sin que se las domine por empleo psíquico y descarga, tiene que establecer para el lactante la analogía –no dice identidad- con la vivencia de nacimiento, la repetición de la situación de peligro; lo común a ambas –angustia traumática y trauma de nacimiento- es la perturbación económica por el incremento de las magnitudes de estimulo en espera de tramitación. Bien, este factor –dicha perturbación económica por el incremento de las magnitudes de estimulo- constituye para Freud el núcleo genuino del “peligro”.

La angustia traumática carece de toda interpretación o significación psicológica. Desde Lacan, podemos ubicarnos. ¿Por qué? Porque la ausencia de significación, en el nivel de la perturbación económica o en el nivel del goce, es central. Dicha ausencia de significación funda esa perturbación económica o ese goce como fuera del lenguaje, fuera de la cadena asociativa. A esto se refiere Freud al señalar que la angustia traumática como tal “carece aún de todo contenido psíquico”.

“Con la experiencia de que un objeto exterior, aprehensible por vía de percepción, puede poner término a la situación peligrosa que recuerda el nacimiento, el contenido del peligro se desplaza de la situación económica a su condición, la perdida de objeto”.

Pasaje en Freud de la neoproducción involuntaria y automática de la angustia a su reproducción deliberada como señal de peligro.

La experiencia de satisfacción introdujo estructuralmente la perdida y la caída de la homeostasis del organismo. Ahora podemos añadir: la pérdida inaugural del goce como esa mítica primera satisfacción. Con la angustia traumática o automática irrumpe, en ese punto de perdida mismo, la perturbación económica como invasión de goce en el nivel del proceso primario.

El objeto, una vez constituido, funciona como un sitio o lugar dosificado en relación con dicha angustia traumática. Entonces, habrá señal de angustia que, en tanto tal, impedirá la infiltración de goce.

¿A que llama Freud factor traumático? “Llamamos –señala- factor traumático a un estado así –una excitación de elevada tensión- en que fracasan los empeños del principio de placer; entonces, a traves de la serie angustia neurótica - angustia realista - situación de peligro llegamos a este enunciado simple: lo temido, el asunto de la angustia, es en cada caso la emergencia de un factor traumático que no puede ser tramitado según la norma del principio de placer”.

Sin embargo -señala en la 32ª conferencia- solo la magnitud de la suma de excitación convierte una impresión en factor traumático, porque paraliza la operación del principio de placer, porque confiere su valor a la situación de peligro.

“¿Por qué no podría ser posible que factores traumáticos de esta índole sobrevinieran en la vida anímica sin referencia a las supuestas situaciones de peligro –el objeto como un lugar dosificado- y entonces a raíz de ellos la angustia no se provocara como señal, sino que naciera como algo nuevo con un fundamento propio?”

Lo nuevo: la dimensión del mas allá; el fundamento propio: aquel punto de exterioridad.

Sin duda, la dimensión del mas allá donde el trauma se muestra en el interior mismo de la estructura, donde la irrupción pulsional opera, volviendo imposible su dominio por el principio de placer, es decir, haciendo imposible su ligadura.

“La experiencia clínica –añade- nos dice de manera tajante que efectivamente es así”: -el ejemplo clínico que había tomado la vez pasada –ese punto de falla del ceremonial de dormir como irrupción de goce del ruido.

Cuando la experiencia de satisfacción pone en juego el anhelo por el objeto perdido, con la ruptura de la homeostasis del organismo y con la imposición del placer de desear, en el sueño con realización de deseo, el trauma es ligado, dominado. Vale decir, el objeto como un lugar dosificado (para ello es necesario un yo que sea su sede) que impide, en tanto tal, el desencadenamiento de la angustia automática, o sea del mas allá del principio de placer.

Entonces, cuando articulamos la angustia automática o traumática con la experiencia de satisfacción, en la falla de la función del sueño, el incremento de ese estimulo continuo que es la pulsión –comparable al estimulo doloroso como tal-, produce la perturbación económica que desencadena dicha angustia automática, o sea el mas allá.

El punto de vista económico funda el más allá. De allí que Freud define el incremento de las magnitudes de estimulo o acumulación de investiduras como el peligro fundamental –peligro real- en juego en la angustia traumática. 

  • La producción de placer: el Lust 

Señalamos que en 1893 aparece descripto el principio de constancia. “Si un ser humano experimenta una impresión psíquica en su sistema nervioso, se acrecienta algo que llamaremos la suma de excitación. En todo sujeto para la conservación de su salud, existe el afán de volver a empequeñecer esa suma de excitación”.

¿Cómo se logra? Mediante el divorcio, la separación, entre la representación inconciliable y su suma de excitación. Divorcio que conduce a la hipótesis auxiliar. “En las funciones psíquicas cabe distinguir algo (monto de afecto, suma de excitación) que tiene todas las propiedades de una cantidad –aunque no poseamos medio alguno para medirla-: algo –una x- que es susceptible de aumento, disminución, desplazamiento y descarga, y se difunde por las huellas mnémicas de las representaciones como lo haría una carga eléctrica por la superficie de los cuerpos.”

Al conectar esta hipótesis auxiliar con la tarea de la defensa, aparece una novedad que consiste en transformar esa representación intensa en una representación débil, arrancarle el afecto, la suma de excitación que sobre ella gravita.

Entonces esa representación débil dejara de plantear totalmente exigencias al trabajo asociativo; empero, la suma de excitación divorciada de ella tiene que ser aplicada a otro empleo.

“La representación ahora debilitada queda segregada de toda asociación dentro de la conciencia”. El conflicto que se produce en el inicio deja una doble marca: la representación debilitada y la suma de excitación (la huella de la mítica experiencia de satisfacción, allí donde se constituye el objeto como perdido) que sostiene una conversión o una transposición.

Los caminos se separan.

Mientras en la neurosis obsesiva la suma de excitación se adhiere a otras representaciones dando lugar a la representación obsesiva o compulsiva, en la histeria dicha suma se transpone a lo corporal dando lugar al síntoma de conversión.

De allí que en la histeria se vuelve inocua –no sin síntoma- la representación inconciliable, transponiendo a lo corporal –no sin resto- la suma de excitación. En este desplazamiento de la suma de excitación de la representación inconciliable a lo corporal, recortado por los significantes, se constituye el síntoma de conversión.

Sin embargo, los sintomas introducen el padecimiento subjetivo. Con dicho sufrimiento subjetivo la emergencia de displacer cuestiona el afán del principio de constancia de volver a empequeñecer esa suma de excitación. De allí que la suma de excitación, aunque reprimida en tanto síntoma de conversión, acompaña la pulsión en sus desplazamientos significantes pero no se deja contar en ellos, vale decir, no se agota en los significantes que recortan el cuerpo.

Esta infiltración del síntoma por la suma de excitación lleva a una dimensión que la histeria promovió siempre a un primer plano mediante “la aptitud para la conversión”: la dimensión del cuerpo como soporte necesario del goce que escapa al síntoma definido como metáfora.

Cuando el síntoma en el análisis se despliega en la transferencia con la insistencia significante –la repetición- y el retorno de lo reprimido, hay recuperación parcial de la pérdida que provoca la experiencia de satisfacción; por añadidura la ganancia de placer producida por la cadena significante.

Vale decir, con dicha recuperación canaliza la suma de excitación (el goce), la cadena significante. Pero dicha energía (goce) está ligada, domesticada, por la misma cadena asociativa.

Lo que retorna, insiste, haciendo posible la temperancia, la moderación del mas allá por el principio de placer que “después adopta tal orientación que su resultado final coincide…con una producción de placer” como ganancia de placer o recuperación de goce, como señalamos, vehiculizado por la cadena.

Si el más allá sostiene la ligadura –y también la ruptura: la irrupción no placentera de goce del ruido allí donde la analizante de Freud espiaba con las orejas en el punto de fracaso de aquel ceremonial – ya no es posible volver a empequeñecer esa suma de excitación. Si en todos los casos al principio de placer lo pone en marcha una tensión displacentera, en tanto esta el más allá, a diferencia de 1893 su resultado final coincide con una producción de placer. El goce, aunque ligado, condiciona la producción de placer y no está al servicio del placer.

Continuar con la lección 9:

http://www.saludypsicologia.com/posts/view/261/name:Mas-Alla-del-Principio-de-Placer-IX-parte

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