Psicología Positiva

¿Qué ocurre cuando enfrentamos experiencias negativas? Estas son particularmente importantes, porque nos revelan lo que no tenemos que hacer, lo que debemos evitar. Todo ser humano debe aprender a superar experiencias negativas, adquiriendo habilidades para afrontarlas. Se dice que una persona es resiliente cuando su capacidad para sobreponerse a eventos negativos esta adecuadamente desarrollada. Como se ve, no se trata de un rasgo innato, sino que es más bien producto de un aprendizaje exitoso.

Martín Seligman estudió el papel de ciertas experiencias negativas en el desarrollo de la depresión. Descubrió que cuando un grupo de perros era expuesto a una situación desagradable de la que no podían escapar, dejaban de ladrar, de intentar zafarse y pasaban a exhibir una conducta pasiva. Lo interesante fue hallar que en experiencias posteriores, esos perros tenían dificultades para reconocer las conductas que les permitirían escapar de los mismos estímulos desagradables. La experiencia negativa incontrolable había modificado su modo de ver esas situaciones y, por ende, su conducta futura. Se la considera una teoría cognitiva, en tanto enfatiza el papel que cumple la cognición -el modo de interpretar la situación- en la determinación de la conducta ulterior.

En los seres humanos se observo algo similar. Si una persona se consideraba desvalida frente a una situación, entonces no intentaba modificarla. Las personas deprimidas se veían a sí mismas como indefensas, y eso interfería en su capacidad para detectar las conductas necesarias para salir de un atolladero.

Seligman se planteo posteriormente la pregunta inversa: ¿Qué hace que una persona confié en poseer los recursos necesarios para enfrentar situaciones futuras? Así nació la psicología positiva, destinada a estudiar las emociones positivas y el optimismo.

Las mismas experiencias que dieron lugar a la teoría de la depresión sugieren que, hasta cierto punto, el optimismo y pesimismo son aprendidos. Por ende, sería posible modificar este aprendizaje en la adultez.

Los chicos expuestos al abandono y la negligencia en el cuidado, a la privación emocional, al abuso sexual o al maltrato desarrollan una visión negativa de sí mismos y de las otras personas. Estas experiencias moldean sus expectativas futuras.

Fenómenos menos extremos, como la critica constante y exagerada o la exposición constante a una visión negativa o fatalista de la realidad pueden hacer que el chico se crea incompetente y vea al mundo como un lugar altamente incontrolable en el que tarde o temprano habrá de fracasar estrepitosamente.

Es claro, por otra parte, que no puede alcanzarse la resiliencia sin exposición a eventos negativos. No podemos desarrollar nuestras habilidades de afrontamiento si no nos exponemos a los problemas. La desprotección completa y la protección completa son igualmente nocivas. Los padres pueden favorecer el proceso asegurando que los aprendizajes sean graduales, de modo que le chico no enfrente las situaciones negativas hasta contar con recursos proporcionados al nivel de desafío planteado.

Martín Seligman hace tres recomendaciones básicas sobre este punto:

  1. Las emociones positivas amplían y desarrollan los recursos intelectuales, sociales y físicos de lo que los hijos dispondrán en la vida adulta.
  2. Aumentar las emociones positivas puede dar lugar a una espiral ascendente de sentimientos positivos.
  3. Tener presente que los rasgos positivos que muestren los hijos son tan auténticos y reales como los negativos. 

La teoría de Seligman está basada en un vasto conjunto de investigaciones empíricas, realizadas en instituciones académicas de prestigio. No se trata de una psicología popular de la autoestima, de la que Seligman ha sido muy crítico, reprochándole su falta de base científica y su incomprensión del valor de las experiencias negativas.

Fuente: Párrafos seleccionados de Keegan, E.: “Escritos de psicoterapia cognitiva”. Parte II (Introducción a la terapia cognitiva)

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