Psicología Educacional (III parte)

Párrafos seleccionados de Bleichmar, S.: “Violencia social – Violencia escolar. De la puesta de límites a la construcción de legalidades.”  Caps: Subjetividad en riesgo: herramientas para su rescate – Pags.: 12, 23 y 121. Noveduc, 2008.

Subjetividad en riesgo: Herramientas para su rescate

Reciudadanizar al sujeto

Nuestras acciones no deben reducirse a la incorporación de los jóvenes a la vida pública, sino también a su reinclusión. Reinclusión implica –además de permanencia- la reciudadanización de los chicos y de los sectores de los cuales ellos forman parte.

En la actualidad, los nuevos modelos de reordenamiento de socialización de los chicos no pasan solamente por la familia en el sentido tradicional, sino también por la forma en que la sociedad civil reabsorbe los restos del despedazamiento que hemos padecido durante estos últimos años.

Uno de los ejes que establecimos es la idea de lo traumático y qué lugar había que darle. Mediante la idea de traumatismo nos referimos a la insuficiencia de las herramientas para resimbolizar la realidad, o para poder producir, de alguna manera, representaciones capaces de capturar la realidad cuando la subjetividad se ve amenazada por la ruptura de significaciones previas que permitían su aprehensión.

Los modos del sufrimiento que nos aquejan

El primer tema que abordaremos es la cuestión del traumatismo.

Han cambiado los miedos en nuestro país. Los tiempos de paz son tiempos en los cuales uno puede volver a los miedos privados. En tiempos de paz podemos temerle a la vejez, a los animales, o a quedarnos sin casa, a perder el amor de los seres queridos, a la soledad… Por el contrario, en tiempos que no son de paz, también los miedos son colectivos. Y nuestro país hace muchos años que no nos da tregua como para que nos permitamos los miedos privados: le tenemos miedo a la agresión del otro, a que nos maten por error, a viajar en transportes públicos.

Las nuevas formas de subjetividad

El segundo punto que abordaremos son las nuevas formas de subjetividad y las nuevas formas de enlace –amoroso o de odio- al semejante. Ha habido cambios en los procesos de subjetivación y esto acarrea nuevos modos de conducta, en particular modos brutales de relación entre los chicos que antes solo tenían lugar como productos fantaseados o como deseos reprimidos.

Por el otro lado, los nuevos métodos de enlace, en este caso ligador y no destructivo, deben contemplar algo que señalamos al comienzo: las formas diferentes con las cuales se establecen los nexos de ensamblaje que reemplazan a las antiguas formas familiares, tradicionales, de agrupamiento. El problema es recomponer el concepto con el que articulamos la noción de familia.

La función central de la familia consiste en la protección y cuidado de los más débiles para garantizarles un lugar en el mundo y un desarrollo que no los deje librados a la muerte física o simbólica. En razón de lo cual debemos comenzar a pensar que hay una enorme cantidad de niños que no provienen ya de familias desintegradas, sino de nuevas formas de agrupamiento, de las cuales debemos rescatar la función que cumplen y ayudarlas a ejercer del mejor modo sus tareas.  Familias con nuevas formas de organización, familias integradas por grupos diferentes; rompiendo así con los viejos criterios de familia integrada o desintegrada, que remiten a la forma clásicamente acuñada y se tornan insuficientes ya de todos los ángulos para comprender la realidad.

Identidades en tránsito, familias en tránsito

Hay gente que durante cierta época de la vida logra armar un núcleo que le permite sostenerse, o niños que son sostenidos en ciertos núcleos. Estos núcleos luego se desarticulan y se arman otros, o no. Teniendo esto en cuenta, es preciso redefinir si un niño tiene familia o no sobre la base de otros términos. Y es necesario para ello recuperar ese término que la antropología acuño: el de “filiación”. Una familia que no la constituye una pareja estable –cuya relación sería de alianza-, sino que la constituyen dos generaciones con cierta estabilidad en el ejercicio de sus funciones. Esto quiere decir que, en la medida en que hay un adulto capaz de cuidar a un niño, y un niño capaz de ser cuidado por un adulto, tenemos una familia. Así, familia significa alguien que respalde y alguien que se siente respaldado. Es decir, que se estructuren los roles de tal manera que permitan que aquel que respalda sea quien se siente responsable de la supervivencia y desarrollo simbólico, de la evitación del sufrimiento del respaldado, en los términos que las posibilidades de vida que puede sostener le brinden.

Inteligencia y cuidado de la vida

La única manera de aprender a preservar la vida se sostiene en la antecedencia del saber del adulto sobre el saber del niño, lo cual es la condición misma de la supervivencia inicial. El aprendizaje de la vida se produce, en principio, por transmisión de otro humano. La información genética es absolutamente insuficiente e incorrecta para la vida humana; es decir, es correcta para la vida animal del ser humano, pero no para la vida humana del ser humano.

La humanización es perturbación de la función. Esto, que parece una perturbación, es en realidad el origen de la vida simbólica. Es precisamente esta perturbación la que abre todas las vias de la vida social.

Los seres humanos antropomorfizamos algo que, siendo del orden de la naturaleza, mediante y por esa antropomorfización es introducido en el orden de la humanización; esto es lo que hacen las madres con los bebés y lo que permite que se empiecen a establecer representaciones que no son puro reflejo de la realidad.

Nosotros no sólo manipulamos códigos, sino que los creamos; no sólo manipulamos objetos, sino que los creamos, aun cuando no tengan ninguna viabilidad en lo real, sino como objetos que, siendo producto de la imaginación, al ser transmitidos forman parte de esa realidad tan particular que constituye la cultura.

Esta explicación sirve a los efectos de plantear que el ser humano no solamente tiene una inteligencia capaz de manipular lo real, sino de producir nuevas realidades.

El problema que quiero señalar es que la inteligencia se construye en una antecedencia del otro. Y no se constituye para que el ser humano pueda simplemente mantenerse con vida, sino para que esa vida tenga un sentido.

El sentido de la vida no está en su totalidad, sino en la posibilidad de pergeñar algún tipo de pasado y de futuro, se va constituyendo en su sentido y va variando de sentido. Pero lo fundamental es que al vida humana no es pura inmediatez ni permanencia cotidiana, es posibilidad de proyectar un futuro. Esta es la diferencia, en mi opinión, entre “tiempo por delante” y “futuro”. Y el problema es que existen hoy generaciones enteras que tienen “tiempo”, pero no “futuro”.

Queremos plantear la discusión sobre qué modelo de país estamos proponiendo para estas generaciones.

El cuidado de la vida no puede estar exento del sentido de la vida

¿Cómo se le plantea a alguien el cuidado de la vida sin retransmitirle un sentido de la vida y sin replantearle un futuro? Y para reformular esta cuestión debemos salir nosotros mismos del traumatismo que hemos padecido como país y que nos ha dejado sumidos en la desesperanza. Desesperanza es no creer en la posibilidad de modificar las condiciones.

No podemos decirles a los chicos que tienen que ir a la escuela porque así se ganarán la vida. Decirle a un ser humano que tiene que estudiar porque está trabajando para tener trabajo es contradictorio con darle un sentido a la vida. Porque lo que le estamos diciendo es que su vida solo vale para ser conservada en sí misma, y no para producir algo diferente. Si a un ser humano le decimos que lo único que importa de todo lo que está haciendo ahora es prepararse para seguir viviendo, estamos hablándole a un esclavo y no a un ser humano. Los seres humanos tienen que sentir que lo que hacen tiene algún sentido que excede a la autoconservación.

No se le puede plantear a un ser humano que el sentido de su vida está en ganarse la subsistencia, porque eso no es el sentido de ninguna vida. Tenemos que terminar con esta idea que les planteamos a los chicos de que el único sentido de conservar su vida es para que trabajen y sobrevivan: el sentido de conservar su vida es para producir un país distinto en donde puedan recuperar los sueños. Y la escuela es un lugar de recuperación de sueños, no solamente de auto-conservación.

La construcción de una ética

Cada uno decidirá cuál es la manera en que lucha contra una economía tan perversa. Pero elijamos el camino que eligiéramos, desde nuestra tarea profesional si podemos luchar contra los efectos desubjetivantes de esa economía.

La función de la teoría como resguardo ante la inmediatez

Pienso que la practica sin teoría deja a la gente totalmente desprotegida para pensar.

El día que reduzcamos nuestro trabajo a la inmediatez nos quedaremos sin futuro. Me parece que detrás de la discusión y los pedidos de medidas prácticas se cuela una concepción general de la educación: si les enseñamos a los chicos a estar en escuelas fábricas, o si producimos pensadores para el país y el futuro. Yo tengo un cierto rechazo a la idea de que la enseñanza tiene que estar centrada en la práctica. Lo vi mucho en el tercer mundo, y creo que esto solo ha ayudado a producir factorías para el primer mundo, no a producir pensadores científicos y a construir un futuro.

Algo terrible que ha pasado en estos años es que la escuela se ha convertido en una transmisora de conocimientos, y no en una formadora de seres humanos. Debemos pensar juntos cómo podemos evitar eso.

De la subjetivación a la re-subjetivación

Hay una suerte de reconversión de identidades; por eso hay procesos de re-subjetivación espontáneos.

La escuela es un lugar indudable de inclusión y de re-subjetivación. Quiere decir formación del sujeto. Quiere decir herramientas, no para la producción, sino para la socialización.

Cuando yo digo que hay desubjetivación me refiero entonces a que el otro es un medio para mí.

¿Qué quiere decir “un sujeto”?

Un sujeto es alguien que conoce, pero además alguien consciente de su propia existencia. A partir de esto, el sujeto conoce que está ante el mundo y se plantea enigmas.

Conocer no quiere decir tener información, sino quiere decir producir hipótesis. Acá entra una cuestión importante: en la Argentina nadie sabe ya cómo manejar tanta información. La formación escolar tiende a un exceso de información que en realidad obstaculiza la posibilidad de producción de conocimientos.

Creo que hay que romper con la idea de una relación estrecha entre normalidad y salud. Nuestra normalidad actual no es saludable.

Lo normal no es necesariamente lo saludable

En la medida en que hay un déficit en la posibilidad de constituirse como sujetos de futuro, los captura la inmediatez. Y nuestra sociedad ha producido una diferencia entre felicidad y placer obtenido. La mayoría de la gente se atiene a goces más básicos y no tiene capacidad de felicidad. La felicidad es una sensación de confort con uno mismo que incluye también al otro, que implica un proyecto y que implica cierto nivel de trascendencia.

Por eso es tan importante recomponer la noción de futuro para que la vida tenga sentido, y no confundir formas de no preservación de la vida con búsqueda de la muerte, que son muy diferentes.

Es necesario recomponer lazos de solidaridad

Cuando digo ruptura de los lazos solidarios, me refiero a que sólo se da lo que sobra. La solidaridad no es solamente dar lo que a uno le sobra: la solidaridad es poder privarse de algo de uno mismo, y aquí no me refiero solamente a dinero u objetos, sino también a tiempo y capacidad de escucha… Yo creo que se ha perdido esa idea, y que en la Argentina se ha confundido solidaridad con caridad.

Quiero terminar con una medida práctica. Es necesario saber que, cuando un niño hace una pregunta que no podemos responder, debemos elaborar una respuesta que sea tan auténtica como respetuosa. Pienso que uno no debe responder cuando no tiene las palabras, ni huir porque no tiene las palabras. Y nuestra función consiste en demostrarle al otro que hay posibilidades de mora en la representación de algo, y en ese caso uno tiene que enseñarle al otro la posibilidad de pensar. Enseñarle que uno no tiene todas las respuestas, sino que las construye a partir de los nuevos modos que la realidad le trae, y proponerle no solo respuestas, sino un verdadero modelo de pensar los interrogantes. Darle el mensaje de que las cosas requieren pensamiento y no solamente acción. Me parece que esto hace a la recuperación del pensamiento, y esta será la única enseñanza práctica que yo dejare en esta exposición para que ustedes retomen los temas planteados en el futuro.

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Psicoanálisis