Biología y Sociedad: Intercambio de métodos

Párrafos seleccionados de Canguilhem, G: “Escritos sobre medicina”. Caps.: ‘El problema de las regulaciones en el organismo y la sociedad’. Amorrortu editores. Bs. As., 2004.

El problema de las regulaciones en el organismo y la sociedad

¿Hay algo más que una metáfora en la usual asimilación de la sociedad a un organismo?

Tal asimilación permanente de la sociedad al organismo proviene de una tentación que duplica en general la tentación inversa, la de asimilar el organismo a una sociedad.

Cuando se asimila la sociedad a un organismo, no es únicamente en virtud de una teoría sociológica de vida bastante corta, cuyos días corrieron con rapidez en las postrimerías del siglo XIX. Esta teoría es llamada organicismo.

Lo que domina la asimilación del organismo a una sociedad es la idea de la medicación social, la idea de la terapéutica social, la idea de remedios para los males sociales.

Un organismo es un modo de ser totalmente excepcional debido a que entre su existencia y su ideal, entre su existencia y su regla o su norma, no hay, estrictamente hablando, diferencia. Desde el momento en que un organismo es, desde el momento en que vive, ese organismo es posible, es decir que responde a un ideal de organismo; la norma o regla de su existencia está dada en su existencia misma; de modo que, tratándose de un organismo vivo, y para tomar el ejemplo más trivial, tratándose del organismo humano, la norma que es preciso restaurar cuando ese organismo se lesiona o enferma, no se presta en lo mas mínimo a la ambigüedad. Sabemos muy bien lo que es el ideal de un organismo enfermo; el ideal de un organismo enfermo es un organismo sano de la misma especie. Es decir que, aun cuando no se sepa exactamente en qué consiste el desorden orgánico, aun cuando el médico discuta sobre la naturaleza del mal, aun cuando se discuta sobre la composición y administración de los remedios, nadie discute sobre el efecto que se espera de ellos; el efecto esperado de estos remedios es la restauración del organismo en su estado de organismo sano; en síntesis, el ideal del organismo está aquí claro para todo el mundo, es el organismo en sí. Se puede dudar sobre el diagnostico y la terapéutica, pero nadie duda sobre lo que se debe esperar de la terapéutica. En síntesis, en el orden del organismo se ve comúnmente discutir a todo el mundo, por decirlo así, sobre la naturaleza del mal, y a nadie sobre el ideal del bien.

En cuanto a la sociedad, lo que se discute es su estado ideal o su norma.

Es aquí precisamente donde se plantea el problema. La finalidad de la sociedad es precisamente uno de los problemas capitales de la existencia humana y uno de los problemas fundamentales que se plantea la razón.

En la existencia de una sociedad, la norma de la sociabilidad humana no está encerrada. De ahí la multiplicidad de soluciones posibles que calculan o sueñan los hombres para poner término a las injusticias.

La vida de una sociedad no es inherente a ella misma.

Podríamos decir que, en el orden social, la locura es mejor discernida que la razón, mientras que en el orden orgánico la salud es mejor discernida, mejor determinada que la naturaleza de la enfermedad.

Lo propio de un organismo es vivir con un todo y no poder vivir sino como un todo. Lo que hace esto posible es la existencia en el organismo de un conjunto de dispositivos o mecanismos de regulación, cuyo efecto consiste precisamente en el mantenimiento de esa integridad, en la persistencia del organismo como todo.

El organismo, por el solo hecho de su existencia, resuelve una especie de contradicción que es la contradicción entre la estabilidad y la modificación. Hay en todo organismo una moderación congénita, un control congénito, un equilibrio congénito. A partir de Cannon, es denominada con un término científico, “homeostasis”.

Cannon se pregunta si no sería posible hallar en la sociedad ejemplos de mecanismos de regulación que amortigüen las variaciones y tiendan a compensar los desordenes.

No podemos considerar a una sociedad como un organismo. El hecho de que una sociedad este organizada no significa que sea orgánica; diría de buen grado que la organización, en el plano de la sociedad, corresponde más al orden de la acomodación que al de la organización orgánica, pues lo que caracteriza al organismo es precisamente el hecho de que su finalidad, en forma de totalidad, está presente para él y está presente para todas las partes. Pero una sociedad no tiene finalidad propia; una sociedad es un medio; una sociedad pertenece más al orden de la máquina o de la herramienta que al orden del organismo.

Por consiguiente, no siendo un organismo, la sociedad supone e incluso reclama regulaciones; no hay sociedad sin regulación, no hay sociedad sin regla, pero no hay en ella autorregulación. En ella la regulación esta siempre, por decirlo así, sobreañadida, y es siempre precaria.

Ya en Platón, la justicia no era inherente a una parte del cuerpo social: era la forma del todo. Si la justicia, que es la forma suprema de regulación de la sociedad humana, no es congénita a la sociedad misma, entonces no es ejercida por una institución situada en el mismo nivel que las demás instituciones.

El signo objetivo de que no hay justicia social espontanea, es decir, de que no hay autorregulación social, de que la sociedad no es un organismo y por consiguiente su estado normal es quizás el desorden y la crisis, es la necesidad periódica del héroe experimentada por las sociedades.

Donde está la sabiduría no se necesita heroísmo, y cuando el heroísmo aparece, es porque no hubo sabiduría.

La justicia no es un aparato social y ninguna sociedad ha podido sobrevivir sino pasando por crisis y gracias a esos seres excepcionales llamados héroes.

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