Arteterapia, Grupos, Creatividad, Imaginería, Simbolismo y Metáfora

El tratamiento y la rehabilitación psicosocial de los pacientes con enfermedades mentales necesita nutrirse de experiencias integrales. Las artes como manifestación humana han acompañado al hombre desde el inicio de los tiempos, por tanto, hoy reclaman su lugar en el cuidado y apoyo social de los diversos grupos de personas vulnerables a la psicosis y a otras patologías psiquiátricas.

Dada la gran relevancia sanitaria que los diversos trastornos mentales representan para nuestro país, resulta un desafío el desarrollo y la implementación de nuevas alternativas terapéuticas, acordes con la actual mirada integral y biopsicosocial con la que se aborda a nivel terapéutico a las personas con patologías psiquiátricas. Este artículo presenta la síntesis de una revisión bibliográfica, tanto nacional como internacional, sobre los diferentes trabajos de investigación que contribuyeron a sustentar la práctica del arteterapia en el campo de los trastornos mentales. 

La terapia artística inició su desarrollo en los talleres artísticos. Desde una perspectiva histórica podemos reconocer que en los años 50 y comienzos de los 60 un conjunto de factores sociales y culturales se reunieron, abriendo un camino al desarrollo de actividades artísticas en los hospitales psiquiátricos.

En el arteterapia se pasa a dar importancia a la expresión personal, dejando atrás los cánones clásicos de dar relevancia a una forma y una técnica correctas. Las miradas subjetivas respecto a la expresión visual alcanzan también a otros campos profesionales como la educación y la salud. 

En la salud mental, vemos cómo el arte se reúne con la salud, ya que cumple los mismos objetivos de bienestar y desarrollo. El arteterapia como disciplina presenta un inherente carácter interdisciplinario que reúne el arte y la salud, permitiendo a las personas disfrutar de autonomía, libertad e inclusión social (Wood, 1997).

Reyes (2003) y (2004) realiza una revisión de enfoques y aplicaciones del arteterapia grupal en los trastornos mentales severos (TMS). Basándose en observaciones clínicas de terapeutas artísticos con grupos con personas con trastornos mentales severos publicadas en revistas especializadas y a partir de la sistematización de sus propias observaciones clínicas sobre un trabajo grupal realizado durante un año y medio, Reyes sintetiza los siguientes factores terapéuticos de arteterapia grupal en esta población específica:

a. La auto-observación de la creatividad es un medio de autoconocimiento, en tanto que revela otros aspectos del yo (Reyes, 2004).

b. El manejo y la comprensión de las defensas presentes durante el proceso creativo fortalece las funciones yoicas (Killick & Greenwood, 1997).

c. Se desarrolla un sentimiento de competencia y mejoría de la autoimagen a través de la experiencia con los materiales artísticos y el logro de ejecutar una actividad positivamente (Charlton, 1987).

d. El trabajo artístico ayuda a contener la ansiedad y es un vehículo que favorece la relación (Skaife & Huet, 1998).

e. En el trabajo creativo los trabajos son en sí mismos puentes de interacción interpersonal. La utilización de lenguaje no verbal favorece la autoexpresión y la comunicación (Dalley & Case, 1993).

f. Los aspectos irracionales en un contexto creativo se vuelven más tolerables y esto favorece la exploración de sentimientos no tolerados, como por ejemplo, la agresividad o ideas delirantes (Sarra, 1998).

g. La aparición de recuerdos de la infancia ofrece una oportunidad de continuidad vital la cual muchas veces ha sido discontinuada por la violencia de aparición de la enfermedad mental (Molloy, 1997).

h. La imagen visual creada durante el proceso grupal se constituye en metáfora que favorece los procesos de contención y cohesión grupal, enriqueciendo la dinámica grupal (Reyes, 2004).

i. Por otro lado, la imagen visual creada constituye un medio de proyección de las ansiedades grupales mejorando los procesos de transferencia (Skaife & Huet, 1998).

Los Grupos:

Existe al respecto un consenso entre los arteterapeutas sobre la importancia de los fenómenos relacionales, el poder comunicativo y expresivo de las imágenes y su ayuda en la integración de procesos inconscientes a nivel consciente. El objeto artístico-visual sirve de “puente” entre el mundo interno y el externo. También se constituye un vehículo para la socialización y el contacto interpersonal contribuyendo a promover y mantener la salud y el bienestar general de las personas (Waller, 1990).

Por otro lado, sabemos que los elementos comunes que definen a las personas con trastornos mentales severos y, especialmente con esquizofrenia, pueden resumirse en: una mayor vulnerabilidad al estrés, dificultades para afrontar las demandas del ambiente, déficit en sus habilidades y capacidades para manejarse autónomamente, dificultades para interactuar socialmente, pérdida de redes sociales de apoyo que en muchos casos se limitan sólo a su familia y situaciones de aislamiento social, dependencia elevada de otras personas y servicios sanitarios y/o sociales, así como dificultades para acceder y mantenerse en el mundo laboral, lo que supone un obstáculo para su plena integración social y favorece la dependencia económica, la pobreza y la marginación (AEN, 2002).

Gran parte de los estudios revisados por la autora provienen de experiencias en grupos. Dicho interés parte fundamentalmente de la observación de la eficacia de los tratamientos grupales en esta población y, en particular, en la esquizofrenia. Esto ha sido mostrado en diversos estudios tanto en pacientes hospitalizados como ambulatorios, aplicando múltiples modelos (Guimón, 2003). El formato grupal se recomienda especialmente ya que su naturaleza interpersonal permite a los pacientes compartir estrategias de afrontamiento de los síntomas, contrastar la realidad de sus experiencias de forma directa e indirecta, recibir apoyo y apoyar de manera altruista a los demás, mejorar sus habilidades para relacionarse con los otros y disminuir su sentimiento de aislamiento mediante fenómenos de generalización. El grupo ofrece experiencias de socialización, modelos de comportamiento y una transferencia más compartida y menos dependiente del terapeuta lo cual probablemente determine mejores resultados que los obtenidos en la psicoterapia individual (Guimón, 2003). 

Del mismo modo, los grupos de arteterapia han revelado que debido a su naturaleza práctica (hacer arte) proveen de una estructura que puede ser vivida como menos amenazante que un grupo puramente verbal. Los pacientes están menos expuestos que en un grupo verbal pues interactúan a través de la utilización de los materiales artísticos, los objetos de arte y del proceso creador, siendo útil para personas que se benefician del grupo pero les cuesta enfrentarse o relacionarse con los otros. Estos resultados se basan en estudios observacionales y estudios de casos (Waller, 1993).

En este sentido, la experiencia de países europeos aporta una oferta diversa de servicios sanitarios y sociocomunitarios de apoyo, entre los que las terapias de arte cumplen un rol muy importante (Wood, 1997).

La especialidad de arteterapia, puede definirse como:

“Una especialización profesional que recurre tanto a las artes y las imágenes visuales como a los procesos creativos- receptivos con fines terapéuticos, educativos, de prevención, rehabilitación y desarrollo personal” (Marinovic, 2000).

En un intento por aunar la diversidad de la práctica del arteterapia en el ámbito clínico, la Asociación de Profesionales de Arteterapia Británica presentó una definición general de arteterapia. En ella se plantea que "el centro del arteterapia es la imagen y el proceso que implica una transacción entre el creador (el paciente), la obra de arte y el terapeuta” (BAAT, 2008).

En el área de la investigación de esta nueva práctica profesional, una revisión sistemática reciente de la Cochrane Library (Ruddy & Milnes, 2006), basada en dos ensayos seleccionados de 56 estudios, concluye que el arteterapia mejora el estado mental en los pacientes con TMS, sus relaciones interpersonales y su red social. Sin embargo, los diseños de los estudios son deficientes ya que disminuyen su validez interna y, por tanto, la posibilidad de generalizar su eficacia demostrada. En otro estudio realizado por Odell-Miller y cols. (2006) se evalúa la efectividad de las terapias artísticas (terapia danza-movimiento, musicoterapia, arteterapia) en personas con trastornos mentales severos de larga duración. El estudio concluye que la visión de los usuarios de grupos de terapias de arte muestra una valoración positiva respecto a sus contribuciones en la mejoría de su autoestima y de la posibilidad de expresar sus problemas.

Una de las aportaciones más relevantes y específicas de las terapias de arte es que éstas parten del desarrollo artístico en un nivel preverbal. Todas las modalidades de arte involucran a la persona como un todo, incluyendo lo sensoriomotor, lo perceptivo, lo cognitivo, lo emocional, lo social y lo espiritual. 

Creatividad:

La creatividad ha sido definida como:

“La capacidad humana de producir resultados mentales de cualquier clase, nuevos en lo esencial y anteriormente desconocidos para quien los produce. Puede tratarse de obras de la imaginación o de síntesis de pensamientos que no constituyan un mero resumen de estos pensamientos. La creatividad contempla la formación de nuevos sistemas y nuevas combinaciones a partir de datos conocidos, así como la transferencia de relaciones conocidas a nuevas situaciones y la formación de nuevas correlaciones. La actividad creativa debe ser intencionada y apuntar a un objetivo. Es decir, no debe ser inútil, aunque el producto no tiene por qué estar completamente acabado ni listo para su inmediata utilización. Puede adoptar una forma artística, literaria o científica o ser de carácter técnico o metodológico” (Drevdhal, 1968).

Diversos estudios sobre creatividad y psicosis han revelado las diferencias del proceso creativo en este tipo de población. Grube (2002) explica que la variable “tolerancia a la ambigüedad”, es decir, la capacidad de contener la ansiedad que provoca la información discordante, se encuentra disminuida en los pacientes con psicosis y, en general, en las personas con trastornos psiquiátricos. De modo general podríamos decir que la patología mental en sí misma no nos vuelve más creativos naturalmente, si no que más bien observamos que los pacientes psiquiátricos presentan una mayor rigidez cognitiva, expresada mediante la presencia de una baja tolerancia al estrés.

En este sentido, los enfoques de las terapias creativas centradas en la estimulación de experiencias basadas en métodos sinécticos y analógicos no son recomendables para esta población. El trabajo terapéutico con esta población demanda un abordaje distinto. Reyes (2007) describe cómo en el trabajo individual de arteterapia con un joven con esquizofrenia éste valoró significativamente el momento en que pudo reconocer su potencial creativo. El estudio de este caso también muestra que la intervención terapéutica necesitó de una labor de apoyo y soporte constante que permitió el flujo de la experiencia creadora. 

Imaginería, simbolismo y metáfora:

Cuando los artistas modernos vieron las obras de los pacientes recluidos en los hospitales psiquiátricos, no pudieron por más que asombrarse de su libertad visual, su creatividad y su personal subjetividad

En el caso de los pacientes con psicosis, la expresión natural de este trastorno es en sí misma metafórica. El psicoanalista austriaco Ernst Kris plantea que “en el lenguaje psicótico: el sueño, las palabras y los objetos son a menudo intercambiables; las asociaciones sonoras reemplazan a las asociaciones de objetos, es decir, el doble significado de las palabras es empleado como el doble significado de las formas en los dibujos”. La ambigüedad suele acompañar la imaginería de lo psicótico. Para Kris estos resultados creativos se asocian con el hecho de que la psique psicótica se encuentra sometida al proceso primario, propio del aparato psíquico del inconsciente.

Los estudios de estética y psicopatología expresiva han reconocido en el trabajo de Kris la descripción de las características del lenguaje visual en la psicosis. Uno de sus estudios más importantes fue la psicobiografía del escultor barroco Franz Xaver Messerschmidt.

Esta emergencia de los procesos primarios en la psicosis es justamente la que apoya la necesidad de un trabajo arteterapéutico fundado en la contención emocional. De este modo, el abordaje de las personas vulnerables a la psicosis enfocado hacia el desarrollo de la creatividad necesita de consideraciones técnicas específicas, como es el fortalecimiento de la relación de soporte y apoyo. 

Comunicación no verbal:

Cuando el psiquiatra Paul Watzlawick enunció su ya clásico axioma de la teoría de la comunicación respecto a la “imposibilidad de no comunicar”, la afirmación de que todo acto humano siempre comunica algo, nos situó en el centro de la temática de la comunicación no verbal. La terapia de arte suele plantearse como una alternativa no verbal en el trabajo terapéutico. Los recursos no verbales de la terapia artística abarcan diversas dimensiones. Por un lado, podemos reconocer su potencial dialéctico, es decir, a través de la promoción de un intercambio social de un modo indirecto y menos amenazante. Por otro lado, la elaboración de una imagen visual implica un proceso de pensamiento plasmado en una dimensión visual que puede ser vista y/o compartida por otros.

Relación triangular:

La relación triangular en arteterapia se basa principalmente en los conceptos desarrollados por el psicoanalista inglés Donald Winnicott (2000) de espacio, objetos y fenómenos transicionales. Este área intermedia crea un ámbito de juego en el que el paciente puede experimentar con objetos en una actividad simbólica y aprender que no tienen efectos concretos sobre ellos mismos o el terapeuta.

El objeto intermediario descrito por Winnicott, lugar que ocupa el objeto de arte en la terapia artística, ocupa un espacio en la fantasía y la realidad al mismo tiempo. El término objeto de transición es introducido por Winnicott para describir un área intermedia de la experiencia, antes de que las relaciones de objeto reales y pruebas de realidad estuvieran establecidas. La teoría de este psicoanalista respecto a la creatividad sostiene que desde el apego de un objeto que se ha desarrollado en los procesos de diferenciación y separación del mundo externo en la infancia temprana, se forman las condiciones para la creatividad adulta. Es decir, de esta experiencia de diferenciación temprana, intermediada por un objeto llamado transicional, deriva la capacidad de investir objetos culturales de todo tipo y la habilidad de hacer vínculos creativos entre mundos internos y externos.

En este sentido se puede conceptualizar el arteterapia desde la óptica de zona intermedia, en donde el espacio-taller, los materiales de arte y los objetos de arte (imágenes bi o tridimensionales) cumplirían la función de objetos transicionales y el terapeuta el de la relación vincular. Relación intermediaria que desde la mirada del desarrollo psicológico permitió el estado de integración propio de una función yoica fuerte y sana. La psicosis se refiere a un estado mental de no integración, es decir, un estado en donde los límites entre experiencia interna y externa se encuentran difusos. De aquí los episodios de crisis en donde el ego se debilita produciendo experiencias delirantes y pérdidas de juicio de la realidad.

En arteterapia el objeto artístico permite canalizar las ansiedades de los pacientes graves. En la terapia observamos cómo la naturaleza real e imaginaria de los productos artísticos permite a los pacientes canalizar experiencias muy intensas.

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