Adictos a los hidratos de carbono refinados

Freud enumero tres soluciones paliativas a las que recurre el hombre frente al dolor de vivir, frente a la angustia existencial de Ser: 1. La sublimación, 2. Las satisfacciones sustitutivas a partir de objetos contingentes y 3. La intoxicación, que nos torna insensibles al dolor. El azúcar es sin lugar a dudas la sustancia más consumida por toda la humanidad.

Nos metemos dentro de un centro de adelgazamiento muy reconocido en el medio del espectáculo. Junto a estrellas, celebrities y figuras, recorrimos un día con el doctor del centro y demás personal a fin de develar cual es la técnica "psi" que usan para ayudar a sus pacientes a bajar de peso.

Los criterios y lineamientos que siguen son:

1. Considerar la problemática de la obesidad como un desorden alimentario, según lo establece el DSM-V.

2. Se la define como un problema de conducta.

3. La persona no puede parar de comer y no tiene conciencia de ello.

4. El método consiste en cambiar la mentalidad de la persona obesa o con sobrepeso, para que aprenda a poner un corte a sus atracones, limite sus porciones y pueda espaciar la frecuencia de cada ingesta. El bajar de peso resulta el estimulo principal para que continúe con su descenso sin recaídas.

Los actuales modos de presentación en la experiencia psicoanalítica - Anorexia, Bulimia, Obesidad, Toxicomanías, etc. - configuran prácticas de goce, que no se ubican dentro de las formaciones del inconsciente. El sujeto no porta una pregunta, un enigma, cual síntoma, que lo divida y lo interrogue, y lo haga dirigirse a un Otro supuesto saber. Más bien nos encontramos con una respuesta obturadora o compensatoria de aquello que es inexorable: la falta-en-ser. Son prácticas pulsionales, con lo cual, en vez de ser interpretadas precipitadamente por el analista, deben recibir primero un tratamiento preliminar del goce que ponga una envoltura formal a aquello que se presenta en bruto. Más que nunca es necesario volver a una cuestión preliminar a todo tratamiento posible.

La clínica psicoanalítica es una clínica de la falta; que aloja al sujeto ($) respetando su singularidad, su diferencia, su Alteridad. Una clínica de lo heterogéneo que trabaja con el uno por uno, el caso por caso y a diferencia de una clínica de lo homogéneo que aplicaría un para todos lo mismo, recupera el valor de la singularidad en situación.  El psicoanálisis no es una terapia porque no devuelve al paciente a un estado anterior de supuesto equilibrio-salud previo al enfermar, sino que opera modificando la posición subjetiva: cediendo y acotando su posición de goce y ampliando dialécticamente su posición deseante (Gozar menos y disfrutar más). Por eso es que la ética en juego, es la ética del deseo, pero no de un deseo o varios, sino del deseo en tanto función que hace causar. “La aparición de un deseo inédito de saber, el deseo del analista, es la condición misma no solo del dispositivo analítico sino también de la supervivencia del Psicoanálisis. Se trata, pues, de un trabajo orientado hacia lo Real y que implica el acto analítico. La ética es la del deseo " Wo Es War, soll Ich werden". Donde ello estaba, yo debe advenir. El pase no es más que la verificación de una nueva pulsión, de la aparición del deseo de saber.” [1] La ética en juego es la del Bien decir, que no indica que es lo que está bien o mal, que no se reduce a enunciados morales sino que apunta a rescatar el valor de la enunciación en tanto acto. Es una ética que se orienta a partir de lo real. El psicoanálisis es un trabajo de duelo por aquel que habré sido. Es un trabajo sobre lo real pulsional que a diferencia de un cinturón gástrico o un maquillaje estético, trabaja sobre aquello constante e irreductible que es la pulsión y el deseo. La maniobra terapéutica radica en el manejo de la transferencia. El síntoma es una construcción bajo transferencia, y el diagnostico diferencial es bajo transferencia también, por lo tanto es necesario poner a trabajar el síntoma, como aquello que causa, y no precipitarse a realizar un diagnostico en lo imaginario (vía imagen) cual clínica de la mirada, y buscar erradicar el supuesto síntoma. El manto de grasa puede ser en una estructura neurótica el retorno, deformado, de una verdad reprimida, el fracaso de una defensa que buscaba obturar la angustia de castración o bien puede ser en una estructura psicótica la compensación imaginaria del Edipo ausente. Es decir, que es preciso mantenerse en reserva hasta no poder precisar el diagnostico diferencial. El psicoanálisis toma ese manto de grasa como un fenómeno de la estructura, pero no hace del fenómeno una estructura. [2]

La clínica de lo homogéneo, como es el caso del centro de adelgazamiento, se mantiene dentro del registro imaginario, y el diagnostico resulta a partir de lo que se ve. Es por ello que las técnicas que emplea se mantienen dentro de la sugestión (i (a) – i (a)’) para lograr los objetivos propuestos. El sujeto se lo supone no divido, agente de sus acciones, racional, con lo cual es educado, vía leyes explicativas, sobre aquello que deberá y no deberá hacer para poder curar y volver a un estado de armonía perdido. Los sujetos son clientes que deben llenar ciertos formularios para ingresar. En el centro no se tienen en cuenta las estructuras y la singularidad que encarna cada manto de grasa. Se aplica para todos y por igual, el mismo tratamiento; que consiste en: 1. A partir de las viandas light vendidas en el instituto (no más de 600 calorías) conseguir que el cliente entre en un proceso metabólico de “acidosis”, en donde se suprime el hambre (pero vale aclarar que “el hambre está en la cabeza” no solo en la panza) hasta llegar al peso ideal por edad y talla. 2. Luego le sigue una dieta de mantenimiento de 1.500 calorías diarias, con lo cual el hambre vuelve y ello trae aparejado el temor a la tentación, el miedo a pecar. Aparece el fantasma de la culpa y la recaída. En este momento es cuando los grupos de contención son un soporte más que fundamental, para que a traves de la reeducación, de tipo filosófica pseudo oriental, new-age, versión Cosmopolitan, se evite el encuentro con las tentaciones gracias al reforzamiento del Ideal a seguir.[3] Pero la responsabilidad es anulada cuando el sujeto se somete obedientemente a algún Otro, sea bajo la forma del azar, el destino o la autoridad. Por eso la ética del psicoanalista no es liberar al sujeto de su responsabilidad dejándolo alienado a algún Otro. Tampoco dejar que el sujeto siga con su coartada y su montaje escénico mientras la vida está en otra parte y la muerte no lo amenaza. Porque no cooperamos en la postergación del acto. Este proceder vía lo imaginario recrudece la imagen de Narciso (que vale recordar como termino: Ahogado). Traigo a colación este comentario porque pareciera ser que la satisfacción que se busca, está destinada a servir y cumplir con el yo ideal (infantil) enmascarado por el Ideal terapéutico de un cuerpo saludable. Pero este proceder, sin quererlo o intencionadamente, activa la pulsión de muerte. Freud subraya en su escrito “Introducción al narcisismo” que un intenso egoísmo puede proteger contra una enfermedad, en tanto la libido se repliega en el yo y descatectiza las representaciones de los objetos del mundo externo, pero al fin y al cabo es necesario volver a amar sino se quiere enfermar de nuevo.

La clínica de la mirada no busca promover en el sujeto preguntas, sino todo lo contrario. La pregunta ¿Por qué cada quien come? Esta fuera de lugar, ya que la respuesta se formulo antes. No importa lo que el sujeto diga sobre lo que tiene (padece), porque lo que se busca es ver que tiene y de eso ya se sabe como operar. No hay posibilidad de transferencia porque aquello que el sujeto diga para alguien y para algo, no es tomado en consideración. La dimensión del plus (en tanto el objeto a no solo causa el deseo sino también es plus de gozar) es negada y taponada vía lo imaginario. Los restos, los excesos, los atracones que insisten y reaparecen en las conversaciones de los participantes son sancionados por el coordinador como aquello que no se debe volver a realizar nunca más. Pero se descuida que el sujeto lejos de ser agente activo, es hablado. No controla sus enunciados porque la lengua va delante y uno se deja decir. El ser parlante ($) no es un mecanismo de relojería que cumpliría con todas las normas sin margen de error. Más bien puede tropezar y volver a tropezar con la misma piedra porque algo escapa al cálculo. El sujeto falla, no resuelve con exactitud, deja una diferencia. “Es una maquina fallida que funcionando a perdida recorta lo no calculable”[4]. Frente a la pretensión de poder controlar las conductas vía “la vos de la conciencia” (porque el superyó aprovecha la invitación a gozar de la renuncia a gozar), el atracón o los últimos kilos “de más”, recuerdan lo que falta para ser en ese peso ideal.

Desde el psicoanálisis, pensamos la dimensión ética como un transcurrir entre las categorías de universal – singular, soportado de manera siempre provisoria sobre lo particular. Un rasgo particular jamás puede devenir condición universal, porque esto implica violar los derechos humanos. Que todos sean de un modo, es reducir la riqueza simbólica a una sola de sus manifestaciones posibles. (Por ejemplo: el Ideal Ario). La moral se correspondería con los sistemas particulares (culturales, históricos, de grupo) mientras que el horizonte ético, si bien se sostiene en esos imaginarios, siempre los excede porque presenta un carácter suplementario.

Lacan propuso en su seminario acerca de la ética que el sujeto es culpable de haber cedido en su deseo. Cede para amoldarse al superyó. Renuncia al deseo y goza del sometimiento. Pero cuanto más renuncia, mas culpable se siente. El sujeto es siendo, nunca del todo realizado, de esa razón de ser deseante, de esa posición subjetiva es responsable. Como analistas no buscamos que el paciente salga “curado”. Esto es, alienado a algún otro Ideal, pero como socialmente es valorado, pasa como algo “positivo” y  así se enmascara el trabajo pastoral que está lejos de ser la experiencia de un análisis. Lo que se busca es que el sujeto pueda ser responsable de que desea, y eso le hace causa, le lleva a un acto, que no es sin el Otro y sin pasar por la castración. Poder elevar el objeto a la dignidad de la cosa es índice de un análisis logrado.

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NOTAS:

[1] José Luis Chacón Lafuente: “EL TRAVELLING Y EL CANALLA: UNA CUESTIÓN DE ÉTICA”. Extraído de la pagina web: http://www.andalucialacaniana.com/textos/acta_8.htm

[2] Es interesante traer a colación el modo en que Sylvie le Poulichet describe la operatoria del Farmakon y el mecanismo de autoconservacion paradójica que mantiene el sujeto toxicómano. Aquí el manto de grasa “Real” preservaría al sujeto de otro sufrimiento más doloroso. Se conserva al precio de perderse como sujeto, y se pierde para poder sustraerse del goce del Otro.

[3] Vale la pena leer este testimonio de una persona que participo de los grupos terapéuticos y como describe obnubiladamente el proceso “mágico” de la Acidosis: “La dieta es sólo una parte del Método y la verdad es que funciona. Hice muchas dietas en mi vida y en todas pasé hambre, sólo que me aguantaba para seguirla. Con esta dieta, no pasé hambre, si tenía ganas de comer cosas que no debía, pero no era hambre, sino capricho. El secreto es que si seguimos esta dieta, nuestro organismo entra en un estado llamado "acidosis" en el cuál desaparece el hambre, y por ese motivo, se hace mucho más fácil seguirla. Es increíble pero cierto y si la prueban, lo van a comprobar. Dicen que la acidosis se da a los tres días de iniciada la dieta, ese es el tiempo que hay que aguantar hasta llegar a este “bendito" estado, y les digo que es impresionante ver cómo desaparece la sensación de hambre, es casi mágico. Con esta dieta logré bajar 23 Kg en 5 meses y alcancé mi peso ideal, por primera vez en mucho tiempo, estaba en un peso normal, pero lamentablemente me descuidé y aumenté 20 de los 23 Kg, y hoy día no tengo ganas de empezar a cuidarme, a pesar de que sé que con esa dieta no voy a pasar hambre. El doctor dice que cuando nos pasa esto es porque estamos tan metidos en la adicción que estamos como cegados y no vemos la realidad objetivamente, estamos "intoxicados" y es preciso desintoxicarse haciendo "el corte". Sé perfectamente lo que tengo que hacer, espero desintoxicarme pronto y tomar el buen camino de una buena vez. La dieta es un pilar importante, pero debo decir que no es lo único que cuenta para lograr el éxito. La motivación que tengamos para cuidarnos es otro pilar que debemos tener en cuenta, y en el cual debemos trabajar cada día. Si la motivación falla, podrá existir la dieta más efectiva del mundo, pero será en vano. Saludos a todos y si hay alguien que quiera ayudar a incentivarme para empezar a cuidarme otra vez, será bienvenido!" (cual alarido esperando sea leído por un algún Otro).

[4] Juan Carlos Mosca: “Responsabilidad: otro nombre del sujeto” en Ética, un horizonte en quiebra. Ed. Eudeba. Bs. As. 2008.

[5] Jacques Lacan: “Reseñas de enseñanza” (1964 – 68) “Reseñas con interpolaciones del seminario de la ética”. Ed. Hacia el tercer encuentro del campo freudiano. Bs. As. 1984.

BIBLIOGRAFIA:

S. Freud, “Introducción al narcisismo”, Obras Completas, Tomo XIV, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1914.

S. Freud, “Psicología de las masas y análisis del Yo”, Obras Completas, Tomo XVIII, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1921.

Mazzuca, R., “Ética, psicopatología y psicoanálisis (lo normal y lo patológico)”. En Psicoanálisis y psiquiatría: encuentros y desencuentros (Temas introductorios a la psicopatología), Berggasse 19, Buenos Aires, 2006.

Jacques Lacan: “Reseñas de enseñanza” (1964 – 68) “Reseñas con interpolaciones del seminario de la ética”. Ed. Hacia el tercer encuentro del campo freudiano. Bs. As. 1984.

Le Poulichet, Sylvie "Toxicomanías y Psicoanálisis. Las narcosis del deseo". Amorrortu editores .1990.

Donghi, A. y otros: Innovaciones de la práctica. Anorexias, bulimias y obesidad. Bs. As. JCEdiciones, 2007

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