Psicopatía y Personalidad Antisocial en el DSM

Llevamos tres décadas desde que la psicopatía obtuvo su carta de naturaleza. En 1980, Robert Hare desveló la Lista de Control del Psicópata, la prueba inaugural para detectar la presencia del trastorno. La Lista de Control (PCL-R) comprende un cuestionario con 20 preguntas y una puntuación máxima de 40 puntos. La mayoría de nosotros obtenemos en torno a un 2. El nivel de entrada para los psicópatas es 27.

Muchas personas que entran en contacto con psicópatas, después comentan que tienen unos ojos extraordinariamente penetrantes, un hecho que ha llamado la atención de numerosos guionistas de Hollywood. El motivo de este hecho no está claro. Por una parte, la tasa de parpadeos es un índice fiable de los niveles de ansiedad, y por tanto, como se ha mencionado, los psicópatas parpadean algo menos como promedio que el resto de las personas: un mecanismo autónomo que puede contribuir a su aura intensa, "reptiliana". Por otra parte, sin embargo, también se ha especulado que la mirada intensa de los psicópatas puede reflejar un nivel de concentración elevado y predatorio: como los mejores jugadores de póquer del mundo, están "registrando" continuamente la psicología de sus oponentes en busca de pistas emocionales clave.

Tomemos la lista del DSM de trastornos de personalidad antisocial (ASPD). La línea oficial, establecida por la Asociación Psiquiátrica Americana, es que el ASPD y la psicopatía son sinónimos. El ASPD se define como un "modelo dominante de falta de atención y violación de los derechos de los demás que empieza en la niñez o adolescencia temprana, y continúa en la edad adulta". El individuo debe tener 18 años o más, mostrar pruebas de trastorno de conducta antes de los 15 años, y presentar al menos 3 de los criterios siguientes:

1. Incapacidad de adaptarse a las normas sociales con respeto a conductas legales, como indica la realización repetida de actos que son susceptibles de arresto.

2. Engaño, como indican las mentiras repetidas, el uso de alias o engañar a otras personas para su beneficio o placer personal.

3. Impulsividad o incapacidad de planear.

4. Irritabilidad y agresividad, indicada por repetidas peleas o ataques físicos.

5. Desprecio imprudente por la seguridad propia o la de otros.

6. Irresponsabilidad continuada, indicada por la incapacidad reiterada de mantener una conducta de trabajo coherente o hacer honor a sus obligaciones financieras.

7. Falta de remordimientos, indicada por indiferencia o racionalización tras haber herido, maltratado o robado a otros.

Pero ¿es todo esto en realidad lo mismo que psicopatía? Muchos teóricos alegan que no es así ... y que aunque ambas cosas se solapan, ciertamente, la diferencia fundamental reside en caprichos insidiosos en el énfasis: en el desequilibrio manifiesto entre el maremágnum de temas "conductuales" o criterios "socialmente anormales" que caracterizan al ASPD, y la discapacidad "afectiva" fundamental, esa penumbra emocional que huele a psicópata.

En poblaciones carcelarias, el ASPD es el equivalente psiquiátrico del resfriado común, con nada menos que un 80 a 85 % de criminales encarcelados, según Robert Hare, que responden a los requisitos de este trastorno.

Estudios que comparan las tasas de reincidencia entre prisioneros psicópatas y no psicópatas revelan que la probabilidad de que vuelvan a delinquir es 3 veces mayor entre los primeros que entre los segundos, al cabo de un periodo de solo un año. Si introducimos el factor violencia en la ecuación, la curva se eleva mucho más aún. Es hasta 5 veces más probable que el psicópata golpee, viole, mate o mutile y acabe de nuevo entre rejas. Sería más preciso decir que la relación entre el ASPD y la psicopatía es asimétrica. Por cada 4 personas que tienen diagnosticado el ASPD, podemos tener un psicópata entre manos. Pero cada individuo que presenta psicopatía también presenta ASPD por defecto.

El ASPD es la psicopatía con emoción añadida. La psicopatía es un vació emocional. 

No todos los psicópatas están entre rejas. La mayoría, parece ser, están fuera, en sus centros de trabajo. Y a algunos de ellos en realidad les va bastante bien. Los llamados psicópatas "de éxito", como lo que estudia Scott Lilienfeld, suponen un problema para el ASPD y también para los que proponen el PCL-R. Es perfectamente posible ser un psicópata y no ser un criminal.

El Inventario de Personalidades Psicopáticas (PPI, por sus siglas en inglés) consta de 187 preguntas. 8 dimensiones distintas de la personalidad convergen en ese mamotreto psicométrico, que se convierte por tanto en una de las pruebas de psicopatía más exhaustivas que se han creado jamás. Esos 8 estados satélite independientes de la personalidad psicopática: egocentrismo maquiavélico; inconformismo impulsivo; externalización de la culpa; despreocupación y falta de planificación; audacia; potencia social; inmunidad al estrés y frialdad se dividen y reformulan de nuevo a lo largo de 3 ejes superiores:

1. Impulsividad centrada en el yo

2. Dominación y audacia

3. Frialdad

Párrafos seleccionados de Dutton, K. (2014) La Sabiduría de los Psicópatas. Todo lo que los asesinos en serie pueden enseñarnos sobre la vida. Buenos Aires, Ed. Ariel.

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