Aportes del Darwinismo a la Psicología Clínica: El paradigma de la psicología evolucionista

La conformidad está impresa en nuestros cerebros. Es una certeza evolutiva. Cuando un animal gregario se ve amenazado por un depredador, ¿Qué hace? Se arrima aún más al grupo. A medida que el individuo sobresale menos, las oportunidades de sobrevivir aumentan. Esto es así tanto en humanos como en otras especies.

Párrafos seleccionados de Dutton, K. (2014) La Sabiduría de los Psicópatas. Todo lo que los asesinos en serie pueden enseñarnos sobre la vida. Buenos Aires, Ed. Ariel.

En un experimento, por ejemplo, que ligaba lo último en redes sociales a sus orígenes primigenios y biológicos, el psicólogo social Vladas Griskevicius, entonces en la Universidad Estatal de Arizona, y sus colegas comprobaron que cuando los usuarios de una sala de chat de internet se sentían amenazados, daban señales de querer "agruparse". Sus opiniones mostraban convergencia y era más probable que se amoldaran a las actitudes y opiniones de otros en el foro. 

Cómo ha conseguido la psicopatía encontrar un punto de apoyo en el banco genético es una cuestión interesante. Si el "trastorno" es tan poco adaptativo, ¿por qué su incidencia ha seguido siendo estable a lo largo del tiempo, con un 1-2 por ciento estimado de la población calificado como psicopático?

En 2010, Hideki Ohira, un psicólogo de la Universidad de Nagoya, y su estudiante de doctorado Takahiro Osumi, validaron la teoría de Colman. Comprobaron que los psicópatas, bajo determinadas circunstancias extraordinarias, toman mejores decisiones financieras que el resto de la gente, precisamente por el motivo que había demostrado Colman. Se comportan de una manera que de otro modo parecería irracional.

Resulta que el conflicto no es el único medio de establecer la dominación en el mundo natural. Volviendo a los días de nuestros antepasados, la supervivencia, igual que en prisión, no era barata. Aunque ser miembro del grupo constituía una buena parte del precio, las comunidades también daban una prima sorprendentemente elevada a los que corrían riesgos. Se observa una dinámica similar en los monos hoy en día. Los chimpacés macho (nuestros parientes vivos más cercanos, con los cuales compartimos el 96% de nuestro ADN) competirán mediante su "magnanimidad", es decir, dirigiendo un altruismo no solicitado a sus subordinados. Tal magnanimidad normalmente es de naturaleza gastronómica, y consiste en soportar el peligro para proporcionar comida al grupo, compartiendo los resultados de la propia caza caritativamente y confiscando la de otros con el objetivo de redistribuirla. Como señala el primatólogo Frans de Waal, "en lugar de ser dominantes destacando por lo que cogen, afirman su posición por lo que dan".

Del mismo modo actúan los primates que compiten unos con otros por el estatus a través del "servicio público" o el "liderazgo", facilitando la cooperación dentro del grupo. O si lo prefieren, mediante el carisma, la persuasión y el encanto. Los chimpancés dominantes, los monos rabones y los gorilas compiten interviniendo en disputas entre subordinados. Sin embargo, contrariamente a lo que sería de esperar, tales intervenciones no favorecen por defecto y automáticamente a la familia y los amigos. Se llevan a cabo, observa De Waal, "sobre la base de cómo restablecer mejor la paz". Consecuentemente, sigue De Waal, en lugar de descentralizar la resolución de conflictos, "el grupo busca el árbitro más efectivo entre ellos, y luego apoyan con fervor a ese individuo para darle una amplia base de sustento que garantice la paz y el orden".

El altruismo, aunque indudablemente es un ingrediente de la cohesión básica del grupo, es perfectamente capaz de surgir no solo de algún diferencial de orden superior, como el bien de la especie o incluso el bien de la tribu, sino de un diferencial de supervivencia que existe puramente entre individuos.

La armonía macroscópica y el individualismo microscópico resultaron ser dos caras de la misma moneda evolutiva. Los místicos habían perdido el barco. Dar ya no era mejor que recibir. La verdad, según el nuevo evangelio radical de Robert Axelrod de la informática social, era que dar es recibir.

Hace unos 300 años, en el Leviatán Hobbes anticipó precisamente una idea semejante con su concepto de "fuerza y fraude": la idea de que la violencia y la astucia constituyen los principales instigadores de resultados, y en realidad los únicos. Y que el único analgésico para "el miedo continuado, y el peligro de la muerte violenta, y la vida del hombre, solitaria, pobre, sucia, brutal y breve" debe encontrarse en el santuario del acuerdo, en la formación de alianzas con otros.

La "supervivencia de los más aptos" no parece ahora que recompense la competición indiscriminadamente, como se había pensado antes. Más bien la recompensa con criterio. En determinadas circunstancias sí, la agresión puede abrir puertas. Pero en otras circunstancias, por el contrario, podría cerrarlas.

De modo que parece que los psicópatas lo han hecho solo medio bien, después de todo. No negaremos la dureza de la existencia, la verdad brutal y desgarrada de que sí, es cierto, a veces solo sobrevive el más apto, por ahí fuera. Pero eso no significa que siempre tenga que ser de esa manera . . . Resulta que los mansos sí que heredarán la tierra. Lo único que pasa es que a lo largo del camino habrá bajas, inevitablemente. "No hagas a los demás" siempre ha sido un buen consejo. Pero ahora, dos mil años más tarde, gracias a Robert Axelrod y Anatol Rapoport, finalmente hemos averiguado las fórmulas matemáticas para demostrarlo. 

 

COMENTA
RELACIONADOS
ÚLTIMAS ENTRADAS