Sustratos psiconeurobiológicos de la meditación y la conciencia plena

El conocimiento de los efectos de la meditación en la fisiología del cerebro es aún limitado, pero hay pruebas de que afecta a la función del sistema nervioso central y autónomo, activa las estructuras neuronales involucradas en la atención y regula las emociones. La práctica meditativa se asocia con cambios en la neuroplasticidad de la corteza cingulada anterior, ínsula, unión temporoparietal, red neuronal frontolímbica y otras, cambios que pueden operar en conjunto estableciendo una mayor autorregulación. La conciencia plena proporciona una metacognición emocional más adaptativa y mejores índices fisiológicos de regulación autonómica. Especialmente en el largo plazo, los meditadores detentan diferencias estructurales en la materia cerebral gris y blanca debidas a la plasticidad neuronal.

La conciencia plena o mindfulness consiste en atender a la experiencia presente momento a momento y en permitir que las emociones y pensamientos transcurran sin juicio. La conciencia plena se ha empleado con éxito en contextos clínicos y no clínicos, y se propone cada vez más como una intervención eficaz y efectiva para la reducción del estrés en general, y como elemento adyuvante o integrado en psicoterapias aplicadas a ciertos trastornos mentales.

Meditar es adiestrar la mente, no es reflexión, sino reeducación del proceso perceptivo. Hay 2 grandes grupos de meditación budista: la primera es ānāpānasati (en lengua pali), tan sencilla como eficaz; es una meditación de concentración o de atención focalizada, y se conoce también como «desarrollo de la concentración». La conciencia plena se entrena fundamentalmente mediante la meditación vipassanā (Buddhist mindfulness meditation) o de introspección (insight), el segundo gran grupo de meditación budista. La meditación mettā (en pali) (loving-kindness meditation) es, podríamos decir, complementaria de vipassanā: se trata de una meditación discursiva. Por último, el zen o zazen (de la escuela de budismo mahāyāna) es, probablemente, la práctica budista que tiene más seguidores en Occidente.

La cantidad de información disponible sobre los fundamentos neuroanatómicos y funcionales cerebrales en relación con la meditación y la conciencia plena crece a un ritmo continuo. Pero muchas de esas investigaciones están realizadas en muestras pequeñas, son anecdóticas o necesitan ser replicadas, por lo que resulta difícil extraer conclusiones enteramente válidas o concluyentes. 

Material y método

A fecha de diciembre de 2013, con el descriptor mindfulness se encuentran 275.750 artículos en PubMed. Se ha acotado la búsqueda con los descriptores: meditation, mindfulness meditation brain,neurobiology, psychophysiology y psychotherapy. Se han seleccionado los trabajos de mejor calidad metodológica, añadiéndose otros artículos y, eventualmente, libros referenciados por otras fuentes, principalmente revisiones y metaanálisis recientes. Se ha consultado, asimismo, el ISI Web of Knowledge. Se han priorizado las publicaciones más actuales, novedosas o emblemáticas. El resultado obtenido es un conjunto de artículos y otros trabajos de cierta heterogeneidad, pero que representa la mejor información disponible de calidad hasta el momento sobre el tópico investigado.

El presente estudio es una revisión narrativa, no sistemática, de tipo cualitativo, con componentes integradores, agregativos e interpretativos. Su objetivo es contribuir a esclarecer los sustratos neurales y psicofisiológicos que subyacen en la meditación y la conciencia plena.

Resultados

Atención y creatividad

Aunque no todos están de acuerdo, el entrenamiento en meditación tiene capacidad para mejorar algunos procesos cognitivos, tales como la asignación de recursos atencionales en las tareas exigentes de atención. Se ha planteado que las mejoras en la percepción en los meditadores intensivos pueden reducir la demanda de recursos impuesta por el objeto de la discriminación de la atención y, por lo tanto, que resulta más fácil mantener la atención voluntaria en esos meditadores.Vipassanā parece inducir un estado de claridad perceptiva y disminuye la reactividad frontal a los estímulos aversivos o de distracción. Menos evidente es la conexión entre meditación y creatividad. Colzato et al. han planteado que vipassanā induce un estado de control que promueve el pensamiento divergente, un estilo de pensamiento que permite que surjan muchas nuevas ideas, mientras que la meditación focalizada o de concentración (como ānāpānasati) no da lugar al pensamiento convergente, que es el proceso de generar una posible solución a un problema particular. La meditación en general no parece producir una mejora global a largo plazo de las habilidades espaciales, pero la meditación budista Deity yoga (yoga de la deidad) sí parece mejorar la capacidad para visualizar o imaginar objetos.

Los efectos fisiológicos y neuropsicológicos de las prácticas meditativas fueron evaluados por la estadounidense Agencia para la Investigación y la Calidad de la Salud hasta el año 2005. La mayoría de los estudios analizados fueron realizados en sujetos sanos. Los resultados revelaron que los efectos fisiológicos más consistentes y fuertes de las prácticas de meditación en poblaciones sanas consisten en la reducción de la frecuencia cardíaca, la presión arterial y el colesterol. El mayor efecto neuropsicológico fue el aumento de la creatividad verbal, como se ha corroborado después. También hay algunas pruebas de que ciertas prácticas de meditación pueden disminuir el tiempo de reacción visual y la presión intraocular. Sin embargo, debido al diseño precario y al tamaño muestral reducido de la gran mayoría de los trabajos incluidos, sus resultados probablemente incurran en el sesgo de sobrestimar el efecto de la meditación. Se ha indicado que los meditadores de vipassanā expertos presentan mejor capacidad atencional después de la meditación y mejor regulación autonómica durante la misma.

 

BELLS of MINDFULNESS from Patrick Burke on Vimeo.

 

Sustratos de la regulación emocional y la empatía

Brefczynski-Lewis et al., usando resonancia magnética cerebral funcional (RMCf), comprobaron que en los meditadores avanzados que practicaban meditación de concentración los sonidos producidos para distraer provocaban menos activación de la amígdala (cuya principal función es el procesamiento emocional y social). Los autores concluyeron que en el largo plazo la meditación de concentración puede asociarse a una significativa reducción de la conducta emocionalmente reactiva. Por su parte, Lutz et al. expusieron a sonidos que provocan emociones durante la meditación a expertos meditadores mettā (meditación de la amabilidad afectuosa) y hallaron que aumentó en ellos la actividad neural durante la meditación, incluida la ínsula anterior (específicamente relacionada con el gusto, el olfato, el sistema nervioso autonómico y la función límbica), el giro poscentral (donde se localiza la corteza somatosensorial primaria), el lóbulo parietal inferior (implicado en la atribución de significado socioemocional), la amígdala, el cruce temporoparietal derecho y el surco temporal posterior derecho y superior. Los autores interpretaron los resultados como que los expertos meditadores mettā tienen un mayor nivel de integración de los procesos sensoperceptivos y de las respuestas afectivas que los meditadores inexpertos. Según los autores, la meditación modifica la activación de los circuitos neuronales vinculados a la empatía y a la teoría de la mente en respuesta a los estímulos emocionales. En relación con el circuito neuronal de la empatía, la amígdala juega un importante papel. También es importante el sistema de las neuronas espejo, ubicadas en la parte inferior de la corteza frontal, parte posteroinferior del giro frontal, corteza ventral premotora adyacente y parte rostral inferior del lóbulo parietal. Son, asimismo, importantes para la empatía la ínsula anterior y la corteza cingulada caudal anterior o media.

En un estudio de seguimiento, Lutz et al. confirmaron que los meditadores mettā expertos, en relación con los novatos, tuvieron más actividad en la corteza somatosensorial, el lóbulo parietal inferior, el córtex cingulado anterior y la ínsula en respuesta a sonidos que producen emociones. Estos hallazgos muestran que la práctica de mettā a largo plazo puede aumentar la sensibilidad a las experiencias emocionales que se dan en los demás, que puede ser similar a la empatía. Finalmente, se han aportado las primeras evidencias de que la activación neural entre las meditaciones ānāpānasati y mettā es diferente. Por otro lado, ya hay los primeros indicios, usando RMCf, de que no reaccionar a la experiencia interior es el aspecto clave de la conciencia plena que protege a los individuos del riesgo psicológico para la depresión.

 

Mindfulness from Introppia Creative on Vimeo.

 

Sustratos del programa de reducción del estrés basado en la conciencia plena

Entre las psicoterapias denominadas de última generación, que son más experienciales y optan por estrategias de cambio más indirecto, una de las que cuenta con mayor apoyo empírico es el programa de mindfulness-based stress reduction (MBSR, «reducción del estrés basada en la conciencia plena»). El programa MBSR, de 8 semanas de duración, es en realidad un programa psicoeducativo y no propiamente una psicoterapia. Está fundamentado en vipassanā y fue la primera de las intervenciones terapéuticas que se desarrolló basada en la conciencia plena. Davidson et al. hallaron que el MBSR produjo en los participantes un aumento significativo de la actividad eléctrica del lóbulo frontal izquierdo, que está asociada al afecto positivo y la regulación emocional. Esos mismos sujetos se recuperaban también más rápidamente de los estresores. Al final del programa se vacunó contra la gripe a los participantes y a los miembros del grupo de control, y se halló que los meditadores tenían un incremento significativamente mayor de anticuerpos que los no meditadores, de modo que se concluyó que la meditación puede influir positivamente en la inmunidad. Goldin et al. aplicaron el mismo programa en pacientes afectos de fobia social y comprobaron que ocurrieron cambios neurofuncionales, como decrementos en la actividad de regiones dorsomediales y mediales del córtex prefrontal, así como en la circunvolución frontal inferior izquierda. Aunque los resultados deben considerarse con cautela, los autores interpretan estos cambios como un aumento en la actividad de la red cerebral implicada en la regulación de la atención, así como una reducción en la vinculada con la visión conceptual-lingüística de uno mismo. Posteriormente se vio en pacientes con ansiedad social (fobia social) que manifestaban creencias negativas que, tras finalizar el programa MBSR, había una disminución más rápida de la activación de la amígdala.

Hölzel et al. tomaron imágenes de resonancia magnética cerebral de 16 participantes 2 semanas antes y después de formar parte del programa MBSR. Las resonancias cerebrales del grupo de los meditadores mostraron aumento de densidad de la materia gris en el hipocampo (importante para el aprendizaje y la memoria) y en las estructuras asociadas con la autoconciencia, la compasión y la introspección. La disminución de la vivencia de estrés se correlacionó con una disminución de la densidad de la materia gris en la amígdala (que es relevante en la ansiedad y el estrés). Aunque no hubo cambios en la estructura de la ínsula (asociada a la autoconciencia), que habían sido identificados en estudios anteriores, los autores indican que a largo plazo la meditación podría producir cambios en ella.

Kilpatrick et al., usando imágenes de RMCf, buscaron detectar cambios en la organización funcional del cerebro como resultado de la práctica de la conciencia plena. Llevaron a cabo un diseño cuasiexperimental, en el que participaron 32 mujeres de 21-55 años de edad. El grupo experimental recibió íntegramente el programa MBSR. Después se estudió con RMCf tanto al grupo experimental como a los controles. Se hallaron diferencias significativas en la conectividad intrínseca de las redes neuronales de ambos grupos, principalmente en aquellas redes que los investigadores identificaron como de audición-saliencia (la saliencia perceptiva permite centrar la atención en los estímulos que interesan) y medial visual. También se observaron diferencias significativas en las redes de control ejecutivo, sensomotora y visual lateral. Tales alteraciones de la conectividad funcional intrínseca parecen apuntar que, en correspondencia con la práctica de meditación, se habían producido cambios en la conectividad funcional del cerebro de aquellos participantes que habían recibido el entrenamiento. Los resultados reflejan un foco atencional más consistente, mejora del procesamiento sensorial y más autoconciencia de la experiencia sensorial.

 

Lucas Thanos - Mindfulness from Lucas Thanos on Vimeo.

 

Sustratos de la meditación

Los meditadores vipassanā muy entrenados han presentado activaciones más fuertes en la corteza cingulada anterior rostral dorsal y la corteza medial prefrontal bilateral, en comparación con los controles. La mayor activación de la primera en los meditadores puede reflejar un procesamiento de eventos de distracción más fuerte: contribuye a la cognición detectando la presencia de conflictos durante el procesamiento de la información y alerta a los sistemas que intervienen en el control top-down para resolver ese conflicto. La mayor activación en la corteza prefrontal medial (estructura que hace referencia constante a uno mismo, a la propia perspectiva y experiencia) puede manifestar que los meditadores están más comprometidos o implicados en el procesamiento emocional. La corteza cingulada anterior rostral correlaciona con el optimismo (que a su vez correlaciona con la salud física y mental) y resuelve el conflicto emocional suprimiendo la actividad de la amígdala y sus conexiones salientes, lo que conduce a un debilitamiento de las respuestas autonómicas simpáticas. Las cortezas de la red medial, y particularmente el área 25 de Brodmann, envían fuertes conexiones a los distintos núcleos hipotalámicos, al núcleo parabraquial del puente y a los núcleos premotores autonómicos localizados en el bulbo y la médula espinal. Por medio de estas conexiones la red medial organiza las respuestas vegetativas y endocrinas necesarias para el normal correlato conductual, y contribuye de manera importante a la expresión de las emociones. Se ha constatado con RMCf que nombrar sentimientos y emociones reduce la activación límbica: la conciencia plena se asocia con una mayor regulación prefrontal cortical del afecto a través del etiquetado de los estímulos afectivos negativos (que consiste en igualar las expresiones faciales a las palabras de afecto apropiadas). Estos datos podrían explicar que el solo hecho de nombrar una emoción ayude al mejor control de la misma. Por otro lado, hay ciertas evidencias de que mettā puede influir en las estructuras del cerebro asociadas con la regulación afectiva. En el estudio de Leung et al. los meditadores mettā avanzados tenían el volumen de materia gris significativamente mayor en el giro angular derecho, una estructura relacionada con la empatía.

En un estudio de Lazar et al. se utilizó la resonancia magnética cerebral para evaluar el grosor cortical en 20 sujetos con amplia experiencia en vipassanā. Las regiones del cerebro asociadas con la atención, el procesamiento sensorial y la interocepción fueron más gruesas en los participantes meditadores que en los controles, concretamente la corteza prefrontal y la ínsula anterior derecha. Las diferencias en el grosor cortical prefrontal fueron más pronunciadas en los participantes mayores, lo que evidencia que la meditación podría compensar el adelgazamiento cortical relacionado con la edad. Finalmente, el espesor de las 2 regiones correlacionaba con la experiencia en meditación. Este estudio aportó las primeras pruebas de cambios estructurales cerebrales con la meditación, que se añade a la existencia también conocida de cambios funcionales. Según Siegel, vipassanā afectaría principalmente al área prefrontal cerebral, y el modo en que prestamos atención repercutiría sobre la plasticidad neuronal, esto es, en la capacidad de modificar las propias conexiones neuronales en respuesta a la experiencia.

En el estudio de Ives-Deliperi et al., cuando los investigadores compararon mediante RMCf la activación cerebral durante la meditación vipassanā con la activación cerebral durante una tarea de control, hallaron que varias áreas del cerebro, incluyendo la ínsula y la corteza prefrontal, eran menos activas durante la meditación. La lesión en la ínsula se ha relacionado con reacciones emocionales menos intensas. Una menor actividad en la ínsula durante la meditación se traduce en una menor probabilidad de reaccionar. El grupo de Hölzel et al. analizó también varios componentes a través de los cuales vipassanā ejerce sus efectos regulando la atención, aumentando el conocimiento del cuerpo, regulando las emociones y mediante el cambio en el punto de vista sobre uno mismo. Otros estudios empíricos recientes, incluidos autoinformes de expertos de meditación y datos experimentales, ofrecen pruebas que apoyan estos mecanismos.

Luders et al. intentaron comprobar si había relación entre el número de años de práctica de meditación y el grado de pliegues en el cerebro. Realizaron resonancia magnética cerebral a 50 personas que meditaban y compararon los resultados con otras tantas de un grupo control. Los meditadores lo eran una media de 20 años. Sus prácticas eran de tipos diversos, como vipassanā o zen, entre otras. Los autores hallaron pronunciadas diferencias entre ambos grupos, con grados más altos de «girificación» o pliegue cortical en los practicantes de meditación en amplios tramos del tejido de la corteza, incluido el giro precentral izquierdo, la ínsula dorsal anterior derecha, el giro fusiforme derecho y el cúneo derecho. Se constató una relación positiva entre el número de años practicando meditación y la cantidad de pliegue cortical insular. La ínsula es una estructura ubicada profundamente en la superficie lateral del cerebro y se cree que funciona como centro de integración de los sistemas autónomo, afectivo y cognitivo.

Parece que a largo plazo la meditación puede producir cambios en la estructura de la materia blanca cerebral: usando imágenes con tensor de difusión en resonancia magnética (un modo de imagen relativamente nuevo que proporciona información detallada sobre la conectividad estructural del cerebro), Luders et al. constataron que las personas que practican meditación regularmente tienen conexiones más fuertes entre las distintas regiones cerebrales y muestran menos atrofia relacionada con la edad, en línea con lo descrito en el estudio de Lazar et al., ya comentado. Pero en el corto plazo se ha observado también que meditar durante 4 semanas puede mejorar la neuroplasticidad de la materia blanca cerebral. Este patrón dinámico de cambio observado de la materia blanca que implica a la corteza cingulada anterior (que es parte de la red cerebral relacionada con la autorregulación) podría proporcionar un medio de intervención para mejorar o prevenir ciertos trastornos mentales.

Kang et al. han comprobado en 46 meditadores experimentados emparejados con controles de meditadores novatos que los primeros mostraban significativamente mayor grosor cortical en las regiones anteriores del cerebro, ubicadas en las áreas frontales y temporales, incluyendo la corteza medial prefrontal, la corteza frontal superior, el polo temporal y la corteza temporal media e interior. En el estudio de Luders et al., las diferencias entre las personas que meditaban y los controles no se limitaban a una región cerebral particular, sino que abarcaban redes a gran escala que incluían los lóbulos temporal, frontal, parietal y occipital, el cuerpo calloso anterior, así como estructuras límbicas y el tallo cerebral.

Se ha constatado que el entrenamiento en meditación induce cambios en la conectividad funcional de las regiones centrales (el córtex prefrontal medial) de la «red neuronal por defecto» o default mode network, que reflejan un posible refuerzo de la conciencia del momento presente. La red neuronal por defecto, también llamada task negative network, es una red de regiones cerebrales (que incluye, según autores, parte del lóbulo temporal medial, del córtex medial prefrontal y del córtex parietal medial) que se activa cuando el cerebro está despierto en reposo (por ejemplo, cuando la mente yerra distraída durante la meditación) y que está relacionada con los trastornos de ansiedad y de déficit de atención, entre otros. Cuando el cerebro está activo en busca de objetivos (por ejemplo, cuando durante la meditación la mente está enfocada en la respiración o cuando es consciente de que está errante) se pone en funcionamiento, por el contrario, la red orientada a tareas o task positive network. En palabras de Brewer et al., las personas que meditan durante muchos años desarrollan una nueva red neuronal por defecto en la que hay una mayor conciencia de uno mismo y del presente, y menos ensoñación. Por otra parte, la modulación del córtex prefrontal dorsomedial de las redes de la atención interoceptiva puede ser un mecanismo importante por el que el entrenamiento en meditación altera el procesamiento de información en el cerebro, aumentando la contribución de la interocepción en la experiencia perceptual.

El hipocampo es una estructura consistentemente relacionada con la meditación. Después del estudio de Hölzel et al., ya comentado al hablar del programa MBSR, se han observado volúmenes de los hipocampos izquierdos y derechos más grandes (sobre todo el izquierdo) en meditadores expertos. Los autores conjeturan que esas mayores dimensiones hipocámpicas podrían constituir parte del sustrato neural subyacente para las habilidades cognitivas, las capacidades mentales y los rasgos personales asociados con la práctica de la meditación. También se ha subrayado la participación de la corteza insular en múltiples funciones cognitivas, y se ha propuesto que el procesamiento integrador en la ínsula anterior podría asociarse a la conciencia subjetiva de las emociones y los sentimientos corporales.

Los estudios electroencefalográficos en la meditación zen han hallado mayor actividad alfa y theta, por lo general relacionadas con la relajación, en muchas regiones del cerebro, incluyendo la corteza frontal. La actividad theta en particular parece estar relacionada con el grado de experiencia meditativa, siendo mayor en los profesionales expertos y practicantes avanzados. Por otra parte, la práctica de la meditación zen puede proteger del deterioro cognitivo asociado con la edad. Su práctica rutinaria también puede reducir el dolor. En el estudio de Brown y Jones se incluyeron prácticas de meditación de conciencia plena. Las personas con más de 35 años de experiencia en meditación eran las que menos se anticipaban al dolor y lo sufrían menos. En especial, los meditadores mostraron baja activación de la corteza parietal derecha inferior y de la corteza cingulada medial. La mayor experiencia de meditación a lo largo de la vida predijo la actividad inferior de esas regiones.

Los estudios de neuroimagen evidencian que mettā puede aumentar la activación de áreas del cerebro implicadas en el procesamiento emocional y la empatía, y se ha apoyado de forma preliminar su uso en poblaciones clínicas. En este sentido, se ha demostrado específicamente, que en trastornos del espectro esquizofrénico con síntomas negativos persistentes la meditación mettā tendría potencial para reducir síntomas negativos tales como la anhedonia, la abulia y la asociabilidad, mientras que mejoraría ciertos factores relacionados con la recuperación, como son la esperanza y el propósito en la vida.

 

Basic Mindfulness practice from Plum Village Online Monastery on Vimeo.

 

Conclusiones

La conciencia plena o mindfulness conlleva la atención sin prejuicios a la experiencia del momento presente. Disminuye los estados de ánimo negativos, mejora los positivos y reduce los pensamientos y comportamientos rumiadores y de distracción. Asimismo, afecta claramente la función del sistema nervioso central y autónomo. Sin embargo, los mecanismos neurales y fisiológicos que subyacen a la regulación del humor solo empiezan a ser conocidos. El entrenamiento de la conciencia plena parece mejorar la atención focalizada, con el apoyo de la corteza cingulada anterior (su activación se relaciona con la integración y dirección de la atención y la motivación, además del control motor), la ínsula (su activación se relacionada con la interocepción), la unión temporoparietal y la red neuronal frontolímbica, activa el córtex prefrontal izquierdo (que se relaciona con afectos positivos y mayor resiliencia) y otros, cambios todos que pueden operar en conjunto estableciendo una mayor autorregulación. En la regulación emocional (que es la capacidad de influir sobre las respuestas emocionales en curso, disminuyendo la posibilidad de reacción automática), los cambios en la corteza prefrontal lateral promueven la selección estable de una vía sensorial no conceptual, una alternativa a los intentos convencionales para reevaluar cognitivamente las emociones negativas. En términos neurales, la transición a la conciencia no conceptual consiste en reducir el procesamiento evaluativo, con el apoyo de las estructuras de la línea media de la corteza prefrontal lateral. En su lugar, los recursos atencionales se dirigen hacia una vía límbica para la conciencia del momento presente sensorial, con la participación del tálamo, la ínsula y las regiones sensoriales primarias.

La conciencia plena proporciona una metacognición (conocimiento de las operaciones mentales que intervienen en el propio conocimiento) emocional más adaptativa y mejores índices fisiológicos de regulación autonómica. La meditación parece incrementar la capacidad atencional y disminuir la tendencia a la habituación o acostumbramiento (que conlleva una atención disminuida o relajada ante un evento o estímulo repetido). En el largo plazo, especialmente, los meditadores detentan diferencias estructurales en la materia cerebral gris y blanca debidas a la plasticidad neuronal. Aunque con la meditación pueden lograrse efectos similares a las técnicas de relajación, hay muchos efectos neurofisiológicos de la meditación que no se dan, o se dan en el sentido contrario, en la relajación: la meditación eleva algunos parámetros indicadores de la actividad del sistema nervioso central, en vez de disminuirlos como hacen las técnicas de relajación. De hecho, es bastante probable que con la meditación se dé un incremento de los recursos atencionales y de la eficiencia o velocidad de procesamiento de los estímulos. Además, podría prevenir la disminución de la corteza cerebral asociada a la vejez.

Hay también una correlación positiva entre el entrenamiento habitual en meditación y la disminución del sufrimiento psicológico, y hay numerosas pruebas de que proporciona una mejor adaptación al estrés en general. La literatura especializada analizada en este trabajo ha documentado de forma más bien preliminar ciertos efectos de la meditación y la conciencia plena, así como de los mecanismos neurológicos que pueden explicar los correlatos clínicos observados. Los trastornos mentales caracterizados por déficit en la regulación emocional se asocian con frecuencia con disfunción en la red frontolímbica, es decir, con reducción de la activación prefrontal y activación exagerada de la amígdala. Es el caso, por ejemplo, de la depresión, el trastorno límite de la personalidad, el trastorno bipolar, la fobia social, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de estrés postraumático, la agresividad impulsiva, las adicciones, el trastorno de ansiedad generalizada y la ansiedad. En contraste, la conciencia plena mejora la activación prefrontal y mejora el control prefrontal sobre la amígdala.

 

Artículo extraído de la Web ElSevierEstudio realizado por José Manuel Bertolin Guillen. Servicio de Psiquiatría y Salud Mental, Hospital Arnau de Vilanova, Generalitat Valenciana, Valencia, España. Link directo a la nota: http://www.elsevier.es/es-revista-psiquiatria-biologica-46-articulo-sustratos-psiconeurobiologicos-meditacion-conciencia-plena-90338095 Vol. 21. Núm. 02. Mayo 2014 - Agosto 2014.

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