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¿Murió Sócrates por envenenamiento de cicuta? (Tercera Parte)

Con esta tercera parte concluimos el extenso y minucioso análisis que el Dr. William B. Ober hace del último "acto" en la vida del más célebre de los filósofos griegos, Sócrates. Esperamos que el mismo haya sido hasta ahora, y hacemos votos de que lo sea hasta el final, del agrado de los calificados lectores de esta prestigiosa página "Salud y Psicología". Continuamos, pues.

Pero el envenenamiento por cicuta implica más que la simple parálisis motriz ascendiente. Sydney Smith y Frederick Fiddes describen "primero un dolor ardiente en la boca y el abdomen con náusea y vómito debido a la acción local irritante (...). A veces hay convulsiones, pero la disnea con la cianosis y la debilidad muscular progresiva son las principales características". La descripción más reciente es de Wolfgang von Oettingen y es más detallada:

El envenenamiento por conina normalmente tiene un curso muy rápido. Durante la primera media hora, los síntomas consisten sobre todo en salivación, náusea, vómito e irritación de la faringe. Después la boca se pone seca, el paciente sufre de sed y no puede tragar.

A estos síntomas siguen las convulsiones, el debilitamiento de las extremidades inferiores y la parálisis de los músculos esqueléticos, siendo aquellos que regulan los movimientos respiratorios los últimos afectados. Las pupilas están casi siempre dilatadas y el paciente puede padecer diplopía y ambliopía y oír mal (...) pero se conserva la conciencia hasta el final. ("Poisoning", Nueva York: Paul B. Hoeber, 1952; página 317)

Es difícil reconciliar tal descripción con la muerte serena y pacífica que Platón describe así: "se descubrió la cara, porque se la había cubierto y dijo -fueron sus últimas palabras- : Crito, le debo un gallo a Asclepio, ¿te acordarás de pagar la deuda?... en un minuto o dos se oyó un movimiento, y los asistentes lo descubrieron; sus ojos estaban fijos, y Crito le cerró los ojos y la boca". Platón no describió la sensación ardiente en la boca y el estómago ni la diplopía y ambliopía, sed e incapacidad de tragar; éstas son, después de todo, sensaciones subjetivas, y Sócrates quizá no se haya quejado de ellas en voz alta. Pero Platón no menciona la salivación, ni la náusea ni la basca ni el vómito. Tampoco hay mención de temblores, movimientos clónicos de alguna extremidad, ya no digamos una convulsión generalizada. No hay descripción de cianosis ni de la disnea y respiración agitada de la asfixia terminal. Sólo podemos concluir que los testigos no le dieron a Platón una descripción precisa o que Platón eligió omitir tales detalles porque sintió que eran desagradables o que restarían a la imagen de Sócrates enfrentando a la muerte con valor y muriendo pacíficamente. No es probable que los testigos hayan sido poco precisos; suficientes contemporáneos suyos habían recibido la cicuta como para que no estuvieran familiarizados con los aspectos más horripilantes de la muerte ocasionada por ese medio. Es casi seguro que Platón, al relatar el suceso algunos años después de que ocurriera, eligió editar los hechos y presentar una versión literaria que estuviera en armonía con las ideas filosóficas de Sócrates. Cuando uno altera los hechos, es inevitable que surjan ambigüedades para los lectores posteriores. Por ejemplo, la tradición académica nos pide interpretar las últimas palabras de Sócrates: "Crito, le debo un gallo a Asclepio" como irónicas, como sugiriendo que la muerte estaba a punto de curarlo de la enfermedad de la vida. Realmente, ¿por qué un hombre que acaba de ingerir un veneno tendría que pedirle a un amigo que hiciera un sacrificio en su nombre al dios de la salud? Pero la segunda parte de la sentencia sugiere una interpretación diferente: "¿Te acordarás de pagar la deuda?" Seguramente, aun si Crito tenía fama de despistado, no era ésta la ocasión para molestarlo. Es más probable que Sócrates, que entonces tenía 70 años, haya padecido de algún mal menor, oculto, le haya rogado al dios, pero a causa de su juicio y prisión no haya tenido tiempo de cumplir su voto. Si interpretamos esta oferta de hacer una libación como prueba de que se quería representar su última escena apegándose estrictamente a las formas, está claro que su última línea se debía interpretar de la misma manera. Pero, si aceptamos que Platón ha alterado la historia, ¿podemos estar seguros de que estas fueron realmente las últimas palabras de Sócrates? ¿Se le atribuyeron quizá para dar un efecto retórico? Quizá la versión neoclásica de David de la escena no está más lejos de la verdad que el relato de Platón.

¿Cuál pudo ser el motivo de Platón para semejante "suppressio veri"? La respuesta más simple es que quería preservar la noble imagen de su amigo y maestro, "el más sabio y más justo y mejor", y que no quería detalles indignos que oscurecieran la heroica modalidad de la muerte. Estaba escribiendo literatura, no un anal histórico. También estaba escribiendo filosofía, y Christopher Gill, que ha examinado la cuestión desde el punto de vista de un filósofo, interpreta la versión libre de Platón de la escena de la muerte como una elaboración del tema de la purificación de la psique a partir del cuerpo: "El movimiento final del cuerpo de Sócrates es el último índice de la presencia de la psique, quizá el movimiento mismo de su partida. La quietud, la calma, la regularidad de los efectos de la penetración del veneno en el cuerpo de Sócrates (tan diferente del caos, la sordidez y el colapso descritos por Nicandro y los toxicólogos modernos) es la quietud de un ritual, el "katharmos" o purificación del alma al dejar la prisión del cuerpo." ("The Death of Socrates", Classical Quarterly, 23, 1975, página 25)

El tratamiento de Platón de la escena, que transforma un suceso histórico en una idea filosófica, ha demostrado ser eficaz como mitopoesis, tanto que el relato final generalmente se toma como hecho. Cuando regresamos a la cuestión planteada en el título de este capítulo, "¿Murió Sócrates envenenado por cicuta?" la respuesta debe ser sí. Pero sabemos esto más por el conocimiento de las costumbres de los antiguos griegos y de su código penal que por la descripción de Platón de los signos y síntomas de Sócrates. Sin embargo, ¿quién cambiaría una palabra del Fedón en nombre de la exactitud? No obstante, cuando uno relee la página impresa a la fría luz de la North Library, refugiándose del humo y la niebla en una tarde de diciembre, uno no puede olvidar por completo que el Fedón está concebido como forma artística y que una muerte satisfactoria para Sócrates es su metáfora necesaria y climática. Quizá los deseos parricidas inconscientes de Platón se desplazaron sobre su maestro y tomó las circunstancias de la muerte sancionada legalmente de Sócrates para neutralizar sus propios sentimientos de culpa que quizá fueron la causa de que no estuviera allí. Este es un drama logrado, sublime y catártico gracias a las inevitables distorsiones necesarias para poder transformar esta experiencia de vida en arte.

 

Links a la Primera y Segunda parte:

http://www.saludypsicologia.com/posts/view/624/name:Murio-Socrates-por-envenenamiento-de-cicuta-Segunda-Parte

http://www.saludypsicologia.com/posts/view/623/name:Murio-Socrates-por-envenenamiento-de-cicuta-Primera-Parte

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Raúl Adorni
Apuntes de un lector incurable (o una placentera forma de TOC). Estudiante Avanzado de Filosofía y Letras. Amante de los animales. Vive y trabaja en Rosario, Argentina.