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C. G. Jung por Herbert Read (Primera Parte)

Como cuando con curiosidad infinita de aprendiz, no exenta de un placer "casi físico" (que no hesito en celebrar hedónico), frecuento, una vez más, los "Diálogos" de Platón, o los "Comentarios" de Marco Aurelio o los "Ensayos" de Montaigne, o los cuatro tomos de la monumental "Historia de las Ideas y de las Creencias Religiosas" de Mircea Eliade, siempre que vuelvo a la obra (a la encantadora obra, diré) de Karl Gustav Jung, siento que más que estar leyendo a uno de los padres de la Psicología Profunda y de la Psiquiatría, estoy escuchando hablar a un amigo. A un muy querido amigo. A la luz de este sentimiento, es que ahora deseo compartir con los calificados lectores de "Salud y Psicología", uno de los cuarenta ensayos de un libro que nadie que ame el Arte debiera evitar: "La Décima Musa".

Hagamos un poco de historia

Hacia 1957, el prestigioso filósofo, político, anarquista, poeta, novelista y crítico de Arte y Literatura inglés Herbert Read (1893-1968) da a la estampa un nuevo libro, uno más en su no menos docta que prolífica producción, al que llama "The Tenth Muse". El mismo es publicado por la Casa Editorial londinense "Routledge & Kegan Paul Limited". Lo dicho, cuatro veces diez ensayos de los más diversos temas y extensión agotan las 317 páginas del mismo. Cuatro veces diez ensayos urdidos con infrecuente lucidez y estilo llano, sobrio y ameno. Así, por ejemplo, el ensayo que abre el volumen lleva un nombre que no despierta en el posible lector demasiada convicción por leerlo: "Sobre algo particular"; una vez leídas las cuatro páginas que le llevó escribirlo a Read sabemos que ese "algo particular" es precisamente la escritura de ensayos, y que, de habernos dejado llevar por una poco afortunada elección del nombre del ensayo de parte del autor, nos hubiésemos perdido de leer un excelente trabajo. Hojeándolo, observo que alguna vez subrayé la siguiente línea: "El experto es por lo común un individuo que lo sabe todo con respecto de una determinada cosa y que sabe muy poco con respecto de todo lo demás." El segundo ensayo se titula "El arte de la crítica de arte". He de reconocer que ese nombre, a diferencia del primero, sí despierta en el posible lector (al menos lo hace conmigo) la convicción de leerlo. Otros títulos de ensayos de "La Décima Musa" son: "Goethe y el arte" (el quinto); "Miguel Ángel y Bernini (el décimo segundo); "Baudelaire como crítico de arte" (el décimo cuarto); "El teatro y la escena" (el vigésimo segundo); "Ezra Pound" (el trigésimo); "Gandhi" (el trigésimo segundo); "El arte tribal y el hombre moderno" (el trigésimo sexto). El que ahora nos interesa transcribir para beneplácito del lector de "Salud y Psicología" es el vigésimo cuarto: "C. G. Jung". Existe edición en español de este libro. El traductor es E. L. Revol. La editorial es "Infinito", de Buenos Aires. El año de edición es el 1972.

"C. G. Jung" es un trabajo que, dada sus quince páginas cubiertas de vastas parrafadas que aciertan a los muchos renglones a dar con una solución de continuidad, hemos de presentarlo (para no cansar la espectativa de quienes tengan a bien cursarlo) en cinco partes de similar extensión. Deseamos que lo disfruten como lo hemos disfrutado nosotros.

 

 

I parte:

"Un día que estábamos sentados en su estudio que da al lago de Zürich, le pregunté a Jung cuál había sido el objetivo fundamental en toda la labor de su vida y él me respondió sencillamente: Quería comprender... Comprender es mi única pasión. Pero también tengo el instinto del médico. Quiero ayudar a la gente que siente un dolor. Pero, para poder ayudarlos, tengo que comprenderlos."

Carl Gustave Jung es hijo de un pastor protestante (el ensayo, volvemos a decir, es de 1957 y Jung, nadie lo ignora, murió en 1961) y nació en la aldea de Kesswill, en el cantón de Thurgau, "en el año del cerdo". Esta es una observación humorística del propio Jung, pues en el calendario chino el año de 1875 lleva este símbolo, que es el símbolo de oscuridad. De niño, Jung notó que el mundo era sombrío y oscuro, que la realidad no armonizaba con las explicaciones superficiales que le daban sus mayores. Estaba la oscuridad del pasado, una noche en que incontables razas de hombres vivieron, dejando sus huellas sin descifrar; estudiaría, pues, arqueología. Estaba la oscuridad del lenguaje, la de diferentes razas que hablaban diferentes lenguas y la de muchos lenguajes que en otros tiempos se hablaron y que habían desaparecido, dejando huellas únicamente en manuscritos borrosos y leyendas rotas; estudiaría, pues, filología. Estaba la oscuridad de la vida misma, es decir, el misterio de la evolución biológica del cuerpo humano y del espíritu humano. En esta última zona estaba el misterio más sombrío de todos y a aclararlo terminaría por dedicarle toda su energía de investigador.

No es muy asombroso que hubiera esta propensión en su naturaleza. Por varias generaciones sus antepasados por ambos costados de la familia fueron teólogos, tratando de resolver el misterio de la vida por penetración espiritual, o médicos que indagaban los secretos del cuerpo. Su abuelo por parte paterna, alemán de nacimiento, fue poeta al igual que médico y tuvo que dejar su país natal debido a sus simpatías revolucionarias, llegando a Basilea con una recomendación de aquel gran humanista que fue Alejandro von Humboldt. En Basilea, este antepasado de Jung actuó como profesor de anatomía y fundó posteriormente el primer asilo de dementes y la primera institución para niños retardados. Casó con la hija de una antigua familia patricia, al igual que su hijo. A Basilea fue llevado el propio Jung, a la corta edad de cuatro años, y Basilea es la ciudad donde, por así decirlo, reunió las dos tendencias de sus antepasados.

En Basilea hizo sus estudios primarios y secundarios, terminando asímismo en ella la carrera médica. Ya había descubierto su vocación específica y se había sentido atraído por el aspecto psiquiátrico de la medicina. En 1900 pasó a ser ayudante de Bleuler, célebre especialista en enfermedades mentales que estaba a cargo del asilo cantonal y de la clínica psiquiátrica de Zürich. Dos años después terminó su tesis de doctorado relativa a "La psicología y la patología de los fenómenos denominados ocultos".

En esta primera publicación de hace casi medio siglo, Jung ya adelanta no sólo ciertos conceptos teóricos que mencionaremos más adelante sino también dos características de su método, a saber, su elección de un tema (en este caso "lo oculto") que es peligroso en la medida que sugiere que el autor tiene cierta predilección personal por el mismo; y simultáneamente la negativa a aceptar el marbete erróneo que la moda impone a este tema; así, los fenómenos son "supuestamente" ocultos, pero se verá que a opinión del autor están dentro del alcance de un método científico, por lo cual son explicables, inteligibles.

Este estudio juvenil parte del examen de las formas de histeria que asumen la forma de sonambulismo (el caminar dormido), pero los principales datos proceden del análisis de una médium espiritista que llevó a cabo Jung en los años de 1899 y 1900. Este caso estaba lleno de problemas psicológicos, contenía muchos más que los que Jung estaba en condiciones de enfrentar a esa altura de su vida; pero su importancia reside en su desafío ante las nociones aceptadas sobre el funcionamiento de la mente. La noción de que parte del espíritu nos es desconocida, de que está por debajo del nivel de la conciencia, no era nueva, por supuesto. Hay presentimientos de ella en la filosofía griega y la encontramos como "idea" en Leibniz, kant, Coleridge, Hartmann y Carus. Freud había convertido la idea en hecho demostrable y, aunque Jung recién se encontró con Freud en 1906, desde el primer momento estuvo en relación amistosa y fértil con el hombre y su obra. La hipótesis de la existencia de un inconsciente dinámico es de importancia básica en este primer ensayo de Jung, pero ya Jung había ido un paso más allá de la posición de Freud. Tras analizar todos los rasgos fundamentales del caso que son de importancia para la comprensión de la estructura del espíritu, Jung procede a destacar que "ciertas manifestaciones conexas" deben ser mencionadas y que éstas -es su temor- tropezarán con "un no injustificable escepticismo" en los círculos científicos. A este nuevo material lo llama "trabajo creador inconsciente adicional". Con esta frase quería indicar la posibilidad de que, aparte de los resultados de la actividad inconsciente, que pueden explicarse en términos de procesos asociativos corrientes y mediante referencia a la historia anterior del paciente, hay otros resultados (por ejemplo "la lectura mental" de números) que parecen depender de un estado de receptividad en el inconsciente que es mayor que todos los que conoce la actividad mental consciente. En síntesis, que el inconsciente posee capacidades de creación que están más allá del alcance de la consciencia. He aquí la sugestión que le impuso a Jung este caso que observó siendo un joven de veinticuatro años de edad y, en considerable proporción, la labor de toda su vida a consistido en sustanciar esta intuición inicial. A su paciente le había resultado imposible explicar en qué forma adquirió el conocimiento que almacenaba en su inconsciente. Sin embargo, Jung podía descubrir cierto número de paralelos en fuentes ocultistas y gnósticas, esparcidos en todo género de obras de diferentes períodos e inaccesibles a la paciente. Esta paradoja le hizo salir en un viaje de exploración que todavía no ha terminado.

 

Leer Segunda Parte: http://www.saludypsicologia.com/posts/view/653/name:C-G-Jung-por-Herbert-Read-Segunda-Parte

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Raúl Adorni
Apuntes de un lector incurable (o una placentera forma de TOC). Estudiante Avanzado de Filosofía y Letras. Amante de los animales. Vive y trabaja en Rosario, Argentina.