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"C. G. Jung" por Herbert Read (Segunda Parte)

Habiendo llegado en nuestra entrega anterior (Primera Parte) al punto en el que el joven Jung observa, en el caso del análisis de una médium espiritista durante los años 1899 y 1900, que el inconsciente posee capacidades de creación que están más allá del alcance de la consciencia (nadie ignora que desde entonces CGJ dedica, en buena proporción, el resto de su vida a sustanciar esa intuición inicial que despierta en él el caso de marras), seguimos adelante:

Existe el concepto erróneo según el cual Jung es un discípulo inicial de Freud que ulteriormente abandona a su maestro. Nada podría ser más engañoso. Desde el comienzo mismo hubo diferencias de procedimiento y de perspectiva que necesariamente llevarían a resultados divergentes. La obra de Freud se basa en un método científico restringido al principio de causalidad; es decir, se da por supuesto que todo cuanto ocurre tiene una explicación en causas previas y es tan sólo el resultado de esas causas. El mundo es un mecanismo que puede desmontarse y sólo podemos comprender cómo funciona si sabemos cómo desmontar y montar nuevamente sus partes integrantes. Jung no niega este principio causal, pero afirma que es inadecuado para explicar todos los hechos. En su opinión, vivimos y trabajamos, día tras día, conforme al principio de una meta o un propósito establecido, como así también conforme al principio de causalidad. Somos impulsados hacia adelante y nuestras acciones tienen sentido en relación con un futuro que no podemos prever; y sólo resultarán explicables cuando el efecto final del impulso sea evidente. En otras palabras, la vida tiene un "significado" así como una explicación; y se trata, por otra parte, de un significado que no podemos descubrir nunca definitivamente, pues lo extiende todo el tiempo el proceso de evolución.

¿Es esta afirmación de carácter místico? De ningún modo -diría Jung. Sólo es el reconocimiento de hechos objetivos, de hechos que pueden resultar peliagudos para los espíritus adiestrados en la disciplina de la lógica causal, pero que con todo son hechos. En este primer caso de histeria que observó esmeradamente, ya se hacía evidente que el inconsciente, en la elaboración de fantasías sistemáticas, sigue determinadas pautas que son desconocidas para la conciencia de la vigilia y que estas pautas no son determinadas por los hechos del caso, pero no obstante pueden ser relacionadas con pautas en otros sistemas de pensamiento e imágenes. Es decir, cabe afirmar que el inconsciente posee una propensión innata a la formación de símbolos específicos y que estos símbolos tienen una significación que rebasa los límites de lo personal, que es histórica, racial o colectiva... pero por entonces Jung no podía decir cuál de estas cosas.

Sin embargo, afirmó el valor positivo y suprapersonal del símbolo y ya en este acto inicial optó por un camino diferente del de Freud, quien sólo puede ver en el símbolo un signo o representación de las primitivas tendencias sexuales del individuo. En opinión de Freud, todos los símbolos pueden ser y "deben ser" reducidos a productos de instintos biológicos (específicamente, sexuales). Es posible que esa sea su explicación científica -respondía Jung-, pero "la causalidad sólo es un principio y fundamentalmente no puede agotarse la psicología mediante la aplicación única y exclusiva de métodos causales, puesto que el espíritu vive asimismo mediante metas". Sabemos que no sólo de pan vive el hombre; y tampoco -agregaría Jung- de la energía generada por deseos infantiles reprimidos de placer o poder. El hombre debe poseer asimismo la "esperanza"; y la esperanza, o sea la fe en el valor intencional de la vida, constituye una necesidad vital. Porque se trata de una necesidad vital, el inconsciente ha creado (en el transcurso de muchos miles de años) imágenes simbólicas o moldes de pensamiento con que pueden modelarse y expresarse las esperanzas y las aspiraciones de la humanidad. El símbolo tiene, de este modo, una función evolutiva. "El desarrollo ulterior del hombre -ha escrito Jung- sólo puede ser producido por medio de símbolos que representen algo que lo sobrepasen de lejos y cuyos significados intelectuales aún no puedan ser aprehendidos por completo. El inconsciente individual produce estos símbolos, los cuales son del mayor valor posible en el desarrollo moral de la personalidad".

Esta concepción, que amenazaba trastornar el materialismo científico del siglo XIX, en particular por su influencia en las creencias religiosas, ha sido objeto de enconada oposición no sólo por parte de los psicólogos empíricos de la escuela de Freud sino también por parte de toda la tendencia positiva y marxista del pensamiento contemporáneo. Jung permanece imperturbable, pues no es su propósito llevar agua a un molino, sea este político o religioso. Él se mantiene objetivo. En lo tocante a la religión, coincide con Cicerón en hacer derivar la palabra, no de "religare" (amarrar, según querrían los Padres de la Iglesia) sino de "relegere", lo cual significa observar atentamente, buscar sugestiones y esperar insinuaciones, no siendo nunca dogmáticos. No es necesario ser un teólogo para obtener estos indicios, pues les llegan a hombres de todo género y de toda condición, incluso a hombres, como San Pablo, que son los que menos los esperan o quieren. Llegan, por supuesto, del inconsciente y nuestra única clave para la comprensión de su naturaleza y funcionamiento consiste en el estudio científico de los sueños.

 

 

Quizá podremos obtener una noción más clara de la función que se le atribuye a los sueños en la psicología de Jung si consideramos el proceso entero a la inversa. Debemos imaginar, entonces, un proceso psíquico único e ininterrumpido, tan universal como el proceso cósmico o "naturaleza", e igualmente alejado de nuestra escala humana de espacio y tiempo. Como personas individuales, somos "portadores" de esta fuerza: dependemos de ella más o menos del mismo modo que nuestros cuerpos dependen del aire. Tenemos que mantenerla bajo presión, contenida dentro de una envoltura sensible, y normalmente sólo tenemos conciencia y presentamos a nuestros congéneres esta envoltura. Pero no tenemos derecho a olvidar nuestra dependencia de esta fuerza psíquica, no tenemos derecho a suponer que somos enteramente autónomos y exclusivamente personales. Así, en ciertos estados de desatención (en el soñar despierto, en el sueño, en la histeria, etc.), la fuerza inconsciente se nos revela no como una posesión individual sino como algo impersonal, racial y hasta primitivamente animal. A esta revelación la llamamos sueño o ensueño y, en cuanto tal, no se la puede explicar con una psicología que procede única y exclusivamente de la conciencia individual.También en este caso, sólo es un atisbo lo que obtenemos, pues el sueño está por detrás, dominando nuestra vida psíquica: "no soñamos sino que somos soñados". Nos sometemos al sueño, somos en parte la creación de nuestros sueños y lo creado no puede comprender del todo el propósito del creador. "El sueño es un mensaje misterioso que llega de nuestro lado nocturno", de la oscuridad que nos esforzamos por comprender. Nunca es, según sostendrían los freudianos, explicable totalmente en términos de nuestra razón o de nuestros impulsos instintivos. Jung lo reitera: tiene un propósito que no corresponde necesariamente a los propósitos de la mente consciente y la causalidad. De esto se desprende que no puede haber símbolos "standard", útiles para todos los sueños, como los que hay en la psicología freudiana, pues el propósito del sueño variará con cada individuo y en cada situación. Siempre existe una relación complementaria o compensatoria entre la situación consciente del soñador y el sueño; y la interpretación de los sueños sólo puede llevarse a cabo si poseemos el conocimiento necesario de la situación consciente. Dice Jung que siempre es útil, cuando emprendemos la tarea de interpretar un sueño, preguntarse: "¿qué actitud consciente compensa?". Hay un lenguaje de los sueños y este tiene determinadas raíces en el pasado, pero se trata de un lenguaje que se ha llenado de complejas y sutiles inflexiones. La tarea de la interpretación necesariamente ha de ser ardua, pero constituye, empero, una parte esencial de la psicoterapia.

El sueño no es un acontecimiento aislado. Forma parte de un proceso mental inconsciente e ininterrumpido que por azar interrumpimos y conseguimos traer a la consciencia. Por tal motivo es importante estudiar sueños en series, pues están ligados por vínculos inconscientes de significado; y quizás el analista, al hacer lectura en diversos puntos, puede adivinar las líneas de comunicación. Puede hallar que se cruzan en un punto determinado, que pasa a ser el "centro de significación". Cuando un centro de esta naturaleza queda establecido, la tarea de la interpretación es simplificada enormemente.

 

Leer Primera Parte: http://www.saludypsicologia.com/posts/view/642/name:C-G-Jung-por-Herbert-Read-Primera-Parte

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Raúl Adorni
Apuntes de un lector incurable (o una placentera forma de TOC). Estudiante Avanzado de Filosofía y Letras. Amante de los animales. Vive y trabaja en Rosario, Argentina.