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"C. G. Jung", por Herbert Read (Tercera Parte)

Recordará el lector que haya tenido la amabilidad de acompañarnos hasta aquí en la lectura de este extenso ensayo de Herbert Read (y hacemos votos porque haga otro tanto hasta la conclusión del mismo), que el último de los párrafos de la Segunda Parte que publicamos en "Salud y Psicología", nos alerta de que "el sueño no es un acontecimiento aislado y de que forma parte de un proceso mental inconsciente e ininterrumpido que por azar interrumpimos y conseguimos traer a la realidad". Nos dice, además, que es importante para el analista "estudiar sueños en series, pues están ligados por vínculos inconscientes de significado". El analista que esté atento ha de poder dar con las líneas de comunicación entre ellos; puede hallar que se cruzan en un punto determinado, que pasa a ser "el centro de significación". Cuando un centro de esta naturaleza queda establecido, la tarea de la interpretación -nos advierte- se simplifica enormemente. Dicho lo cual, seguimos adelante:

La tarea de interpretación se simplifica enormemente. Pero no queda terminada. En el centro de significación puede haber un símbolo y también a este respecto Jung es demasiado cauteloso para darles a estos símbolos una equivalencia simplista en nuestra vida consciente. "El sueño habla en imágenes y expresa instintos que proceden de los niveles más primitivos de la naturaleza". Es posible que no seamos capaces de interpretar estas imágenes con nuestro idioma consciente y refinado. Pero podemos reconocerlas en lo que son, como mensajes de otro sedimento psíquico y podemos asimilarlas, familiarizarnos con ellas. Hallaremos sus paralelos en los mitos y los cuentos de hadas e incluso en las novelas y los cuadros populares. A veces significan fuerzas positivas, las fuerzas de la vida, el poder de curar y de la fertilidad; a veces representan fuerzas negativas, las fuerzas de la autodestrucción y la muerte. En oposición a Freud, quien ve en el inconsciente un depósito de fuerzas malignas, Jung lo considera "esa cosa realmente muy natural". El inconsciente -afirma- no es un monstruo demoníaco sino una cosa de la naturaleza que es perfectamente neutral por lo que hace al sentido moral, el gusto estético y el juicio intelectual. Sólo se torna peligroso cuando nuestra actitud consciente ante él se vuelve irremediablemente falsa. Y este peligro aumenta en la medida que practicamos represiones.

En alguna parte, Jung presenta un ejemplo de este peligro. Se trata del culto nazi de las fuerzas colectivas, los dioses tribales y los hombres de poder demoníaco. Nadie advirtió la importancia de la ascensión del nazismo con tanta claridad como Jung; nadie hizo a su respecto advertencias más claras. Se hicieron oídos sordos a su voz y, después, su clara comprensión de la situación fue erróneamente interpretada como una actitud de simpatía hacia el nazismo... El médico debe ser el portador de la enfermedad que quiere curar; al profeta hay que lapidarlo por atreverse a profetizar guerra y pestilencia.

Pero, volvamos a los sueños. Como investigador científico, no le ha resultado posible a Jung explicar lo inconsciente a través de las leyes rígidas de la causalidad. Freud tendió a considerar que el inconsciente es "un pozo vacío o un caldero" que cada individuo llena a medida que crece y se adapta a un mundo hostil. La envidia y el odio al padre, los sentimientos sexualmente posesivos hacia la madre, el amor por los excrementos propios: he aquí algunos entre los muchos instintos frustrados con que está formado principalmente el inconsciente, según Freud. Su ilusión, conforme a Jung, era la de creer que lo que se había llenado en esta forma podría, mediante cierta técnica de análisis, vaciarse. Cierto es que hacia el final de su carrera freud comenzó a hablar del legado arcaico del hombre, de "tendencias heredadas" e inextirpables, de "alguna experiencia filogenética primordial" que cada niño está destinado a repetir. Pero esa concesión no estaba corroborada por buen número de datos que Freud se interesara en publicar y es dudoso que llegara a considerar que el inconsciente posee "posibilidades de sabiduría que están absolutamente vedadas a la consciencia", por tener a su disposición "la sabiduría de épocas incontables, depositada en el curso del tiempo y que yace como potencial en el cerebro humano". A Jung le correspondería desarrollar una teoría de esta índole, a la cual la ha denominado teoría del arquetipo, y hace falta una explicación más o menos dilatada de este término en toda exposición de la psicología de Jung.

 

Carl Jung speaks about Death.flv from Boris Lariushin on Vimeo.

 

Ya hemos visto que en su primera descripción de un caso, Jung llegaba a la conclusión de que el inconsciente, en la elaboración de sus fantasías, sigue, por así decirlo, ciertas huellas ya muy recorridas. Hay una especie de pauta predeterminada en la que cae el inconsciente individual, como la gelatina en un molde. La fantasía, el proceso de fabulación "se establece" a lo largo de líneas definidas. A esta tensión predeterminada en el inconsciente, Jung le da el nombre de "arquetipo".

Es importante advertir que el arquetipo no es una imagen de confección. Es, simplemente, una predisposición o tendencia heredada a fabricar tipos determinados de imágenes; ciertas líneas de fuerza a lo largo de las cuales se dispondrán "automáticamente" las imágenes que hay en el inconsciente. Puede ocurrir que el inconsciente confíe "automáticamente" en determinados símbolos, como ser la madre, el caballo, el falo, etc.; o bien que sus construcciones dramáticas (nuestros sueños) sigan las fórmulas que hallamos insertas en la mitología antigua. De cualquier modo, los datos que Jung obtuvo en su experiencia clínica, así como a través de sus lecturas de literatura religiosa y mística, antropología, folklore, etc., le convencieron de la existencia de estas pautas de expresión simbólica y gran parte de su obra consiste en el desarrollo y el examen de esta hipótesis.

La división de la personalidad mental en dos fuerzas opuestas -la conciencia y lo inconsciente- corresponde a una polaridad que se da a todo lo largo de la naturaleza y la historia. Los campos positivo y negativo del electromagnetismo, los sexos masculino y femenino, el bien y el mal: en todas partes nos hallamos ante parejas de opuestos. La dialéctica del proceso vital se basa en este hecho, pese a lo cual en nuestra vida práctica consciente, tratamos de ocultárnoslo. Nos concebimos como seres con una sola consciencia, de un solo sexo y en general con intenciones absolutamente buenas. Pero esta ilusión de unidad no corresponde a la realidad. La psicoterapia ha demostrado no sólo que nuestra mente está dividida en niveles o procesos que se oponen entre sí sino también que esta oposición se expresa en forma reconocible. Estos "modos de expresión" son los arquetipos, desconocidos y quizás incognoscibles en su existencia inconsciente. En la medida que determinan la forma que adoptan los acontecimientos en la conciencia, se hacen perceptibles. Entre ellos, podemos distinguir dos que son de significación universal. Al primero, Jung le ha dado el nombre de la Sombra. Es la personificación de todo aquello que no admitimos a nuestro respecto, nuestros "otros aspectos", nuestro "hermano oscuro" y, como conscientemente no nos gusta poseer este aspecto desagradable de nuestra naturaleza, lo concebimos como si estuviera fuera de nosotros, y creamos imágenes (arquetipos) como Satanás, Calibán, Mr. Hyde o Adolf Hitler para representar nuestro otro yo. El proceso que Jung llama "individuación", o sea el proceso de ponerse de acuerdo con uno mismo y de establecer un equilibrio entre nuestros impulsos en conflicto, es al comienzo, y en gran parte, un problema de adquirir conciencia de nuestra Sombra y aceptar esa presencia inevitable. No podemos avanzar nada hacia la salud mental hasta tanto no adquirimos plena conciencia de este otro yo y lo aceptamos como parte de la realidad total de nuestro ser.

 

Leer Primera Parte: http://www.saludypsicologia.com/posts/view/642/name:C-G-Jung-por-Herbert-Read-Primera-Parte

Leer Segunda Parte: http://www.saludypsicologia.com/posts/view/653/name:C-G-Jung-por-Herbert-Read-Segunda-Parte

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Raúl Adorni
Apuntes de un lector incurable (o una placentera forma de TOC). Estudiante Avanzado de Filosofía y Letras. Amante de los animales. Vive y trabaja en Rosario, Argentina.