Perversiones en la obra de Freud (III parte)

“En ninguna persona sana faltará algún complemento de la meta sexual normal que podría llamarse perverso, y esta universalidad basta por sí sola para mostrar cuán inadecuado es usar reprobatoriamente el nombre de perversión”. (Freud, 1905, p. 146).

Órganos con más de una función: Zonas erógenas 

Hay experiencias que corroboran la enorme plasticicidad de la pulsion sexual, como por ejemplo, lamer excrementos, tomar pis, comer insectos, etc. Y en esta superación de las resistencias (la vergüenza, el asco, el horror y el dolor) nos alejamos de la meta sexual normal.

“Pero ni aun en estos casos puede abrigarse la expectativa cierta de que se trate regularmente de personas con otras anormalidades graves, o enfermos mentales”. (Freud, 1905, p. 146).

“En la mayoria de los casos podemos encontrar en la perversion un carácter patologico, no por el contenido de la nueva meta sexual, sino por su proporción respecto de lo normal.” (Freud, 1905, p. 146).

Freud (1905) clasifica a las perversiones en algunos tipos: a. trasgresión anatómica respecto de la zona del cuerpo destinada a la unión sexual, b. demora en relaciones intermediarias con el objeto sexual. Es resumen: trasgresiones respecto al objeto o la meta.

El papel sexual de las otras partes del cuerpo se relaciona con la posibilidad de la libido de comportarse como «vasos comunicantes». Queda esbozado el fenómeno de la «corriente colateral» que explica la inclinación tan grande de los psiconeuróticos a la perversión, en tanto negativa. El acrecentamiento de dicha inclinación es colateral.

La sobreestimación sexual lleva a Freud a estudiar las distintas partes del cuerpo que reciben este tratamiento sexual, a pesar de no ser ellas genitales.

La boca y el ano

El fetichismo es un ejemplo de abandono de la meta sexual normal debido a una sobreestimación sexual de un objeto inapropiado para servir a dicha meta. Sin embargo, el sustituto (el fetiche), puede operar como condición fetichista para alcanzar la meta sexual normal, situación que nos ubica en una perspectiva dimensional y en continuum. Las condiciones para convertirse en una desviación patológica son la fijación y la exclusividad del objeto sustitutivo inapropiado para la meta sexual normal.

“Tras el primer recuerdo de la emergencia del fetiche hay una fase sepultada y olvidada del desarrollo sexual que es subrogada por el fetiche como si fuera un recuerdo encubridor, cuyo resto y decantación es entonces el fetiche”. (Freud, 1905, p. 140)

“La pulsión de ver, originariamente dirigida a los genitales quedo detenida en su camino por prohibición o represión y por eso retuvo como fetiches al pie o al zapato. Y en ese proceso los genitales femeninos se imaginaron, de acuerdo con la expectativa infantil, como masculinos.” (Freud, 1905, p. 141)

“En la elección del fetiche existe un placer de oler coprófilo, perdido por represión. Sólo es objeto sexual el pie sucio y maloliente.” (Freud, 1905, p. 141)

En la carta 55, de 1897, Freud le escribe a Fliess que le va a comunicar “dos ocurrencias en caliente”. La primera de ellas es que las perversiones por regla general desembocan en zoofilia y tienen cierto carácter animal. No se explican por un funcionar de zonas erógenas después resignadas, es decir sofocadas - mecanismo de defensa interviniente - , sino por el efecto de unas sensaciones erógenas que después pierden este poder. Sensaciones que perderían este poder en el hombre de cultura son el olfato y el placer de oler. Si en el animal el sentido rector es el olfato, en el hombre este es depuesto. “Mientras gobierna el olfato (o el gusto), los cabellos, la caca y toda la superficie del cuerpo, y hasta la sangre, producen el efecto de excitar sexualmente.” (Freud, 1897, p. 282)

Y aquí llega el párrafo más enigmático en toda la obra de Freud:

“Estos grupos de sensación tienen que ver con la estratificación psicológica y ello surge de la distribución en el sueño y mantiene relación con el mecanismo de las anestesias histéricas”.

En la carta 75, del mismo año, Freud vislumbra que en la represión coopera algo orgánico, entendido esto como el abandono de anteriores zonas sexuales. Esta conjetura dice que le nació por el enlace con el alterado papel de las sensaciones olfativas. El hombre marcha erecto, levanta la nariz del suelo y con ello se vuelven repugnantes ciertas sensaciones que antes le interesaban. Este proceso de tornarse asqueroso lo anteriormente olido permanece sin esclarecimiento. Aún así el asco y la repugnancia acotan la localización donde la pulsión sexual tendrá permitido desplegarse. “Cabe suponer que en la infancia el desprendimiento sexual todavía no esta tan localizado como después, de suerte que en ella aun aquellas zonas luego abandonadas incitan algo que es análogo al posterior desprendimiento sexual”. (Freud, 1897, p. 311)

El desprendimiento sexual, estado interno de la libido, se desprende por la estimulación periférica de los organos sexuales, por la excitación interna de estos mismos organos o bien desde las representaciones. Las huellas mnémicas, por el camino de la posterioridad, pueden ser capaces de desprender mayor libido que en su momento. Entonces los recuerdos de las excitaciones de las zonas sexuales abandonadas pueden desprender, a consecuencia de su abandono, displacer, asco.

“El recuerdo hiede actualmente como en el presente hiede el objeto; y así como en el asco extrañamos {damos vuelta} el órgano sensorial (cabeza y nariz), de igual modo lo preconciente y el sentido conciente se extrañan del recuerdo. Esta es la represión.” (Freud, 1897, p. 312).

La moral y la vergüenza se generan a expensas de una sexualidad sepultada (virtual).

“En la medida en que el recuerdo ha conservado una vivencia concerniente a los genitales, produce con posterioridad libido; en la medida en que ano, boca, etc. {fueron los afectados}, se produce con posterioridad asco interior, y el consecuente estado final es que un monto de libido no puede irrumpir, como en otros casos, hasta la acción o la traducción psíquica, sino que tiene que abrirse paso en dirección regresiva (como en el sueño). Una vez que libido y asco se entraman asociativamente, a la primera se debe que del recuerdo no pueda devenir un displacer general, etc., sino que sobrevenga una valoración psíquica, y al segundo, que esta no brinde otra cosa que unos síntomas en lugar de unas representaciones-meta.” (Freud, 1897, p. 313).

La represión modula afectos. Muda una fuente de placer interior en una de asco interior.

“La oscuridad se sitúa sobre todo en la alteración por la cual de la sensación de necesidad interior devendrá una sensación de asco.” (Freud, 1897, p. 313).

El reemplazo del olfato por la vista como sentido predominante fueron factores de importancia en la génesis de la represión.

El relegamiento de los estímulos olfatorios se conecta con la ausencia de influjo sobre la excitación sexual psíquica del proceso menstrual. Su papel fue relevado por las excitaciones visuales, que además lograban un efecto continuo.

Los excrementos estarían condenados por sus fuertes olores a compartir el mismo destino reservado a los estímulos olfatorios. “El erotismo anal fue el primero en sucumbir a la represión orgánica” (Freud, 1930, p. 98).

Freud colige un factor social en esta trasmudación del valor de los excrementos (de preciados a asquerosos) a partir del hecho cotidiano de nuestra falta de asco al olor de los propios excrementos. Son las evacuaciones de los otros las que producen desagrado. El que no es limpio, ultraja al otro. Situación que se revela en los insultos.

 

Leer Primera Parte:

http://www.saludypsicologia.com/posts/view/686/name:Perversiones-en-la-obra-de-Freud-I-parte

Leer Segunda Parte:

http://www.saludypsicologia.com/posts/view/687/name:Perversiones-en-la-obra-de-Freud-II-parte

 

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