Habitar la tierra en casas de barro: un retorno a lo natural

Las construcciones con elementos naturales cobijaron a la humanidad durante miles de años. En la actualidad, cada vez más personas eligen este método para armar sus hogares y quienes lo hacen, destacan el "empoderamiento” que le genera al ser humano.

Construir una casa no es tarea sencilla ni económica, pero cada vez hay más opciones y métodos alternativos que plantean dos grandes ventajas: economicidad y preservación de la naturaleza. Mucho se habló de lo que significa el desarrollo sustentable, y después de tanto decir, a veces parecer una utopía inalcanzable, pero hay quienes apuestan por esta frase, que aunque trillada por un modelo económico, político e ideológico, es una forma de vida para muchos.

La permacultura, o cultura de lo permanente, es prácticamente una filosofía de vida que abarca muchos aspectos, y uno de ellos es la construcción en barro. Esta técnica milenaria cada vez genera más adeptos, quizás por los costos, o por las propiedades que presenta, o por una ideología que va en contra de lo “dado” y quiere romper con ciertos parámetros y cánones establecidos.

Uno de los grandes beneficios de construir con barro, como comúnmente se conoce a la tierra estabilizada, es la calidad hidroscópica de los edificios, según aseguró a ANB el arquitecto Enrique Vaquer. Esto se refiere a que las casas de adobe tienen la capacidad por si solas, de absorber y retener la humedad, lo que genera ambientes mucho más sanos que otros materiales.

Por otro lado, la tierra estabilizada es un material “sismo resistente”, por lo que combinado con una correcta estructura, se convierte en una construcción segura, según informó el arquitecto, sin olvidar mencionar sus propiedades ignífugas, demostradas en varios incendios, en los que sólo se salvaron las paredes de barro.

Pero los “pro” no sólo están relacionados con la construcción en sí, sino también con la cadena económica y productiva que significa hacer una casa. “El costo energético que significa una construcción de hormigón o cemente, es altísimo”, advirtió Carlos Fernández, uno de los integrantes del grupo ecologista Faro Verde.  Con esto, se refería a lo que implica el cemento en una zona en la que no se produce. Transporte, combustible, rutas sobre transitadas  y el impacto ambiental son sólo algunos de los “contra” de las construcciones convencionales.

Los impulsores de este método alternativo de construcción dejaron en claro que “no se trata de fundamentalismos, no estamos en contra del cemento, no queremos que todo sea de barro”, sino que buscan “un cambio de mentalidad”.

Por cuestiones culturales, por costumbre o por simple prejuicio, se asocia a las casas de barro, con “ranchos”, con casas sin estética, o hasta incluso con la pobreza y enfermedades como la vinchuca. Lejos de ser así, hay grandes ejemplos, muchos de ellos en Bariloche, de construcciones de líneas totalmente modernas e innovadores, hechas con materiales naturales. En la localidad, hay más de 60 viviendas fabricadas con elementos naturales.

Como en todo tema que implique romper con ciertas estructuras, las contradicciones sobran. En diciembre de 2013 el Concejo Deliberante aprobó una ordenanza que habilita las construcciones con tierra cruda. El proyecto tuvo como autor a Darío Rodríguez Duch, pero detrás de el hubo muchos impulsores, entre ellos los integrantes de Faro Verde.

El principal objetivo de esta búsqueda por legislar un método natural e histórico de construcción, era lograr que las viviendas que se realizaran tengan una normativa, y una asesoría como cualquier otra. Pero aquí es donde comienzan los problemas. Fernández aseguró que “por puro gusto”, hace poco tiempo atrás se dirigió a la oficina de Obras Particulares del municipio, donde se gestionan los trámites para iniciar una construcción, y dijo que quería armar su casa de barro. A su pedido, el empleado municipal le respondió que no se podía, ya que ese método no estaba habilitado por ser muy “inseguro”. Hete aquí los problemas burocráticos que comprende el Estado. Hay una ordenanza aprobada por los ediles, pero el desconocimiento de la mayoría de los empleados municipales, es más fuerte. Lo paradójico, resaltó Fernández, es que “habilitan edificios como el Capitalinas, y si vos querés hacerte una casa de adobe te piden un estudio de impacto ambiental”.

La construcción en barro es “una rompedura de coco”, expresó Fernández, porque implica más que un simple material, o una forma de construir. La idea de utilizar elementos naturales para armar una vivienda tiene una base en una ideología “anticapitalista” que busca un desarrollo sustentable verdadero, según comentó el ecologista.

Los miembros de este grupo impulsor de la permacultura destacaron además, la importancia que reviste la búsqueda de otros materiales y otras metodologías, sobre todo, “teniendo en cuenta la crisis energética y habitacional que atraviesa el municipio”, sentenció Vaquer. Es que tienen la firme convicción, de que si se buscaran otras formas de ver y comprender a la naturaleza, todo sería más sencillo. Incluso mencionaron la posibilidad de utilizar los residuos forestales para el armado de paneles de construcción. “Todos son elementos que nos brinda el medio ambiente y que no estamos aprovechando”, señaló Fernández y añadió que “se sigue usufructuando a la ciudad, total las consecuencias las pagamos los usuarios”.

De todas maneras, cada vez es mayor la cantidad de gente que se inclina por otro tipo de forma de vida, intentando respetar más el ambiente en el cual viven. Cuando una persona tiene la posibilidad de ser parte de la construcción de su propia vivienda, el “empoderamiento que siente, es extraordinario”, enfatizó Fernández. Es que somos todos actores sociales, con capacidades que van más allá de la compra de materiales. En la permacultura, todos pueden poner manos a la obra. Una casa de adobe implica un trabajo colectivo. La ideología, entonces, va mucho más allá de ser un fanático del barro. 

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