La práctica de la Atención

La meditación consiste en traer la mente a casa, y esto se consigue en primer lugar gracias a la práctica de la atención.

En cierta ocasión, una anciana fue a ver al Buda para preguntarle cómo meditar. Él le aconsejó que cada vez que sacara agua del pozo permaneciera atenta a todos y cada uno de los movimientos de sus manos. Sabía que así alcanzaría rápidamente el estado de calma vigilante y espaciosa que es la meditación.

A la prácitca de la atención, que consiste en traer a casa la mente dispersa y centrar así los distintos aspectos de nuestro ser, se la conoce como "Permanecer apaciblemente" o "Morar en calma". Ésta es la primera práctica en el camino budista de la meditación y se la denomina shamatha en sánscrito y shyiné en tibetano.

"Morar en calma" permite realizar varias cosas. En primer lugar, todos los aspectos fragmentados de nosotros que hasta entonces estaban en guerra, se asientan, se disuelven y se reconcilian. En ese apaciguamiento, empezamos a comprendernos mejor y a veces incluso tenemos vislumbres del esplendor de nuestra naturaleza fundamental.

En segundo lugar, la práctica de la atención desactiva nuestra negatividad, nuestra agresividad, nuestro dolor, nuestro sufrimiento y nuestra frustración, que pueden haber ido acumulando poder a lo largo de numerosas vidas. En vez de reprimir nuestras emociones o regodearnos en ellas, lo importante aquí es contemplarlas, así como nuestros pensamientos y todo lo que surja, con una aceptación y una generosidad tan abiertas y tan amplias como nos sea posible.

Gradualmente, al permanecer abiertos y atentos, vuestra negatividad se irá desactivando poco a poco. Empezaréis a sentiros bien con vosotros mismos. Experimentaréis entonces una sensación de liberación y os sentiréis profundamente a gusto. A mi modo de ver, esta práctica es la forma más eficaz de terapia y autocuración.

En tercer lugar, esta práctica disuelve y elimina la animadversión y el daño que hay en nosotros, desvelando y revelando así nuestro buen corazón fundamental. Sólo cuando hayamos eliminado el daño que llevamos dentro seremos verdaderamente útiles a los demás. Así pues, al eliminar lentamente la animadversión y el daño que hay en nosotros mismos por medio de la práctica, permitimos que nuestro verdadero buen corazón -la bondad y la amabilidad fundamentales que constituyen nuestra auténtica naturaleza- resplandezca y cree el cálido entorno en el que nuestro verdadero ser pueda florecer.

Comprenderéis ahora por qué califico la meditación de verdadera práctica de la paz, de la no agresión y de la no violencia, el desarme verdadero y supremo.

 

Fuente: Sogyal Rimpoché; El libro tibetano de la vida y de la muerte. Buenos Aires, 2013, Ediciones Urano.

 

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