Lecciones de introducción al psicoanalisis: I parte

Masotta nos sorprende con el siguiente aforismo: "El complejo de castración es la envidia del pene en la mujer" y remata con "La noción freudiana del complejo de castración sirve para dejar percibir la función de la falta en la constitución sexual del sujeto. Pero si se parte de datos de hecho, no hay falta. Para que algo falte es necesario partir de conjeturas, de cosas no cumplidas. En resumen: de datos de derecho y no de hecho".

I. Origen del Psicoanálisis. Sexualidad y Saber. Labilidad del objeto de la pulsión. El sexo como escisión.

Párrafos seleccionados del libro de Oscar Masotta: “Lecciones de introducción al psicoanálisis” Ed. Gedisa, Barcelona, 2006.

Hablaremos de un campo específico. El campo especifico de la teoría psicoanalítica. El campo de su práctica y su teoría. Este campo teórico-práctico poco tiene que ver con la psicología, con la psicología general, la psicología evolutiva. Es en cambio el campo de las articulaciones del sujeto descrito en términos de la teoría freudiana (de su evolución, su estructura, y de las consecuencias de esa “evolución” y de esa estructura).

Freud estuvo del lado de quienes contrariaban esa creencia de que la histeria era una enfermedad femenina, derivada del útero. Se puede decir así que el psicoanálisis comienza con algo que va en esta dirección: tratando de separar la enfermedad psíquica del sexo biológico. Es importante decirlo así, puesto que parece paradoja, que el psicoanálisis, que como todo el mundo parece saber, trata de conectar el psiquismo con la sexualidad, se origina históricamente negando la relación de la histeria y el útero.

Freud comienza separando la histeria de la genitalidad y describiendo la causa en términos de trauma, ubicándola además en el pasado psíquico. Este campo de lo psíquico se constituye a partir de una reflexión sobre la sexualidad. Pero desde entonces la sexualidad pasa a ser algo que no tiene que ver con el Saber de todos los dias. Quiere decir que la indagación freudiana de la sexualidad delimita un campo donde el sexo quedara aislado del Saber, y en este sentido el campo del psicoanálisis es distinto al del Saber de todos los dias sobre el sexo: no porque el psicoanalista sabe más, sino porque separa el sexo del Saber. El psicoanálisis es entonces no-sexología. La gente no se enferma porque ignora las reglas biológicas, sino porque hay algo bien enigmático en el sexo. Si la sexualidad ha de ser reprimida, como mostro Freud, la culpa no reside en la sexualidad misma, sino en lo que la sexualidad contiene de enigmático. Cuando se reprime es porque no se quiere saber nada de algo que exige ser reconocido. Ahora bien, lo que aquí exige ser reconocido es que no hay Saber… unido al sexo.

Se irá a pique la idea del niño inocente y del adulto normal. Lo primero que Freud va a mostrar es que no es cierto que durante la vida infantil no haya sexualidad. Pero además que la relación que une al sujeto a sus objetos sexuales no es tan fuerte…, a saber, que esa relación de determinación es bien lábil, que el objeto es lo que más puede variar, lo que el sujeto mas puede cambiar, y también que el fin buscado puede ser otro y distinto del coito normal.

Surge así el concepto de “pulsión”, que Freud distingue del instinto animal. La pulsión tiene para Freud como característica fundamental la labilidad de eso que la liga al objeto. La pulsión no tiene un objeto dado, natural.

La histeria era el resultado de una defensa, que el paciente producía sintomas y escindía su personalidad psíquica para llevar a cabo el rechazo de ciertas representaciones que se le hacían intolerables: esas representaciones eran de contenido sexual. Comienza entonces la historia del concepto freudiano de inconsciente.

¿Por qué la sexualidad podía tornarse intolerable y producir efectos patógenos? Lo que el sujeto reprime es que, tratándose de cosas sexuales, tiene que arreglárselas solo. Ni la pulsión le facilita la determinación del objeto, ni hay Saber del objeto que la pulsión podría determinar. Lo que está en juego en el sexo es el Saber del objeto. El sujeto no sabe sobre aquello que está en el origen de los sintomas que soporta (he ahí al inconsciente) porque nada quiere saber de que no puede saber que no hay Saber sobre lo sexual.

Lo que Freud vino entonces a decirnos es que la sexualidad del adulto tiene que ver con ciertas maneras que tiene el niño de referirse a sus primeros objetos. Freud llamo “etapas” a esas maneras: una manera oral, una manera anal, etcétera. Lo importante: que esas maneras eran especies de “patterns” por donde el niño erogenizaba su propio cuerpo. Y además, que el cuerpo erógeno (el cuerpo sexuado, capaz de goce del adulto) se constituye en los anos de la edad infantil, que todo está decidido ya para los cinco años.

En 1905 Freud describe tres “etapas” y un “periodo”, al que llama “periodo de latencia”. Una etapa oral, anal y genital, la que sigue al periodo de latencia, y en la que la estructura del sujeto queda acogida en los moldes de la masculinidad o la feminidad. Obsérvese al pasar que masculinidad y feminidad no son para Freud propiedades del punto de partida del desarrollo del sujeto, sino puntos de llegada, términos de ese desarrollo.

Decir que lo patógeno residía en algo ocurrido en el pasado, que ese pasado tenía que ver con la sexualidad infantil, no significaba sino comenzar a delimitar el complejo de Edipo.

El discurso del paciente se torna verdad (aparece la fantasía) en el mismo momento que la realidad del referente (la escena sexual infantil) se manifestaba como falso. Nace en la historia de la teoría la noción de fantasía. Término que designa eso que no había existido en lo real sino en el discurso del paciente, pero que por ello mismo conserva su capacidad de causa, su poder patógeno. Fantasía de seducción en primer lugar, a la que Freud otorgaría un estatuto nuevo: el de “protofantasia”. La protofantasia, o fantasía originaria de seducción, es concebida como estructura fantasmatica referida a una escena de seducción del niño por un adulto. Cuando Freud dice protofantasia quiere significar a la vez algo viejo en el tiempo, arcaico, pero también algo constitutivo, fundante de la estructura del sujeto. Posteriormente Freud agregaría a esta protofantasia de seducción otras dos protofantasias: la castración y la escena primaria.

El falo no es el pene. Según términos de Freud el falo es la “premisa universal del pene”, es decir, la loca creencia infantil de que no hay diferencia de los sexos, la creencia de que todo el mundo tiene pene. Si llamamos Falo a la “premisa universal del pene”, lo menos que nos cabe aceptar entonces es que el Falo es un no-representable. No se puede dibujar, no se puede esculpir un Falo. Pero más importante: es por la cuestión del Falo que la castración se introduce en la estructura del sujeto. La confrontación de la premisa, el Falo, con la diferencia de los sexos: he ahí lo que la teoría ha llamado complejo de castración. Es decir, que la castración es la consecuencia inmediata del Falo. El sujeto infantil –niño o niña- ha partido de que solo hay pene, que únicamente existe el genital masculino, y cuando con el tiempo descubre que hay dos sexos, que anatómicamente hay seres que carecen de pene, surge entonces el complejo de castración. El varón, ante la confrontación con el hecho de la diferencia, se siente “amenazado” en su genital. Él lo tiene –a ese pene- pero podría perderlo. En cuanto a la mujer, que no lo tiene, anhela tenerlo, lo “envidia”. Envidia y amenaza de castración: no son sino términos que nombran el caso de la mujer y el del varón en el interior de esa estructura que Freud llamo complejo de castración. El  complejo de castración es entonces “envidia del pene” en la mujer.

La noción o la estructura freudiana de complejo de castración sirve para dejar percibir la función de la falta en la constitución sexual del sujeto humano. Pero si se parte de datos de hecho, no hay falta. Para que algo falte es necesario partir de conjeturas, de cosas no cumplidas. En resumen: de datos de derecho y no de hecho.

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