Comer exclusivamente productos naturales

Alimento natural es el que ofrece la Naturaleza en cada lugar y en cada época del año y le conviene a nuestro organismo en el estado en que ésta lo ofrece. No es necesario cocerlo, asarlo o someterlo a preparación previa, como sucede con las frutas y las semillas de los árboles.

Es indispensable saber escoger los alimentos a fin de mantener la salud, pues el alimento digerido forma la sangre y ésta será de la misma calidad de aquél. La salud depende de una buena nutrición y ella no puede existir sino introduciendo en nuestro cuerpo los productos destinados por la naturaleza para nuestro mantenimiento.

El orden natural establece que el reino mineral sustenta al vegetal y esté al animal, de donde resulta que ingerir substancias minerales, como son casi todos los productos farmacéuticos, es introducir materias extrañas en el organismo que no pueden ser asimiladas y que por lo tanto necesitan ser eliminadas.

El animal en libertad, con auxilio de su instinto, busca el alimento que le conviene, pero el hombre, habiendo degenerado su instinto, cree poder comer cuanto le plazca, sin más límite que sus recursos o caprichos.

Contravenir este precepto de la Ley Natural, es la causa principal de los males y enfermedades del ser humano. Sabios como Cuvier, Slikyssen, Carrigton, Laman, Christian, etc., demuestran, sin lugar a dudas, que el hombre, es frugívoro, es decir, que su organismo está constituido para alimentarse de fruta. Darwin, Lamarck, Haecke, etc., comprueban la analogía fisiológica del hombre con el mono, que es frugívoro. Y, como dice el doctor Almícar de Souza, la práctica es superior a toda teoría y nos muestra a millares de indígenas que viven en los bosques comiendo sólo frutas.

Las ventajas del régimen frugívoro son manifiestas. Además de evitar la enfermedad, son el medio más seguro para llevar a su curación. El raciocinio de las personas que viven exclusivamente de frutas es más claro y despejado, porque la sangre libre de toxinas irriga mejor las células nerviosas. Los que viven de frutas crudas no sólo rejuvenecen y se vigorizan, sino que se hacen inmunes a las enfermedades.

La carne de los animales no ha sido destinada para alimento del hombre y, más que alimento, es un excitante debido a los tóxicos que posee, entre los cuales están la creatina, cretinita, cadaverina, etc., que inyectados a un conejo en pequeñas proporción, causan su muerte fulminante.

Si el hombre fuera carnívoro por naturaleza se sentiría atraído por la carne cruda palpitante, y la consumiría en ese estado. Pero a pesar de que nuestro instinto está degenerado, aún se rebela ante los despojos sangrientos de cadáveres y precisa transformarlos por la acción del fuego, cambiando sus propiedades físicas para hacerlos tolerables a nuestros sentidos.

Con razón dice el doctor Amílcar de Souza:

“La mentira más convencional de nuestra civilización es la mentira del alimento cocinado; sobre todo la carne.”  

Si nos fijamos en las características del carnívoro y del vegetariano, veremos que, como el tigre, el chacal, etc., todos aquellos se distinguen por su instinto sanguinario, mientras que los vegetarianos como el elefante, el buey, el caballo, etc., son fieles, nobles y pacientes.

¿Qué vamos a buscar en los productos cadavéricos del animal que éste no haya sacado del reino vegetal? Si el buey forma y mantiene su cuerpo con la materia que extrae del débil canutillo del pasto, cuánto mejor podrá alimentarse el hombre con las substancias concentradas en las frutas y semillas que durante seis, ocho o nueve meses están acumulando energías solares, magnéticas, eléctricas y de calidad desconocida, extraídas de la tierra y de la atmósfera.

 

Fuente: Manuel Lazaeta Acharan; Medicina natural al alcance de todos. Editorial Pax México; 1997.

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