Ser sobrios constantemente

Ser sobrio es comer poco, bien masticado y en tiempo oportuno. El exceso en la comida es tan perjudicial como ingerir alimentos antinaturales porque, forzando el trabajo del aparato digestivo se congestiona y eleva la temperatura en él, con lo que se producen fermentaciones malsanas que desarrollan tóxicos envenenadores de la sangre.

El hombre es uno de los animales más frugales de la creación y sorprende la pequeña cantidad de alimento que necesita para reparar sus fuerzas. Por ejemplo San Hilario vivió seis años comiendo quince higos al día. Otros santos vivían sólo de pan y agua, o de pan y verduras.

La cuestión está en aprovechar lo que se come, resultando más favorable al organismo poco alimento que pase a formar parte de su economía que mucho que deje materias extrañas y lo intoxique. Una condición indispensable para esto es la buena masticación y la calmada deglución.

No debemos comer sin hambre, porque es forzar al estomago exponiéndolo a una mala digestión. Nuestras comidas deben ser hechas a horas determinadas, bastando tres para los adultos y siendo la del medio día la principal.

Debemos sentarnos en la mesa con espíritu alegre, libre de preocupaciones y pesares, reposando a lo menos un cuarto de hora después de terminar el alimento. 

Evitemos beber en exceso durante la comida, porque los líquidos diluyen los jugos estomacales, debilitando su acción y dificultando el proceso digestivo. 

Masticar bien quiere decir triturar con la dentadura, desmenuzar, reducir a papilla, casi a líquido, cada bocado, pues así los alimentos sufren su primera digestión al ser transformados por la saliva.

No olvidemos que la mitad de la digestión se hace en la boca y que las féculas se digieren principalmente con la saliva, sin cuya preparación producen ácidos venenosos en el estómago que irritan los riñones y el hígado. Las personas que no tienen dientes deben consumir los alimentos rallados o molidos.

Aun el agua debe beberse a pequeños sorbos, procurando retenerla en la boca, pues está probado que la parte energética de los alimentos se asimila principalmente en la boca, así como la parte química se absorbe en el tubo digestivo. 

Los alimentos no deben llegar al estómago con demasiada frecuencia, pues esté se cansa y debilita. Se entiende cuánta importancia tiene para la salud una buena dentadura. La cual sólo puede conservarse evitando los desarreglos digestivos. Las personas que tengan dientes o muelas cariados deben atenderlos para evitar que sirvan de foco de putrefacción. 

El mejor sitio para comer es al aire libre o bajo los árboles y, si no es posible hacerlo así debe hacerse en un departamento alegre, con luz y sol que haga agradable una función tan importante para el mantenimiento de la vida.

Un error muy común en las familias consiste en servir los mismos alimentos a adultos, jóvenes y niños, siendo que cada época de la vida tiene necesidades diferentes. Por ahora diremos que las albúminas convienen a los niños y en la misma cantidad perjudican a los adultos.

La sobriedad aconseja no llenarse el estómago, debiendo levantarnos de la mesa satisfechos, pero sin exceso, casi con apetito.

El hambre insaciable, la necesidad de comer a toda hora porque se siente debilidad, es indicio seguro de graves trastornos digestivos, pues lo que se come no se aprovecha. 

El ayuno es uno de los medios más seguros para curar las enfermedades, no sólo las digestivas, sino especialmente las febriles. Los animales nos enseñan a ayunar pues cuando se sienten enfermos o heridos no consumen sino agua, hasta que el apetito, que indica vuelta a la normalidad, los obliga a alimentarse nuevamente.

El ayuno puede ser total, sin ingerir otra cosa que agua, o relativo, consumiendo solamente frutas. El primero conviene en la fiebre de los adultos y el segundo en las enfermedades febriles de los niños.

Ayunar cada semana o una vez al mes es de gran provecho para cualquiera porque además de permitir el descanso al aparato digestivo, favorece las eliminaciones de materias morbosas pues todo el organismo se dedica a la función de eliminación. 

Todas las religiones practican el ayuno como medio de perfeccionamiento moral, pues así el cuerpo se libera de toxinas que perturban las funciones nerviosas y especialmente cerebrales. 

También existe un semiayuno que consiste en comer cada semana o quincena exclusivamente una fruta durante todo un día, ya sean uvas, manzanas, naranjas, o nueces. 

Una regla fundamental de higiene alimenticia consiste en comer vegetales crudos, especialmente frutas y semillas de árboles, con moderación y bien masticados.

 

Fuente: Manuel Lazaeta Acharan; Medicina natural al alcance de todos. Editorial Pax México; 1997.

 

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