La salud y sus manifestaciones

El iris de los ojos humanos revela dos aspectos al investigador: uno es la Salud constitucional que se manifiesta por el tejido compacto y color uniforme del iris, que es señal de buena estructura del organismo.  El otro aspecto es la Salud funcional que, aun en presencia de un iris de calidad inferior por tejido irregular de sus fibras, muestra un color limpio y uniforme en toda la extensión del tejido del iris que revela la normalidad digestiva, respiratoria y eliminadora de la piel del sujeto, gracias al Equilibrio Térmico de su cuerpo. 

Según lo expuesto, una persona puede tener salud constitucional y desarreglo funcional, presentando su iris congestiones en la zona digestiva, alrededor de las pupilas, y deficiente circulación sanguínea en su cerebro, piel y extremidades. 

A la inversa, la contextura orgánica puede presentarse como de calidad inferior y existir un funcionamiento normal del aparato digestivo, la circulación en el cerebro, y la piel gracias al Equilibrio Térmico del cuerpo.

La clave de la salud está en mantener el equilibrio de las temperaturas interna y externa del cuerpo. Esto se consigue cumpliendo cada día los mandatos de la Ley Natural.

El hombre sano es una excepción que sólo encontramos lejos del mundo civilizado. El concepto corriente de salud y enfermedad es falso porque juzga por los síntomas y las apariencias, conduciendo a calificar de sana y robusta a cualquier persona con musculatura fuerte. Pero no hay que exagerar ninguna facultad ni cualidad del organismo, porque ello va en menoscabo de otras aptitudes o condiciones fisiológicas de nuestra naturaleza y produce un desequilibrio orgánico que implica alteración de la salud.

No se crea que condenamos los deportes y ejercicios que atraen tanto a la juventud. No sólo los aconsejamos, sino que los creemos indispensables para el desarrollo físico en los jóvenes de las ciudades especialmente. Pero sí condenamos la exageración que conduce a un desarrollo desproporcionado.

Cualquier anormalidad frecuente en la digestión, que constituye el centro del funcionamiento de nuestro organismo, revela una falla que, de no ser atendida, creará males mayores. En estado de salud el hombre debe desocupar su intestino al despertar y al acostarse cada día. Sus excrementos deben ser abundantes, compactos, color bronceado y libres de olor repugnante. Excrementos escasos, tardíos, diarreicos, endurecidos, blancuzcos o negruzcos y de mal olor revelan putrefacciones intestinales que impurifican la sangre y desnutren e intoxican al sujeto. 

Los ojos del individuo reflejan el estado interior de su cuerpo. El iris de los ojos es un espejo donde se reflejan la constitución orgánica, el estado de pureza de la sangre y las anomalías orgánicas con congestión y anemia de los órganos y tejidos del cuerpo. También el rostro y su expresión revelan el estado general de salud de una persona. 

El cuerpo de un hombre sano posee las siguientes características:

Color uniformemente rosado, porque la sangre buena es roja y fluida, no espesa y oscura; piel húmeda y caliente sin exceso; carnes enjutas pero lozanas, porque las grasas constituyen materias extrañas y dañinas; flexibilidad muscular; pelo íntegro; dentadura vigorosa; mirada clara y serena; orejas carnosas y rosadas; cuello delgado y cilíndrico; boca siempre cerrada; pecho levantado y vientre liso; espalda derecha y hombros simétricos; andar airoso y ligero; excrementos inodoros, de color bronceado y forma cilíndrica que se expulsan dos o tres veces al día, sin esfuerzos ni adherencias. Además, el aliento y sudor carecen de olor desagradable; la lengua siempre esta limpia; los pies se mantienen calientes todo el tiempo.

Todo cuerpo sano posee resistencia al frío y calor, sin fatigarse con el trabajo o ejercicio moderado, al igual que el estómago sano sin desfallecer resistirá la sed y el hambre. Se come con hambre y se descansa tranquilo, despertando animoso y optimista.

Las características del cuerpo sano, como se ve, corresponden al ideal de belleza física. Salud y belleza son exponentes de normalidad pero para conservar la salud y belleza es preciso formar sangre pura mediante digestiones normales. Para esto al menos en el desayuno y merienda, siempre se comerá fruta cruda solamente. Por otra parte, es necesario activar la eliminación de las materias malsanas mediante ejercicios corporales y sudores al sol o vapor, todos los días. Es indispensable respirar aire puro de día y de noche, durmiendo con la ventana abierta. 

Si el hombre viviera desnudo o semicubierto, comiera solamente alimentos crudos, como frutas, semillas y ensaladas, y durmiendo al aire libre y sobre la tierra, moriría de vejez alrededor de los 150 años.

 

Fuente: Manuel Lazaeta Acharan; Medicina natural al alcance de todos. Editorial Pax México; 1997.

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