Restablecer la salud mediante una alimentación adecuada a las necesidades de nuestro cuerpo

A continuación damos una lista de las propiedades de algunos frutos:

• Las fresas además de su aroma y sabor exquisito, tienen propiedades antigotosas y vermífugas. Las especies silvestres disuelven las solidificaciones articulares del ácido úrico.

• Las cerezas fortalecen la sangre, dan buen color y favorecen la función renal.

• Los duraznos convienen a las personas que necesitan un tratamiento al mismo tiempo tónico

• Las ciruelas son depurativas y tienen virtudes laxantes.

• Las nueces son purificadoras. Poseen la propiedad de eliminar de nuestro cuerpo todas las toxinas y también de hacerlo refractario a la perniciosa acción de muchos venenos.

• El melón se utiliza en casos especiales como emoliente, laxante diurético. Esta última propiedad es característica de la sandía.

• La pera es muy digestiva.

• La manzana se recomienda en afecciones del estómago, vejiga y riñones.

• El níspero es laxante.

• La naranja es un antidiarreico y sedativa.

• El limón purifica. Es desintoxicante y astringente.

• El aguacate o palta es desinflamante y nutritivo.

• El dátil es antiácido y laxante como el higo. Nutritivo en alto grado.

En resumen, la fruta consumida en cantidad y juiciosamente escogida, es al mismo tiempo alimento y medicina insustituible. Además, también los tomates y las aceitunas, al igual que las calabacitas, las calabazas, los pepinos y las berenjenas, entran en la categoría de las frutas.

En el orden de los alimentos adecuados al hombre, vienen después las hojas verdes, como coles, tallos y pencas de cardo, col alcachofas, coliflor, acelgas, espinacas, apio, etc. Raíces como nabos, rábanos, salsifíes, zanahorias, betabel, papas, echadotes, hinojos, espárragos, etc. La mayoría de estos pueden comerse crudos, y los otros pueden cocerse al vapor, sin perder el agua del cocimiento en la que se pueden preparar sopas de pan tostado, avena, etc.

Hay otros alimentos provenientes del reino vegetal que, sin presentar los graves inconvenientes de las carnes, sin embargo debe limitarse su uso debido a que son difíciles digerir. Estos son los granos en general y especialmente los farináceos secos, como frijoles, lentejas, garbanzos, chícharos, habas, etc. En su estado fresco o verde estos productos son siempre recomendables, pero una vez secos son indigestos y favorecen fermentaciones malsanas. Estos inconvenientes no se presentan en las personas que hacen vida activa al aire libre, como el labrador del campo. Para los enfermos, especialmente si guardan cama, son especialmente nocivos.

El trigo, maíz, avena, centeno, etc., son más digestibles, pero su uso debe ser moderado y prepararse mezclados con verduras. En su estado verde son sanos y adecuados a toda persona. El trigo germinado es un alimento muy recomendable mezclado con ensaladas de hojas verdes. Se prepara humedeciendo los granos de trigo hasta que aparece el brote. En estas condiciones se agrega a las ensaladas en proporción de una o dos cucharadas soperas. Aquí tenemos mejores vitaminas que no pueden preparar los laboratorios.

Las harinas finas y las masas y las pastas como los tallarines son más o menos indigestas, y para evitar ese inconveniente deben mezclarse con hojas verdes y hortalizas en general. 

El pan blanco es un alimento nocivo como base de nuestras comidas y deben usarse con moderación y mejor tostado. El pan de trigo integral es recomendable siendo bien cocido y tostado también.

En lugar de leche, recomendamos la cuajada, panela o quesillo fresco y el yogurt que constituye un sano alimento para los niños.

Azúcar de fábrica y dulces que se preparan con ella están entre los productos más nocivos para la salud, pues favorecen fermentaciones ácidas del aparato digestivo y producen acidosis en la sangre.

La miel de las abejas no tiene el inconveniente del azúcar de fábrica porque es rápidamente incorporada a nuestro cuerpo, en donde es fuente de calor y energía muscular. En invierno la miel de abeja debe ser plato favorito de los niños, especialmente mezclada con papas, calabazas o camotes asados.

El huevo, siempre que sea bien duro y picadito, en combinación con ensaladas o acompañando un plato de hojas verdes cocidas al vapor, es buen alimento y fácil digestión; en esta forma lo recomendamos especialmente para los niños.

Chocolate, cacao, té, café y mate son productos que estimulan y excitan sin nutrir y deben desecharse de nuestra alimentación. Todos los condimentos como la sal, la mostaza, el chile, la pimienta, etc., son siempre perjudiciales para la salud pues sus efectos en las mucosas es análogo al latigazo que inflama la piel.

El abuso del pulque, de la cerveza, del vino o el tequila produce irritación en las parees del estómago e intestinos y lleva a la degeneración de sus tejidos.

El queso viejo es indigesto y favorece la artritis pues produce ácido úrico y acidosis de la sangre.

El queso fresco debe ser comido con moderación pero no cuando se está enfermo, menos aún estreñido.

El pescado de fácil putrefacción, en estado fresco es preferible a la carne roja. La carne de las aves en general es también menos perjudicial que la de res, vaca o cordero, pero siempre es nociva para la gente enferma.

Más perjudicial que todas las carnes es el caldo de carne o de ave, pues constituye un producto excrementicio análogo a la orina; la orina es lavado de la carne viva del cuerpo, y el caldo es el lavado de los despojos cadavéricos de un animal que empieza su descomposición.

Aprovecharemos la ocasión para hacer notar que la costumbre de dar caldos de pollo a las madres que acaban de dar a luz es completamente errónea. Con la alimentación tóxica recibida, la madre elabora leche impura que empieza a someter el estómago e intestinos de su hijo a un trabajo anormal y laborioso que inicia irritación crónica de su tubo digestivo.

La dieta de las madres que acaban de alumbrar debe ser únicamente fruta cruda de la estación o, a lo menos, ensaladas con nueces o huevo duro picado. Con este alimento vivo y puro se formará a leche, sana nutritiva y purificadora.

Las grasas animales deben desterrarse de nuestra alimentación y las nueces y aceitunas nos pueden dar grasa pura y viva. El aceite de oliva debe comerse crudo y usarse para condimentar las ensaladas o los vegetales cocidos al vapor. Los ácidos como el vinagre y productos escabechados son perjudiciales pues acidifican la sangre. En su lugar es preferible el jugo de limón, pero no se le debe mezclar con las féculas de pan y el almidón de las papas. El jugo de limón, además de sus vitaminas, posee la propiedad de purificar el intestino, siendo muy provechoso tomarlo en ayunas, especialmente cuando se sufre de artritis.

La sal es irritante y el cuerpo debe expulsarla. De aquí que la orina, el sudor, las lágrimas y todas nuestras secreciones sean saladas.

Debemos comer los alimentos a la temperatura normal de nuestro cuerpo tanto frío como lo caliente producen congestión de la mucosa estomacal. Helados y comidas calientes predisponen a úlceras del estómago. Los helados y nieves son nocivos porque afiebran el aparato digestivo debido a la reacción de calor que despiertan en las mucosas.

Finalmente, las energías acumuladas en los alimentos crudos se absorben sobre todo en la boca, las féculas y almidones deben transformarse en glucosa mediante la insalivación calmada, pues de otro modo se producen fermentaciones ácidas en el estómago. De aquí la necesidad de masticar con calma y cuidadosamente, evitando que los alimentos lleguen al estómago con demasiada frecuencia. Aun el agua y los líquidos deben beberse a pequeños sorbos.

Combinaciones alimenticias

Con alimentos naturales, buena insalivación y calmada deglución todavía no se asegura el éxito completo del proceso digestivo, pues hay alimentos mezclados con otros producen mala combinación, dando lugar a subproductos tóxicos, lo que puede suceder aun con las frutas.

Así, frutas aceitosas y frutas dulces en una misma comida, no se digieren bien, porque los aceites al mezclarse con los azúcares producen fermentaciones alcohólicas, recargando la sangre de productos nocivos.

Proceso análogo ocurre con las frutas ácidas mezcladas con almidones, como naranjas con pan. En este caso los ácidos, impidiendo el desdoblamiento normal de los almidones en maltosa y glucosa, originan fermentación ácida, que favorece la acidificación de la sangre. También es perjudicial mezclar frutas dulces con acidas. En cambio, las frutas ácidas combinan bien con las aceitosas, comiendo primero las ácidas: naranjas con nueces.

Las frutas dulces jugosas combinan bien con los almidones que contienen las castañas, plátanos y piñones.

Papas con cereales como trigo, maíz, arroz avena, etc., no se llevan porque la fécula de la papa no se digiere junto con el almidón de los cereales, así que el que ha sido procesado primero debe esperar la digestión del otro, produciendo fermentaciones malsanas en ese tiempo. Por la misma razón no se debe mezclar la leche con huevos en la misma comida.

No se deben comer juntos alimentos de naturaleza opuesta, como sales minerales con ácidos y azúcares. Es por esto que las hortalizas, ricas en sales, no deben combinarse con frutas, ricas en ácidos y azúcares.

Finalmente, las aceitunas o aceites no se llevan con frutas dulces o secas (azúcares), pues producen fermentaciones alcohólicas.

Para evitar los inconvenientes de las malas combinaciones, la mejor regla será simplificar cada comida a uno o dos productos, variados éstos en las diversas comidas del día o mejor cada día, para proporcionar al organismo los variados materiales qe necesita y que son azúcares, albúminas (pocas para los adultos), hidratos de carbono y sales minerales.

Otro factor que interviene en la digestión es la cantidad. La regla general es que jamás se debe comer sin hambre y que toda comida debe terminarse dejando algún deseo por satisfacer pues nos alimentamos de lo que el cuerpo asimila y no de lo que introducimos en exceso.

Finalmente, otra condición de una buena digestión es la tranquilidad nerviosa y, para obtenerla, debemos evitar disgustos y preocupaciones, antes, durante e inmediatamente después de las comidas.

Resumiendo lo expuesto, tenemos:

1. La digestión es la base del proceso vital y, cuando es buena, asegura la salud del individuo, siendo toda dolencia efecto de malas digestiones, agudas o crónicas.
2. En los excrementos compactos, inodoros, abundantes y de color bronceado, tenemos un exponente de buena digestión.
3. Todo régimen curativo debe dirigirse a normalizar la digestión, como camino obligado para volver a la salud.
4. La digestión requiere: a) temperatura normal del tubo digestivo; b) alimento adecuado a base de frutas crudas, semillas y ensaladas; c) comer con hambre, d) insalivación completa y calmada deglución; e) simplificar en cada comida los manjares, evitando las malas combinaciones de alimentos, f) ser sobrios, cuidando de no llenar el estómago en exceso, y g) comer con ánimo tranquilo y alegre.

“Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento”, es el lema para curar a los enfermos por la alimentación natural ya que se enfermaron por mala nutrición. Saber nutrirse es la mejor higiene y también es la ciencia de restablecer la salud de los enfermos. Incluso se llega a exponer que él solo régimen alimenticio es suficiente para curar todas las dolencias llegando a hacer innecesaria y perjudicial la aplicación de baños fríos y de vapor.

Pero como el organismo enfermo generalmente no tiene las energías para remover las acumulaciones de materias nocivas largamente retenidas, en esos casos se hace necesario estimular la naturaleza y secundar su obra purificadora por medio del conflicto térmico a que se somete a la piel.

Por otro lado, ni aun con una alimentación intestinal adecuada se evita en la ciudad enfermarse, pues la nutrición pulmonar está maleada con aire impuro, y la nutrición cutánea sufre por la falta de ventilación a causa de ropas ya abrigos, lo que hace que estemos diariamente impurificándonos por mala nutrición y deficientes eliminaciones.

En estas condiciones es preciso activar los pulmones con frecuentes respiraciones profundas y hacer más enérgicas las funciones las funciones la piel, exponiéndola un momento cada día a la acción tónica y fortificante del frío del aire o del agua para que, en conflicto térmico, se despierte la reacción nerviosa y circulatoria.

 

Fuente: Manuel Lazaeta Acharan; Medicina natural al alcance de todos. Editorial Pax México; 1997.

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