Shopping: salir de compras

Ese componente de hacernos olvidar es lo que se busca cada vez que se sale a comprar (por comprar). La cualidad de tinta negra que tapa la blanca angustia.

El comprar es emocionante porque incorporamos algo nuevo a nuestras posesiones, nos alegramos con esa nueva extensión del Yo a través de la cosa que tenemos, con ese crecimiento que vuelve pequeño el estado anterior de cosas y que nos hace sentir, al menos provisionalmente, como menos disminuidos.

La función de la compra puede tener añadidos especiales si además de ser consumo privado es medalla pública que los demás admiran y envidian, por la cual seremos mejor aceptados.

No cabe despreciar el gozo que produce la fantasía de ser envidiados. El estar en los ojos de los otros, que se alegren o les hagamos sufrir, ese personaje que imaginamos viéndonos pasear es un buen personaje para identificarse como película interesante que nos contamos.

La compra nos enajena por momentos en la mercancía que adquirimos, como si nuestro Yo se posara en ella otorgándole una vida reluciente, traspasadora ilusoria de preocupaciones y estados lamentables de pobreza anterior.

La compra proyecta nuestros deseos un poco más allá, aumentando nuestra capacidad de éxito. Si nos vemos con ropa nueva podemos sentir como si fuésemos más atractivos, como si tuviésemos mayor poder de seducción.

Si adquirimos un artilugio audiovisual, deportivo, útil del hogar,etc. también ello nos hace adivinar escenas de intensa satisfacción que nos prometemos. Experimentamos el goce "como si'' ya gozásemos, sin el trabajo de gozar, sólo con el fácil recurso -tan hiper- simplificado hoy en día gracias a la tarjeta de crédito de comprar en un santiamén, incluso con una llamada de teléfono o con un click del ratón en una tienda virtual

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