La fiesta y el ruido

El placer de la fiesta es que nos permite olvidarnos de las preocupaciones diarias y encontrar alivio frente a los penosos compromisos, recuperar fuerzas y volver renovados por haber dado turno a otro ser que no somos en la vida diaria.

Nos vamos para regresar, pero nadie nos impide aturdirnos en el ruido, la feria, el constante carnaval que nos permita olvidar que teníamos que regresar, de forma que el ensueño reparador parezca un segundo siendo demasiado.

El natural componente lúdico y festivo, el desorden que todos necesitamos para reordenar de nuevo nuestra vida puede desplazarse y ocupar un trono que todo lo todo lo tenga bajo ese punto de vista bromista, gracioso, burlón, aventurero y ruidoso, instalando en el espíritu la risa perpetua.

Se logra así que se despejen las brumas de toda preocupación, asunto serio y trascendente o pregunta molesta, pero ello no es precisamente gracias a un equilibrio granado con el pulso firme de un esfuerzo creativo, sino más bien impidiendo toda seriedad.

Lo serio abarca tanto la serenidad, el tranquilo goce de la reconciliación consigo mismo, la contemplación extasiada de la belleza, (hasta algunos juegos son 'serios', tales como el ajedrez) como también se extiende a los problemas sesudos, la pesadez antipática de las dificultades.

Desde luego es una tentación suprimir todo lo serio, todo lo truculento y desagradable e instalarse en la cueva tapando la entrada de cualquier luz cegadora con la piedra inflada de la alegría. Esta cueva se parecería mucho a un bar.

Este es un viejo mecanismo que desde el 'circo y fieras' de los romanos, el 'fútbol, toros y fiesta' de los mejores tecnólogos de la manipulación de masas, hasta la vida hecha espectáculo constante y cancerígeno (metáfora del espectáculo que se genera a partir del espectáculo de los que hacen espectáculo y así sucesivamente...).

El triunfo mediático de la vanidad evanescente, efectivamente logra persuadirnos de que una nada es mejor que otra nada. Se nos invita a ser felices sin felicidad, sino con la risa y la mueca con la cual se dice que se presenta, esto es, pura propaganda ficticia.

Dejarnos ir pasivamente ante el televisor viendo brillar espectáculos, bellezas, curiosidades, detalles morbosos, los famosos y sus dobles y los dobles doblados en una inacabable escalada de simulacro, es una una forma de matar el tiempo de preocupación con una materia vacía que nos despreocupa pervirtiéndonos.

En ocasiones la noche es la hora del 'juicio final' y nos resistirnos a morir durmiendo cuando todavía no hemos vivido durante el día. Buscamos alargar las horas buscando un poco de felicidad que nos permitaser acunados por esa dulce sensación de bienestar, pero buscamos en el lugar equivocado (atracones de televisor, películas pornográficas, masturbación compulsiva, comida, los bares y lugares de perdición similares) en vez de calmarnos dando a nuestra necesidad de vida un poco de realización personal que nos reconcilie con nosotros mismos (esto es, hacer algo digno o útil).

Fuente: José Luis Catalán; Guía para Angustiados.   

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