Lecciones de introduccion al psicoanálisis: IX parte

Párrafos seleccionados de Masotta, O.: “Lecturas de psicoanálisis. Freud, Lacan” 1ª ed. 7ª reimp. –Buenos Aires: Paidos, 2010.

V. Identificaciones:

En el estadio del espejo el sujeto se defiende de la atomización, de la indefensión, reprime los datos propioceptivos para alienarse en su unidad imaginaria. Se identifica a la unidad imaginaria guestáltica especular. Para Lacan esta es una matriz en la que se constituye el yo. El yo en su constitución sería el resultado de esa alienación que es defensa contra el cuerpo despedazado. Esta matriz está constituida por una primera oposición: adelanto mental / inmadurez biológica. Aparece la oposición entre la unidad constitutiva narcisista de la imagen omnipotente y la verdad de esa imagen, que es el cuerpo despedazado.

Solo el humano puede desdoblar el espacio en imaginario y real. El concepto de identificación, en primer lugar, tiene como sema (lo que significa) el concepto de identificación policial, identificar como se hace en un careo: tal persona es esta, distinta de otras. Identificar es, en primer lugar, distinguir, diferenciar perceptos. Cuando uno habla de identificación en psicoanálisis dice dos cosas al mismo tiempo: que el sujeto distingue perceptos, uno de otro (esta caja no es un libro, este libro no es un hombre) y es capaz de distinguir una imagen, que es la suya (este hombre soy yo). Puede identificarse.

La siguiente etapa se llama Identificación con el semejante. Un nenito es para otro nenito como la propia imagen del espejo, que salió del espejo y se puso en el campo real. Esto complica todo en verdad, porque en un primer momento teníamos solamente el fundamento del desdoblamiento entre imaginario y real, pero ahora tenemos algo más. Se produce la aparición en el campo real de dos “unos”, porque el otro nenito soy yo miso. ¿Quién es ese que está en ese campo? Yo mismo. Y en relación con esta etapa de identificación al semejante  nos llaman la atención ciertas observaciones de los psicólogos infantiles que muestran que en esta relación de identificación hay una enorme carga de transitivismo.

Transitivismo es un grado de identificación muy alto: significa que las formas transitan. Como sucede en algunas conductas infantiles, cuando un nenito le pega a otro y le dice al padre que el otro le pego a él. O bien el otro se cae y el llora. No es que mientan, sino que toman la conducta del otro por la propia. Yo soy el otro, textualmente. El niño no solo no puede decir “yo soy yo” sino que además frente al otro está perdido, porque no puede determinarse, no puede fijarse como distinto del otro. Es la época en que necesita al otro para determinarse a sí mismo, pero en tanto se identifique con él. La identificación estaría en sus momentos fundantes, y seria en tal grado que no se podría distinguir entre el yo y el otro.

En esta nueva etapa, las cosas están un poco complicadas: lo imaginario sigue perteneciendo al espejo, con su unidad, pero lo real ahora esta como duplicado. Tenemos al sujeto, que propioceptivamente sigue sintiéndose atomizado, pero identificándose con otro que esta unificado. Hay un real uno y un real dos. Y de este desdoblamiento del campo de lo real por la aparición de semejante lo que tendrá que surgir es el tercer campo, sin el cual no hay reflexión en cualquier nivel teórico: el campo de lo simbólico.

Pero lo importante ahora es esto: la atomización especular era reprimida en el primer momento y el sujeto se alienaba de su imagen especular. Mas ahora aparece en el campo otro que tiene las propiedades de la imagen, es decir, la unidad de la imagen. Pero esta unidad no pertenece al campo imaginario, sino que está en el campo de lo real y es contenida por el otro. El otro está unificado. Tiene propiedades que Lacan en el estadio del espejo asigna a la imagen y que llama estatutarias.

Ahora la referencia a la unificación es un otro real, otro nenito exterior a mí. La ventaja de mi imagen en el espejo es que la veo totalmente desde afuera. Cuando miramos no vemos nuestra propia cara, lo sostenemos con lo que vemos del otro. Al mirar la cara del otro como externa, no necesito mirar la mía como interna.

Los datos propioceptivos los envió al otro, lo que constituye el origen de la agresividad. El sujeto agrede porque hay una relación de identificación a un otro que es igual que él y no porque el otro no le dio lo que necesitaba, porque lo frustro de alguna necesidad. Hay agresión porque se necesita expulsar los datos atomizados de la alienación yoica. La solución consiste en alimentarse de la imagen del otro para constituir la propia unidad, así como antes el niño se alimentaba de la imagen del espejo para constituirse como unitario. Cuanto más radicalice el sujeto su posición narcisista, fundada en la identificación al otro, mas necesitara expulsar su atomización, habrá más agresividad. La agresividad, entonces, es función de la identificación narcisista con el semejante. Por lo tanto hay agresión cuando uno se equipara al otro, cuando ve en el otro a un semejante.

Continuar con la lección 10:

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