El yoga y la dieta: Alimentación Yoguica

Suele decirse que “se cosecha lo que se siembra” y los yoguis dicen que “se piensa según lo que se come”. Por lo tanto, la dieta y el yoga van de la mano.

Cualquier estudiante de yoga o cualquier otro aspirante espiritual sabe que el observar una dieta pura es requisito imprescindible para el desarrollo del cuerpo y de la mente. Y para la iluminación del sí-mismo.

El carácter de las personas está determinado por los alimentos que come y por el modo en que come.

En todos los textos yóguicos dirigidos al practicante de yoga se enfatiza la importancia de ingerir comida pura. Ni la salud física ni la quietud mental podrán conseguirse si se ingieren alimentos excitantes, dañinos o carne. El yoga enseña que el principio fundamental es ingerir alimentos, no para la placentera satisfacción de los sentidos sino para nutrir al alma que existe en nuestro interior. La comida debe adecuarse a lo que es natural para el ser humano.

Alimentarse de animales perturba la armonía del bienestar total del individuo; cualquier perturbación derivada de la ingesta de alimentos inadecuados tiene una reacción que afecta a la capacidad de pensar, crea confusión y pensamientos ilusorios, lo cual genera en el cuerpo y en la mente un desasosiego que obstaculiza el progreso espiritual. El yoga tiene como meta disciplinar el cuerpo y la mente. 

Mediante la práctica continuada del yoga se refinan los instintos y gradualmente el individuo va ascendiendo a un conocimiento más elevado. Si, en su ignorancia consideraba que los alimentos animales eran imprescindibles para la fortaleza del cuerpo, a través de la práctica yóguica empezará a darse cuenta de que se trataba de una ilusión, de un engaño y por tanto no volverá a plantearse la posibilidad de consumir carne o alimentos que no sean de origen vegetal.

La dieta vegetariana

El mundo animal es en su mayor parte una gran masacre sin fin: el más fuerte mata al más débil para sobrevivir hasta que él mismo sea devorado por algún contrincante superior.

La diferencia con los seres humanos es que estamos dotados de intelecto y de libre arbitrio, y tenemos así la capacidad de rechazar y de evitar en parte este ciclo, con el fin de vivir en armonía con otras formas de vida más que en conflicto con ellas. La ley del karma se puede resumir así: por cada acción hay una reacción opuesta y de fuerza similar; esta ley es inexorable, sin piedad e inmutable. El sufrimiento que infligimos a los demás nos vuelve como un “boomerang”, y la felicidad que envíamos también nos vuelve, añadiéndose a nuestra propia felicidad.

Annamaya kosha (el cuerpo físico) está hecho por alimento. Nuestra vida entera se puede concebir como el resultado de la interacción de la nutrición y de la vida, de la materia y de la energía, que son respectivamente el alimento y el comensal. El alimento se convierte en energía y la energía se extrae del alimento. Los alimentos nos abren las puertas a una vida más sana. Nos ayudan a mantenernos sanos, a protegernos de problemas físicos, de manera que la mente se pueda concentrar y que el espíritu pueda evolucionar.

LAS TRES GUNAS:

En la filosofía del yoga, la mente está formada de una parte más sutil o esencia del alimento que absorbemos. Si nuestro alimento es puro, la mente dispondrá de materiales de construcción adecuados para el desarrollo de un intelecto fuerte y sutil y de una buena memoria.

La alimentación yóguica es la que aporta paz interior al cuerpo y a la mente, la que nos anima al progreso espiritual.

Toda la naturaleza, incluida nuestra alimentación, se divide en tres cualidades o gunas:

- sattva (puro)
- rajas (estimulante)
- tamas (putrefacto)

La constitución mental de una persona puede deducirse según qué tipo de alimento prefiere. Los yoguis están convencidos no solo de que “somos lo que comemos” sino también de que preferimos el tipo de alimento que refleja nuestro propio nivel de pureza mental y espiritual.

Alimentos sáttvicos:

“El alimento que alarga la duración de la vida y la vitalidad, la pureza y la virtud, la fuerza, la salud, el deleite y la felicidad, sabroso y untuoso, sustancial y delicioso, es amado por las personas buenas y virtuosas (sátvicas)”.
(BAGHAVAD GITA. XVII.8)

Los alimentos puros, que aumentan nuestra vitalidad, nuestra energía, nuestro vigor, nuestra salud y nuestra alegría, que son deliciosos, sanos, sustanciosos y agradables son sáttvicos. Estos alimentos conceden a la mente calma y pureza, generan ecuanimidad, equilibrio y tendencias pacíficas. Los alimentos sáttvicos aportan un máximo de energía, aumentan la fuerza y la resistencia, y ayudan al organismo a eliminar la fatiga aún en las personas que efectúan un trabajo duro. Favorecen una actitud apacible, y conducen a la práctica de la meditación.

Los alimentos han de ser frescos y naturales, preferentemente ecológicos o cultivados sin pesticidas ni abonos químicos, no transgénicos, sin conservantes ni colorantes artificiales.

Son: 

A)- cereales integrales: se consumen en cada comida incluyendo el desayuno, regularmente en forma de grano entero, integral (arroz, cebada, mijo, trigo, avena, centeno, maíz, quinoa, trigo sarraceno) y ocasionalmente como derivados del trigo, (pastas integrales, cus-cus, bulgur, pan), del maíz (polenta, copos), de la avena (copos).

Constituyen el aporte más importante de glúcidos pues son hidratos de carbono complejos que nuestro organismo asimila lentamente.

B)- legumbres y algas: las legumbres (lentejas, garbanzos, judías, soja, arvejas ...) y sus derivados (tofu, tempeh, seitán...) son el aporte de proteína, en este caso vegetal, para nuestro organismo. Si las legumbres se cocinan junto con algún cereal (arroz y lentejas) nos aportarán todos los aminoácidos que nuestro organismo necesita y si se les añade un trocito de alga kombu las hará más digestivas.

Las algas contienen numerosos minerales esenciales (hierro, calcio, fósforo...) y suelen tomarse en pequeñas cantidades cocinadas con verduras, escaldadas, en ensalada o tostadas a modo de condimento, dependiendo del tipo de alga.

C)- verduras: para un mayor equilibrio se combinarán a diario raíces, verduras redondas, brotes y hojas en distintos tipos de cocción y utilizando diferente tipos de corte, pues cada uno de ellos aporta una energía propia a nuestro organismo. Son una importante fuente de vitaminas. Cada plato deberá constar al menos de un acompañamiento de verduras aunque lo ideal son dos o tres diferentes (uno de raíces, uno de verduras verdes al vapor y otro a elegir: escaldado, salteado, estofado, prensado, macerado...).

D)- sopas: de verduras con algas, de cereales, con miso o shoyu, ideales para calentar el cuerpo en invierno o deliciosas cremas frías en verano para reponer líquidos. Se puede tomar un bol o dos al día.

E)- aderezos, condimentos, bebidas y semillas: para acompañar cereales o verduras y darle un toque más sabroso y creativo a nuestros platos.

Aderezos: salsa de shoyu, miso, sal marina, vinagre de arroz o de umeboshi, jengibre, limón, ajo...
Condimentos: gomasio, sésamo con polvo de algas, copos de alga nori, ciruelas umeboshi...
Bebidas: en general al seguir una alimentación mayormente vegetal no se suele tener sed, así tomaremos la cantidad de líquido suficiente para satisfacer nuestras necesidades personales que variarán según la actividad física que realicemos. Mejor que no sean excitantes ni demasiado aromáticas.
Edulcorantes naturales: a base de fruta seca, zumo de manzana, melaza de arroz u otros cereales, incluso un poco de jugo concentrado de manzana. Es vital evitar por completo el azúcar y los productos azucarados en todas sus formas.

F)- frutas y frutos secos.

G)- postres

H)- aceites: de sésamo y oliva virgen, ambos de primera presión en frío.

I)- pickles: antes y después de cada comida.

Alimentos rajásicos:

"El alimento amargo, agrio, salado, muy fuerte, picante, acre, seco y muy caliente es el que desean los seres apasionados (rajásicos): engendra malestar y dolor, miedo, pena y enfermedad".
(B.G. XVII.9)

La alimentación yóguica evita los alimentos rajásicos porque sobre-excitan el cuerpo y el espíritu. Excitan las pasiones y la tendencia a la agitación, causan estrés físico y mental, potencian un estado de espíritu agitado y destruyen el equilibrio del cuerpo y del espíritu que son fundamentales para la felicidad.

La cebolla, el ajo, los rabanitos, el café, el té, el tabaco y los estimulantes de cualquier categoría. También incluye los platos fuertemente especiados, muy salados o llenos de productos químicos.

Los alimentos sáttvicos, tomados en un mal momento, por ejemplo, a toda prisa, se vuelven rajásicos.

El azúcar, las bebidas gaseosas, las mostazas industriales, las especias fuertes, los alimentos demasiado condimentados, demasiado calientes, agrios, ácidos, salados, han de evitarse.

Las especias fuertes y los condimentos sobre-excitan el espíritu e irritan las mucosas de los intestinos. Los alimentos rajásicos incrementan la promiscuidad, la cólera, la ira, el egoísmo y la violencia, que son los impedimentos que separan a las personas entre sí y de la Divinidad.

“Las causas que obstaculizan la serenidad y la pureza de la consciencia son: enfermedad, inercia, duda, descuido, pereza, gratificación de los sentidos, vivir en un mundo de ilusión, ineptitud para persistir en aquello que se ha emprendido e incapacidad para mantener el progreso logrado.
Además de estos nueve obstáculos, el sufrimiento, la desesperación, la depresión, la inestabilidad del cuerpo y la respiración agitada y laboriosa, suponen distracciones adicionales para la consciencia”.(Yogasutras 1.30-31)

En estos Yogasutras podemos apreciar la relación directa entre alimentación-estado de consciencia-salud.

Alimentos tamásicos:

"El alimento que ha sido cocinado con antelación durante más de tres horas, cuyo sabor se ha extinguido, fétido y rancio, hecho con restos repudiados o impuros, que no es limpio, es apreciado por los seres torpes (tamásicos)".
(B.G. XVII.10)

Los alimentos tamásicos inhiben las capacidades, y vuelven inertes y perozosos a quienes los toman. Eliminan los ideales, la motivación en el individuo. además acentúan la tendencia a las enfermedades crónicas, a la depresión y llenan el espíritu de cólera, oscuridad y pensamientos impuros. Dejar de tomar alimentos tamásicos es el primer cambio que deberíamos adoptar en nuestro estilo de vida.

La carne, el pescado, todas las drogas (incluidas las “legales”) son tamásicas. El consumo de carne y de alcohol están muy cerca el uno del otro.

Los alimentos tamásicos incluyen los alimentos refinados, rancios, descompuestos, salados, insípidos, así como las frutas demasiado maduras o verdes. Incluyen también todos los alimentos fermentados, quemados, fritos, a la barbacoa, congelados, preparados industrialmente o bien recalentados muchas varias veces.

Si tomamos un exceso de alimentos sáttvicos, pueden volverse tamásicos.

Fuente: Agnés Perez; Médica Oriental y Macrobiótica. Instructora de Yoga Iyengar.

Link: http://agnesperez.blogspot.com.ar/search/label/ALIMENTACI%C3%93N%20Y%20YOGA

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