El que observa la melancolía no está triste

El conocimiento más práctica crean la sabiduría.

Deje de privilegiar la emoción y de identificarse con ella, tome un poco de distancia y sonría observándole sufrir, porque usted no es esto sino solamente un espectador de esto, no le deje tomar partida en el juego y no lo tome en serio.

La enseñanza zen permite ver y mantener una relación diferente con lo que nos perturba o nos hace sufrir habitualmente.

No es necesario luchar siempre en contra, se trata más bien de volverse íntimo y encontrar la causa profunda.

La angustia o la ansiedad no tienen porque ser forzosamente percibidas siempre como un fenómeno negativo, al igual que la fiebre no es forzosamente un fenómeno negativo en una afección.

Sea cual sea la finalidad de la práctica del zen, ésta no es el tratamiento de enfermedades psicológicas, para practicar es preferible tener buena salud física y psíquica.

El zazen no está para curar la neurosis y las enfermedades o sea el inconciente. Es un poco como un hilo enredado del cual el zen nos va a permitir liberarnos en una dimensión muy grande de este hilo, de entender que este hilo no es nuestro verdadero ego, ir más allá de nuestro karma, verlo en su totalidad. Pero a veces, para ciertos bloqueos, para ciertas repeticiones de un comportamiento equivocado, una terapia, si es un análisis freudiano tradicional, o psicoanálisis modernos como las psicoterapias de Erickson, pueden ser completamente eficientes para solucionar ciertos problemas kármicos.

Fuente: Maestro Kosen

Link: http://www.zen-deshimaru.com.ar/preguntas-repuestas-maestro-kosen.php?no=173&liste=0&k=32&theme=31&t=35

 

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Como cuando con curiosidad infinita de aprendiz, no exenta de un placer "casi físico" (que no hesito en celebrar hedónico), frecuento, una vez más, los "Diálogos" de Platón, o los "Comentarios" de Marco Aurelio o los "Ensayos" de Montaigne, o los cuatro tomos de la monumental "Historia de las Ideas y de las Creencias Religiosas" de Mircea Eliade, siempre que vuelvo a la obra (a la encantadora obra, diré) de Karl Gustav Jung, siento que más que estar leyendo a uno de los padres de la Psicología Profunda y de la Psiquiatría, estoy escuchando hablar a un amigo. A un muy querido amigo. A la luz de este sentimiento, es que ahora deseo compartir con los calificados lectores de "Salud y Psicología", uno de los cuarenta ensayos de un libro que nadie que ame el Arte debiera evitar: "La Décima Musa".

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