Actuar primero y elegir después

Es muy poco lo que podemos elegir, son tantas las determinaciones que restringen nuestra libertad. Múltiples, variadas, apabullantes muchas veces, y ya desde el comienzo; no elegimos nacer, ni dónde, ni el tiempo en que nos toca vivir; llegamos a la existencia biológicamente prometidos a la muerte y determinados por una ciega y desconocida carga genética, que a su vez condiciona una anatomía o bien de varón o bien de mujer.

No sé lo que es que la iluminación, dudo saber tampoco de manera clara lo que es el ego, tengo los rastros de mis dolorosas caídas. Somos como láminas, enrojecidas por las brasas, plegadas, luego martilladas, sumergidas en agua fría, luego afiladas al punto de cortar todo duda. Tales son los que estudian la gran obra.

Practicar por nada sin esperar nada, ningún resultado, ninguna recompensa, es el verdadero Zen de los budas. Es en general en este momento cuando el hombre ordinario abandona la práctica y es en este momento cuando el buda la comienza.

Maestro Kosen

A lo largo de nuestra vida debemos enfrentarnos a decisiones angustiosas (moral choices). Algunas de ellas son a gran escala; la mayoría de esas elecciones son menos importantes. Pero nos definimos a nosotros mismos por esas elecciones que hemos hecho. Somos efectivamente la suma de nuestras elecciones.

Elegir supondría una desventaja, pero también una cierta entereza: es un buen término, sugiere que un acto podría aportar integridad al precio de una pérdida. En lugar de la entereza que sólo un acto puede aportar, encontramos en el neurótico el rasgo de la cobardía moral señalado por Freud.

Les propongo reflexionar sucintamente sobre estas coordenadas que son las coordenadas reales de un psicoanálisis: nosotros, los analistas, no recibimos al analizante sino en tanto ser capaz de elección. No tratamos autómatas, sólo admitimos en tratamiento a un ser al que suponemos dotado de una voluntad en el sentido lacaniano del término, es decir dotado del poder mínimo pero decisivo, de responder sí o no a lo que se quiere – y en este punto no importa tanto que ubique el deseo como viniendo del Otro o crea reconocerlo como propio-. Lo que del ser decide, llamémosle voluntad, incluso free will en este punto acotado pero crucial, es el decir sí o no al deseo en juego.

Fuente: Gabriel Lombardi,"Predeterminación y libertad electiva"; Revista Universitaria de Psicoanálisis. Universidad de Buenos Aires. Año 8, 2008. Sección: El Psicoanálisis y el Acto 

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