Aparato Psíquico y Adolescencia

Uno de los procesos más difíciles de la adolescencia es la desidealización de los padres. En la medida en que esto va ocurriendo, va quedando vacancia para aquello que el sujeto aspira. Este vacío es llenado por nuevas figuras de identificación, como ser un líder juvenil, un hermano mayor, un maestro, un par, un actor, etc.

El yo ideal es una formación del narcisismo infantil temprano, caracterizada por la omnipotencia y que declina con el desarrollo del yo a medida que este a través del principio de realidad, cede al principio de placer, entonces esta instancia yo ideal, con esta imagen de perfección y omnipotencia declina. Este estado narcisistico se abandona con las críticas de los padres. Se internalizan y formaran luego una instancia critica de auto observación que será el superyó: una crítica desde adentro.

El origen del superyó es en respuesta al mundo externo, y se desarrolla mucho antes de que asuma estructura de una instancia psíquica definitiva. Por lo tanto es propensa a ser re externalizada cuando la estructuración no es lograda. Se ponen afuera las figuras de autoridad o los ideales. Se re externalizan la prohibición en figuras prohibitorias o se re externaliza el ideal a través de figuras que encarnan el ideal deseado, como un líder de un grupo.

Las tres funciones del Superyó:

1. Auto-observación: coteja el ideal con los resultados.

2. Conciencia moral: lo normativo, punitivo, regulador. La prohibición. El yo se somete por miedo al castigo. Siente culpa y persecución frente al temor a ser castigado por algún pecado. Rige lo que “Debería hacer”. El yo lo siente como un peligro interno, pero si cumple con los mandatos siente tranquilidad y bienestar.

3. Ideales: de aquí se desprende el Ideal del yo como otra instancia diferenciada. Sustituto del narcisismo infantil perdido. La base son los objetos amados, con lo cual va cambiando de contenido a medida que avanza  por los distintos estadios del desarrollo. A medida que evoluciona con la adolescencia se despersonaliza. Propende a el acercamiento a una meta, al cumplimiento de algo, conduce hacia el mejoramiento pero sin llegar nunca a alcanzarlo, por eso es un orientador de la conducta, promueve un trayecto. Las aspiraciones, que dejan de ser individualizadas como lo que mama no permite, sino lo que está mal y bien universalmente, orientan respecto a lo que se busca llegar a ser o a tener. El yo se somete por amor, en un esfuerzo sostenido, un perfeccionamiento constante, pero en vez de sentir bienestar, siente movimiento hacia, siente que camina y hace camino.

La idealización es un mecanismo temprano de defensa que se revive con la re-edición del proceso adolescente. Cuando se idealiza se sobrestima un aspecto del objeto (un rasgo parcial que se totaliza) y se omite todos los aspectos fallidos o malos del objeto. Es un Dios. Al principio se atribuyen estas cualidades a los padres de los que uno depende y está a merced. Estas figuras parentales idealizadas cuando se externalizan presentan una fanática visión por un mundo perfecto que lleva a todo o nada, y cuando la ira se despierta como respuesta a la desilusión parental encuentra una expresión tardía en la irracionalidad de la violencia. Por ejemplo los crímenes pasionales, como pueden no quererlo si se inviste a sí mismo y se idealiza, es una injuria narcisista que significa tanto para el sujeto que no lo puede soportar y pasa al acto, o la mata, la viola o se suicida. Porque es todo o nada. Vida o muerte. El trabajo más doloroso de la adolescencia es la desidealización del self y de los objetos, porque es aceptar las limitaciones propias, ajenas y del mundo. Es asumir la castración. El reto es conciliar estas limitaciones con el deseo, con la búsqueda del cambio. Si se abusa de este mecanismo se empobrece la capacidad de discriminación, de diferenciación y de conexión con la realidad. Si el self se toma a sí mismo como objeto, se cree grandioso, que todo lo puede (yo ideal) pero es inestable porque la realidad asedia. Es un regulador primitivo de la autoestima. Por ejemplo, en las primeras etapas de la adolescencia los pequeños logros los vive como un éxito esplendido, cuando solo es algo común desde la mirada de un adulto. Se toma de cualquier cosa, la engrandece y así temporariamente se siente valioso y seguro, hasta que un traspié lo hace bajar de un hondazo a la peor basura. Lo efímero es una característica de este modo de funcionamiento ligado a la idealización del self. Pero a medida que crece necesita cotejar con el código común compartido con lo cual la idealización no alcanza para regular su autoestima. Tiene que cotejar con los pares, con lo objetivo, con lo real.

Hay ideales pero hay un Ideal del yo que contiene los ideales y funciona como instancia psíquica. El ideal del yo tiene su matriz funcional en la resolución del complejo de Edipo negativo. Superyó e ideal del yo tienen comienzos distintos, no son lo mismo, sus funciones difieren. Lo que tienen en común es su influencia en cuanto a la motivación sobre la conducta y su función reguladora del sentimiento de bienestar. El Superyó se construye al final del Edipo y el ideal del yo al final de la adolescencia. Si bien ambos tienen antecedentes. El ideal del yo tiene sus raíces en el narcisismo primario. Delinea a edad temprana la imagen corporal. La función primera es reparar sus primeras injurias narcisistas causadas por la confrontación con otros, por el estado de desvalimiento, dependencia y pequeñez física. Esta es la primera injuria. Por eso hace ese movimiento que es transferir la omnipotencia a la madre, al otro auxiliar. Luego vienen las injurias de la realidad. La castración es como una marca que termina de cerrar el proceso.

Del narcisismo primario a este pasaje por la omnipotencia compartida con la madre, más allá de las identificaciones narcisisticas con objetos idealizados (con los héroes), estas idealizaciones son progresivamente atemperadas por el principio de realidad que se acentúa notoriamente con la resolución del complejo de Edipo y luego el superyó controla las tendencias megalómanas y omnipotentes que se van relegando a la fantasía. De alguna manera el superyó pone un coto a la omnipotencia a través de encuadrarlo dentro de lo permitido. Hay una adecuación a la realidad con la instalación del superyó que se manifiesta en la latencia. La omnipotencia queda relegada a la fantasía, se cargan los ensueños diurnos. Estos serían como el equivalente transfigurado de la alucinación temprana de la vivencia mítica de satisfacción, ya barnizada por el paso del tiempo y el proceso secundario y con la diferencia de que ya no cree en que eso ocurra. Esta ensoñando, se satisface imaginándose esto y sabe que no es cierto, conserva la ligazón con la realidad. Sino estaría psicótico. Sería un delirio.

El primer proceso de individuación es a partir de una matriz indiferenciada madre-hijo, una simbiosis inicial, en donde la primera investidura libidinal tiene lugar sobre una representación indiferenciada del self y del objeto. Progresivamente con el desarrollo se diferencian de las representaciones del self y del objeto y concomitantemente su investidura libidinal y agresiva. Culmina con la introyeccion estable de la figura de la madre y es lo que permite la independencia motora y geográfica. El segundo proceso correspondería con la adolescencia, con el desligamiento de las catexias de las figuras parentales.

Para Winnicott si la madre es lo suficientemente buena y responde al acople y requerimientos del bebe, no se vive una ruptura sino continuidad. La madre responde a los deseos y gestos espontáneos del niño. Se va desarrollando un self verdadero, espontaneo, que realiza lo que le va surgiendo. En cambio si debe tener que reaccionar por una falla del ambiente, se sobreadapta para compensar la falla, desarrolla su falso self, que es reaccionario y no espontaneo. No le puede dar sentido a lo que hace, a su vida, se vuelve fútil. Se acoraza. Lo problemático es cuando debe recurrir a esta pauta reaccional todo el tiempo porque la falla en el ambiente es reiterativa e intensa, a partir de lo cual no puede desarrollar lo propio, lo espontaneo, lo creativo.

El falso self se vuelve como una caractereopatia, que en vez de facilitar respuestas, encierra y obliga al self a ser de un modo rígido que no le permite desarrollarse, hacer algo propio.

El yo lo podemos pensar como la suma total de los procesos psíquicos que tienden a mantener una estabilidad e integración entre las exigencias de los impulsos, las normas y prohibiciones, y el mundo externo. Trata de concordar entre las posibilidades y las limitaciones para responder al deseo. El yo, por su origen, es el resultado de progresivas diferenciaciones, con el ello y el mundo externo. Las progresivas etapas libidinales dejan sus marcas como también las identificaciones con los distintos objetos. El empuje del ello en la pubertad debe ser reconducido armónicamente por el yo, preservando una continuidad, sino puede ocurrir una fractura en el desarrollo, manifestándose a través de una cristalización temprana de carácter a modo defensivo, rígido, que busca eludir ciertos conflictos. Sería un equivalente sintomático pero más difícil de detectar porque es funcional al medio, ego-sintónico. El observador lo ve, pero el sujeto no (difícil de cambiar como los beneficios secundarios). El dice “yo soy así”.

Los logros de la latencia:

1. Ampliación del yo: aumento de las catexias representacionales. El mundo interno se va poblando. Aparecen nuevas figuras de identificación, distintas de los objetos primarios; con lo cual aparece la posibilidad de modificación yoica. Se resiste a la regresión y trata de mantener la cohesión y la integración yoica. Hay una tendencia a adueñarse de la propia persona.

2. Se forma un yo autocritico: complementa en forma creciente las funciones del superyó para regular la autoestima. Es una forma progresiva, que se independiza del medio exterior, que se va instalando como instancia autocritica que después pasa a conformar el ideal del yo.

3. Aparece la sublimación como un mecanismo nuevo: tanto de defensa como posibilidad de creación y de tratamiento diferente a la pulsión que no sea solo la desviación de la descarga sino que produce algo más. Es otra forma de placer, en el yo, como un orgasmo del yo. El goce genital tiene otro sentido. La sublimación afecta electivamente a las pulsiones parciales, en especial aquellas que no logran integrarse en la forma definitiva de la genitalidad: “Así, las fuerzas utilizables para el trabajo cultural provienen en gran parte de la supresión de lo que denominamos elementos perversos de la excitación sexual”.

4. Reducción del uso expresivo de todo el cuerpo: aumenta la expresión verbal aislada de la actividad motora. Habla sin moverse, a lo sumo gesticula pero controla la motricidad.

5. Mayor capacidad de pensar: gracias a la instalación del proceso secundario y a la capacidad sublimatoria de poder aprender.

6. Modificación de la pre-genitalidad: en placer preliminar bajo la subordinación lograda gradualmente y en muchos casos, solo parcialmente, de la primacía genital.

7. Los intereses y funciones del yo sé estratifican en una jerarquía de metas y valores; Subordinación, diferenciación y jerarquías se establecen dentro del aparto psíquico que al final de la adolescencia forman el carácter y se ve en las orientaciones vocacionales.  Capacidad de prever, planificar y de poder disfrutar (no solo de la pura descarga). También la conducta se vuelve más predecible.

Los orígenes del superyó:

Si bien el superyó es una institución post-edipica, como estructura funcionante, tiene elementos que la conforman que venían de etapas previas, tanto orales, como anales,  etc. Tiene que ver con las limitaciones que los padres le dieron a lo pulsional. Por ejemplo limitaciones con la comida, luego con los esfínteres. Es una instancia que contiene, gracias a las identificaciones con los padres, los códigos de permisividad como de prohibición. En el periodo previo a la situación edipica, el riesgo que implica la prohibición es vivido como el riesgo del abandono, de la perdida de amor del objeto. Es el riego de no cumplir con lo que piden los padres y que estos le quiten su amor y lo abandonen. Es la vivencia de miedo y peligro. Mientras que con la situación edipica el cumplimiento de las normas tiene otro contenido.

El sistema de control que se inicia con el control de esfínteres, se va progresivamente interiorizando, se van interiorizando las prohibiciones y permisos y queda como estructura aunque no totalmente eficaz, hasta que no se sepulte el complejo de Edipo y se internalicen las figuras superyoicas de los padres y se cristalicen en el superyó. En esta situación, lo que antes era amenaza de pérdida del amor del objeto, se sustituye por otro sentimiento, que es el sentimiento de culpa. Culpa derivada de la crítica interna, del superyó al yo por no cumplir las metas. Está ligado a lo agresivo y conflictivo de las fantasías del sujeto hacia el objeto que tienen que ver con el dañar al objeto amado y el consecuente temor al castigo del superyó que todo lo ve. Antes la prohibición venia desde afuera, ahora en la latencia viene desde adentro, “la vos de la conciencia”. Los desafíos a la norma son producto de una imposibilidad de autocontrol, por lo tanto se pide en una figura externa la limitación, que venga de afuera. Después se enojara con la figura externa. Estos desafíos cargados de agresión son los primeros intentos en la búsqueda de autonomía y de desasimiento de las figuras parentales, es la búsqueda del control del propio cuerpo. Empiezan las primeras peleas con los padres, ya que se reedita, con la reactivación de las pulsiones parciales del estadio pre genital las peleas otrora por el control de esfínteres que no pudieron llevarse a cabo a través del desafío verbal y actuado, solo se hacía o no lo que pedía la madre. Los padres fueron los cuidadores de ese cuerpo y les cuesta dejar esa función, pero en el otro extremo esta cuando abdican de su función y los abandonan, con lo cual no tiene la posibilidad de tener esta lucha para diferenciarse y se encuentran en una situación anomica.

El superyó atraviesa momentos de inoperancia relativa, en tanto que el adolescente en sus comienzos busca desasirse de la autoridad de los padres y por lo tanto desinviste las catexias y el superyó pierde algo de fuerzas por consecuencia, pero esto es positivo, ya que permite que haya cambios de generación en generación.  Recién hacia finales de la adolescencia el superyó opera en términos abstractos como códigos ético-morales.

Pero el superyó conlleva no solo los aspectos punitivos, sino de cuidado y guía. Y es también la internalización de los padres en los aspectos protectores que sirven al sujeto para que desde el superyó se sienta de algún modo limitado en cuanto a las acciones a realizar, en términos de una orientación, de cuidado en torno a peligros, o riesgos que pueden transformarse en dañinos para el sujeto. El superyó es también una instancia guía, de orientación, de cuidado y no solo punitiva. No solo influencia al yo a actuar, sino que es modificado por las reestructuraciones yoicas. También sucede que algunas de las funciones que eran del superyó las va tomando el yo a través de su especialización. Cuando por ejemplo la autocritica, que pasa al campo del yo, o la autoestima, que resulta de la operación independizada del ideal del yo. La respuesta crítica del superyó no se limita a aprobar o desaprobar impulsos o actos específicos, sino que va tendiendo mas a un elogio o condena del self como persona total, aumenta o disminuye el nivel total de la autoestima. Tiene influencia sobre el estado emocional generando las fluctuaciones del humor.

En la adolescencia debe reforzarse el tabú del incesto más que nunca; debe coartarse los impulsos hacia los objetos primarios incestuosos porque el riesgo es mayor ya que hay posibilidad de concreción. Función específica que se remodela en el superyó en la adolescencia. A la vez se debe abrir un camino para la exogamia, para la realización de la sexualidad con otros objetos permitidos que le permitan concretar su sexualidad genital adulta. Antes, en la latencia, reprimía todo retoño de la sexualidad infantil pre genital pero ahora se la debe reeditar y hacer una permisividad selectiva y una prohibición selectiva: con alguno no, con el resto sí. La corriente tierna se une a la corriente erótica y el objeto exogámico pasa a ser cuidado en las relaciones que mantiene con el yo. La aceptación de la unión sexual con la corriente tierna y cariñosa es la aceptación de los padres como seres sexuados, que ha tenido que ser reprimido junto al sepultamiento del Edipo, pero que se sabe y no se sabe al mismo tiempo, desmentida. (Se ve en los insultos: HIJO DE PUTA). Un paso logrado es poder identificarse con los padres sexualmente activos, porque implica aceptar que ellos quieren esta vida y que el superyó como el yo se han consolidado pero reestructurado, antes era inaceptable el comercio sexual de los padres, con lo cual esto significa una reconstrucción de los valores éticos morales que regulan la nueva práctica sexual adulta y genital. Es un cambio de contenido dentro del superyó y el yo. Algunos padres no hacen la evolución sexual porque todavía lo viven como algo desagradable y sucio, prohibido, mal visto que tiene que ser ocultado, son formas que tienen aun connotaciones de la ética anal y por eso es sucio. Por eso la primacía genital no es solo el acto, es un cambio ético-moral.

Uno de los procesos más difíciles de la adolescencia es la desidealización de los padres. En la medida en que esto va ocurriendo, va quedando vacancia para aquello que el sujeto aspira. Este vacío es llenado por nuevas figuras de identificación, como ser un líder juvenil, un hermano mayor, un maestro, un par, etc. El sujeto “veleta” tiene su parte positiva, porque está a la búsqueda de situaciones diferentes, a la búsqueda de que es lo que él quiere y lo que quiere ser, y aunque abandone algo le queda, como algo que va a seguir siendo o algo que no quiere ser. Es un proceso selectivo en donde se van tomando y dejando identificaciones, se van modificando los ideales a los que se aspira y con los que se identifica. Al final de la adolescencia se decantan estas identificaciones alternativas junto a los aspectos deseados y rescatados de los padres (se hacen las paces) y se concluye en una amalgama de estas figuras identificadoras, gracias a la fuerza del narcisismo que cohesiona y une estos elementos dentro del yo, que integra y jerarquiza las identificaciones.

  • Fuente: Párrafos seleccionados de: RODOLFO URIBARRI. FICHA: “Modificaciones estructurales en el aparato psíquico”
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