El fracaso psíquico

Es en los grandes fracasos, al caer las expectativas y desvanecerse los espejismos, cuando surge la posibilidad de una nueva dirección de vida. En tal situación queda al descubierto ese "nudo de dolor", ese nudo biográfico que durante tanto tiempo sufrió la conciencia.

En la raíz del sufrimiento psicológico están las fantasías, que lanzan al ser humano en persecución de espejismos que al no cumplirse producen estados dolorosos (des-ilusiones), mientras que los cumplimientos parciales producen situaciones placenteras.

De fracaso en fracaso puedes llegar al próximo descanso que se llama "morada del desvío". Cuidado con las dos vías que tienes ahora por delante: o tomas el camino de la resolución, que te lleva a la generación, o tomas el del resentimiento que te hace descender nuevamente hacia la regresión.

Allí estás plantado frente al dilema: o te decides por el laberinto de la vida consciente (y lo haces con resolución), o regresas resentido a tu vida anterior. Son numerosos los que no habiendo logrado superarse cortan allí sus posibilidades.

Hemos fracasado y seguiremos fracasando una y mil veces porque montamos en alas de un pájaro llamado "intento" que vuela sobre las frustraciones, las debilidades y las pequeñeces.

Es la fe en nuestro destino, es la fe en la justicia de nuestra acción, es la fe en nosotros mismos, es la fe en el ser humano, la fuerza que anima nuestro vuelo.

Porque no es el fin de la Historia, ni el fin de las ideas, ni el fin del hombre, porque no es tampoco el triunfo definitivo de la maldad y la manipulación, es que podemos intentar siempre cambiar las cosas y cambiarnos a nosotros mismos.

  • Fuente: El mensaje de Silo, Manual de Temas Formativos y Prácticas para los Mensajeros
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Malena Pichot
@malepichot
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Estaba en un altar, con el vestido, con todo, junto a mi novio de la secundaria, pero en el patio de la primaria. La historia la recuerdo sólo desde el punto de ebullición, justo cuando me daba cuenta: “¿Qué? ¿Pero cómo? ¡Si soy tan chica! ¡Si es tan solo mi primer novio! Yo quiero muchos más ¿Qué estoy haciendo?”. Esa pesadilla está en el puesto número uno de recurrencia en mi adolescencia, esa y zombies. Qué bello era despertar y descubrir que no estaba casada, que no era la señora de nadie, que no había zombies, que no la había cagado. Porque esa era la preocupación que regía mi adolescencia. No cagarla. No cagarla era importante, porque realmente tenía todo para no cagarla y tenerlo todo es, básicamente, tener una familia amorosa.

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