El Ayurveda

Es la medicina más antigua que se registra en la historia de la humanidad, perteneciente a una civilización que floreció unos 2.000 años A.C. El mayor de los logros que se le atribuye al Ayurveda es su éxito para prolongar la vida.

El Ayurveda llegó a la India de la mano de los invasores arios, alrededor de 2.000 años A.C, junto con los cuatro libros de sabiduría llamados Vedas. Esta medicina se extrae del Atharvaveda. Atharvan significa: fuego, luz, transformación y, por extensión, digestión. Este elemento es de vital importancia, porque la base de una buena vida radica en la buena digestión: alimenticia, cultural, intelectual, espiritual. Hay que destacar que la fuerza mental, el optimismo, la fe eran considerados muy importantes para tener una larga vida.

Librarse de una enfermedad implica, antes que nada, establecer una comunicación profunda con nuestra conciencia, para que luego su influjo se extienda al cuerpo.

Si las células de los huesos se renuevan íntegramente cada 90 días, ¿por qué entonces no desaparece una osteoporosis? Hay un hígado nuevo cada 6 semanas, ¿por qué, sin embargo, continúa una cirrosis? La piel cambia totalmente sus células cada 30 días, entonces, ¿por qué persiste la psoriasis? Porque lo que se renueva es la materia, el hardware del cuerpo, y lo que es necesario renovar también es la inteligencia de la célula, la conciencia, es decir, el software.

Porque nuestro bien-estar depende de lo que bebemos, de lo que comemos, de lo que pensamos, de lo que hacemos. También del entrenamiento del cuerpo, de lo que sentimos y de dónde nos encontramos (en la montaña o junto al mar; en el extranjero o en casa) y en que momento (si es verano, invierno, de noche, de día, de madrugada).

Las técnicas ayurvédicas llegaron a China, Arabia, Persia y Grecia. Tanto la medicina china como la griega hablan de "humores", que evidentemente provienen del Ayurveda. A lo largo de la historia esta medicina fue desapareciendo hasta que, en el siglo XX, y en especial gracias a Mahatma Ghandi, volvió a cobrar auge.

El mayor interés del Ayurveda es mantener el bienestar del individuo, prevenir las enfermedades, que el alimento sea el único remedio. Para el médico ayurvédico, que un paciente caiga enfermo significa un fracaso. La medicina moderna, en cambio, se ocupa de la enfermedad y no de la salud.

Una de las características más atractivas del Ayurveda es su respeto por el individuo y sus diferencias. También es interesante que esta medicina tan antigua haya considerado siempre que el cuerpo, la mente y el espíritu están unidos. El cuerpo y la mente forman la parte física de un ser cuya existencia no sería posible sin el alma. Esta alma a su vez está conectada con el alma universal o energía cósmica. Las actividades biológicas, mentales, espirituales y cósmicas están interrelacionadas y nunca se considera a una persona independiente de su entorno social, cultural o espiritual ni aun de su conexión cósmica. Los médicos ayurvédicos que conocí en la India perciben la vibración de la enfermedad y a veces van junto al enfermo a la montaña a buscar las hierbas curativas y las reconocen porque vibran de manera similar.

Claves para reconocerse

La naturaleza está compuesta de agua, aire, fuego y tierra, y el ser humano también. Si bien somos todos iguales, la proporción de los elementos en cada uno de nosotros varía. Nacemos con una determinada cantidad de fuego, de agua y de aire y esa es nuestra naturaleza singular, que debemos defender y respetar porque su alteración significa enfermedad y muerte.

Alguien con demasiado aire (vata) necesita, como el barrilete, un cable a tierra. Le gustará andar por las nubes y confundir un molino de viento con gigantescos soldados. Su mente inquieta averiguará todo con la misma pasión y así como aprende asombrosamente rápido, con la misma facilidad lo olvida. Sus manos y sus pies fríos son el dato exacto del tipo aire y como el aire también es seco, le gustará beber algo tibio siempre que pueda, como mate o té de hierbas. O, si no, simplemente agua no muy fría. Su mente, que no se detiene, se preocupa tanto que termina teniendo miedo a todo.

Es muy dado a la ilusión, que en el Ayurveda se conoce como uno de los tres venenos, siendo los otros dos la cólera (fuego) y la posesividad (agua). Le gusta y busca los cambios, las sorpresas, lo novedoso. Lo enferman los ruidos sostenidos. Inquieto, delgado, interesado vivamente por todo, siempre mantiene un aire algo adolescente; también, porque es desinteresado de los bienes materiales, como el Quijote.

Cuando hay exceso de fuego (pitta) es obvio que esa persona necesitará frescura en el alimento, en la bebida, en el cuarto en que duerme. El fuego es también la cólera, la irascibilidad, por lo que es mejor que desde ya sepan tanto él como los demás que "salta como leche hervida". Es gente propensa a tener fiebre y granitos en la cara y en el cuerpo, por donde estallan sus volcanes internos. La energía de la que dispone le asegurará buena digestión alimenticia e intelectual. Demasiado buena, porque siempre estará pidiendo explicaciones, hasta el cansancio. Ese fuego rojo se siente atraído por el verde del campo, de los jardines. Esa forma seca, agria, de observar los detalles requerirá de algún sabor dulce que la suavice y le devuelva el amor que pierde con sus razonamientos excesivos y su necesidad de perfección. La música romántica lo librará un poco de las tensiones que sufre; caminar junto a un río lo reconciliará con el desorden aparente de la naturaleza. Así como leer poseía lo ayudará a no ser tan crítico incluso con él mismo. Claro que todos llevamos algo de fuego y participamos de sus consecuencias. 

Alguien con más agua (kapha) que el resto de los elementos necesitará que lo sequen y le quiten esa pesadez que hace que el agua sólo elija el camino del menor esfuerzo. La somnolencia y la pereza del agua tendrán que ser avivadas por el escozor de una comida con especies: un poco de pimienta, jengibre, café espeso que lo despierte y lo impulse. Esa misma agua le producirá catarros, mocos y flemas. Su cuerpo tenderá a ser redondeado y así como acumula kilitos de más, le gustará acumular las monedas: sentirá la necesidad de posesión de una manera más fuerte que los demás, exactamente en la medida en que su elemento agua supere a los otros. Llevado por las modas hará regímenes para bajar de peso y hasta lo logrará pero nunca se lo tendrá por delgado. Si bien su lentitud lo hace tardar en aprender algo, una vez aprendido no lo olvidará jamás: tiene memoria de elefante. Es práctico, realista, bondadoso y perdonador, siempre dispuesto a escuchar y a aconsejar de manera perfecta. 

Enfermedades

Aunque una persona sea vata, por ejemplo, puede sufrir una dolencia pitta. Mientras se soluciona la dolencia debe respetar su naturaleza (la de la enfermedad). Es decir, si sufre catarros y resfríos, de origen kapha, deberá seguir lo aconsejado para kapha, hasta que el malestar desaparezca. Es sencillo y hasta obvio que, si bien por su naturaleza tiende a abrir las ventanas, mientras esté acatarrado no lo haga. O deje de beber esa cerveza helada que le encanta y en cambio se tome un té de jengibre.

En la perfecta salud de Deepak Chopra aparece el siguiente test:

Ante una demora de la partida de un avión existen 3 posibilidades:

1) Caminar, desplazarse: ir a comprar bebidas para todos, ir a buscar diarios o revistas, ir a ver si hay alguna novedad.

2) Indignarse: ir al mostrador y exigir una explicación por la demora, y si no es satisfactoria pedir hablar con el supervisor, y si así y todo no es suficiente, exigir la presencia de un responsable.

3) Dormitar, leer una revista, acomodarse en un sillón y dar rienda suelta a la pereza.

La primera reacción corresponde a quien tiene mucho aire (vata); la segunda, a quien tiene mucho fuego (pitta); la tercera, a quien posee más agua (kapha). ¿Con cuál se identifica usted?

  • Fuente: Andrés Percivale, El yoga de las 4 estaciones. Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2001.
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